Reseña de Ángel Olgoso sobre ‘Baúl de prodigios’, libro de relatos de Miguel Ángel Zapata Carreño

portada.jpgMiguel Ángel Zapata es un funambulista de lo onírico, un titiritero de lo insólito, un taxidermista inverso capaz de animar lo inanimado; es el descendiente natural de Ramón Gómez de la Serna, de A. F. Molina y de Rafael Pérez Estrada, y los textos mínimos y efervescentes de Baúl de prodigios (Ediciones Traspiés, Granada, 2007) se nos aparecen como el destilado perfecto de los atributos de estos tres maestros: la pura invención atropellada, la vida recobrada de los objetos y el encanto lírico y humorístico de la prosa.

Al levantar la tapa de este baúl, el lector iniciará una traca de fuegos artificiales que estallarán de modo fulgurante en su cerebro, cohetes, culebrinas, buscapiés, luces de Bengala que, misteriosamente, no acabarán de esfumarse y se prenderán en su memoria: lluvias de letras, de peces y de instrumentos musicales, jardines donde crecen zapatos, luciérnagas que anidan en cabezas, cadáveres que mejoran de salud, vencejos narcolépticos, corazones de queso, mandrágoras que discuten, alfombras voladoras de saldo, marionetas que manejan los hilos de sus dueños…

No se trata exactamente de relatos, sino de ‘flores de un mundo extraño’ donde todo es posible, de textos que no se dejan desmontar, examinar o disecar, ya que la espontaneidad imaginativa de su autor y el flujo continuo de situaciones delirantes convertirían la tarea en algo endemoniado, igual que nunca podríamos aprisionar con cuerdas un chorro de agua.

No se trata tampoco de historias fantásticas, porque lo fantástico debe sembrar la inquietud en el lector al hacer creíble lo increíble, y los brevísimos textos de Miguel Ángel Zapata no parten de una premisa verosímil; ni tras su resolución el lector siente el escalofrío y el desasosiego propios de la incertidumbre fantástica, sino el cosquilleo que depara el orden inhabitual del mundo, un burbujeo vertiginoso y pleno de humor, sorpresa e inteligencia.

Se trata más bien de algo que excede al relato fantástico, de algo quizá primordial: la fabulación sin límites, la magia servida en molde de micro relatos y adobada con un lenguaje extremadamente cuidado, de una infrecuente precisión y aliento poético, con finales sorprendentes, visiones alucinadas y esa clase de metaliteratura que se pisa la cola; un prodigio creador próximo al surrealismo, a la greguería, a los cuentos de hadas y a la cartografía de sueños.

Me gusta pensar que Miguel Ángel Zapata desconfía, como yo, de la narrativa de colosales avenidas poblada de estruendo y desmesuras arquitectónicas; que ambos preferimos el sortilegio de lo minúsculo, el recogimiento del jardín secreto, los pequeños senderos donde corretean criaturas diminutas y el rocío tiembla en las telarañas. Me gusta pensar que Miguel Ángel Zapata, como uno de sus personajes, ha pescado reflejos de luna, y que de la red de su portentosa imaginación, colmada de capturas vivísimas y coleantes, nos llegan ahora estos textos maravillosos, listos para ser degustados uno a uno con fruición.

Ángel Olgoso

000_0087.jpg

 

Miguel Ángel Zapata Carreño. Nacido en Granada en 1974. Profesor de Geografía e Historia en la Comunidad de Madrid. Sus cuentos han sido galardonados en diversos certámenes de ámbito nacional e internacional, como el XII Certamen literario ‘Villa de Iniesta’, Memorial ‘Domingo García’ de cuento, I Certamen de relato corto del Ayuntamiento de Mieres o el XI Premio de narrativa ‘Miguel Cabrera’. En 2003 publicó su primer libro de cuentos, Ternuras interrumpidas (fabulario casi naïf). Sus narraciones breves han sido incluidas en diversas antologías del género y es miembro de la Asociación de Escritores y Artistas Españoles.
Subscríbete aquí a Blog Escritores.

Blog Escritores – Cursos, Concursos y Recursos – Blog Literario y Cultural


Blog Recomendado por Diario Directo – en la Zona Blogs


Diario Directo - El Peródico Interactivo

Literature Blogs - Blog Top Sites

BloGalaxia

Reseña del libro El arquero inmóvil editado por Eduardo Becerra, por M. Valeria Correa-Fiz

Me gustan los libros colectivos, las antologías, las recopilaciones porque permiten el ejercicio de una de las formas más sencillas de adulterio que un lector pueda llevar a cabo: cambiar de escritor con sólo dar vuelta la página.

Sí, ya sé: es posible que los libros colectivos resulten desparejos y, a veces, repetitivos como los discursos de una sobremesa familiar de domingo. Pero también, como entre los miembros de una sobremesa familiar de domingo, en una obra de estas características habrá puntos de conexión, anécdotas, historias y referencias compartidas que le permitirán al lector extraer sus propias conclusiones sin la guía de una voz única y omnipotente. Por eso me gustan y porque se parecen a esos bazares llenos de objetos sorprendentes, luminosos, disímiles y, a la vez, paradójicamente iguales. Así es El arquero inmóvil- Nuevas poéticas sobre el cuento: un exquisito bazar literario, una pintura mural, una colección de ensayos de más de veinte escritores convocados por Eduardo Becerra para elaborar una poética del cuento que intente explicar, al menos, parte de su propia obra creativa dentro del género.

En El arquero inmóvil hay poéticas que parecen pintadas por la misma mano y hojas más tarde, la colaboración de un autor puede resultar contradictoria o hasta inconexa con la de sus compañeros de páginas. Pero, ¿qué importa? Si en el principio, fue el caos; si en el principio, fue el cuento. Y, además, ¿cómo definir con precisión esa materia maleable, ese organismo vivo? El que sepa a ciencia cierta lo que es un cuento que arroje la primera piedra. Porque, parafraseando a Cristina Cerrada, quizá no sea posible decir algo acerca de este género sin que ello mismo sea un cuento.

El arquero inmóvil es también una delicada invitación al voyeurismo literario. Los creadores exponen sus convicciones y sus preferencias; exhiben sin pudor las dudas y los miedos que los aquejan. Frente a sus páginas, asistí al desamparo de Javier Vásconez quien se siente frente a un tribunal al tener que hablar de sus libros y de su poética y entendí la sabia resistencia a la teorización de Hipólito G. Navarro (Yo soy hombre de cuentos, no de poéticas del cuento. Las poéticas pretenden en el fondo amarrar el bicho cuento a una serie de normas, y no hay cosa que me fastidie más). Me gustó Mercedes Cebrián quien reclama para sí el derecho heracliteano a cambiar de poética: No me puedo bañar dos veces en la misma poética: en la que hoy me zambullo no es la misma en la que nadaba hace seis años, ni por descontado será la que suscriba en el 2012, y entrecerré los ojos para leer la colaboración del siempre exquisito Eloy Tizón que defiende la existencia de una zona de penumbras en el cuento (su frase me trajo a la memoria otra de su autoría que es, a mi juicio, una de las mejores definiciones del hecho estético: Desde aquí veo la sombra elástica de una acacia, pero no veo la acacia). Terminé con aplausos para Ángel Zapata que, con economía y genialidad, dice a propósito de la clásica contienda novela vs. cuento: Una novela se recomienda mientras que un cuento se contagia.

En suma, la convocatoria de Eduardo Becerra ha generado un libro interesante, polémico y plenamente recomendable para los curiosos de esta forma narrativa. Porque el mural desplegado con su veintena de trazos y pinceladas, con sus colores disímiles y sus aparentes contradicciones termina por darle al lector una idea cabal del género. Quizá sea porque el cuento no puede ser reducido a una única sustancia y para caracterizarlo y definirlo, haya que pensarlo como un dibujo de sombras, un juego de claroscuros producido por la yuxtaposición de diferentes voces, de distintas sustancias.

Y ahora los dejo (no sin antes, destacar el epílogo de Ricardo Piglia, una valiosa colaboración en torno a la nouvelle que merecería una reseña aparte de la presente) para que los que estén interesados recorran el libro-bazar a sus anchas y compren los artículos que más les gusten. Pero antes, miren estas palabras que dieron lugar al título del libro (otra vez, habría que entrecerrar los ojos). Son de Pablo Andrés Escapa y dicen a propósito del cuento: es la tensión del arco y eludir el viaje de la flecha con todos sus avatares.

M. Valeria Correa-Fiz

Blog Escritores – Cursos, Concursos y Recursos – Blog Literario y Cultural


Blog Recomendado por Diario Directo – en la Zona Blogs


Diario Directo - El Peródico Interactivo

Literature Blogs - Blog Top Sites

BloGalaxia