‘¿En qué piensan cuando oyen música?’, un artículo de Almudena Revilla sobre la novela ‘El coleccionista de sonidos’, de Fernando Trías de Bes

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La música, que libera y humaniza, se convierte en El coleccionista de sonidos (Editorial Alfaguara, Madrid, 2007), de Fernando Trías de Bes (Barcelona, 1967), en opresión para su protagonista y en sumisión para aquellos que se acercan a él. Su nombre: Ludwig Schmitt von Carlsburg. Desde su nacimiento posee un don excepcional, ya que es capaz de reproducir a la perfección cualquier sonido. Este descubrimiento le conducirá hacia una carrera prometedora como cantante de ópera y también le hará buscar y poseer la sonoridad perfecta que le sumirá en una enorme agitación. Nada puede detener el impulso que nace dentro de él, al que sigue aun sabiendo que extiende la muerte y que antes o después le llevará a su destrucción.

El libro sigue la tradición cervantina del manuscrito hallado casualmente, está escrito con detalle y se apega a datos reales, como la composición y estreno de la ópera Tristan e Isolda de Richard Wagner, para conseguir una verosimilitud que el autor cree necesaria.

Sin embargo, no se defiende con convicción la trama. El escritor mira con ojos extrañados algunos de los capítulos que narra con precisión. El lector siente que el autor toma partido por el protagonista, que lo ve como una víctima de unos sucesos, de un destino, pero en sus páginas encontramos a un individuo por el que no sentimos ninguna simpatía. Un personaje con una vida al límite, forzada hasta lo extraordinario por el mismo. El misterio de la naturaleza y esencia del personaje no llega porque no encontramos veracidad en él.

fernandotrias.jpg El camino hacia una lectura alegórica resulta a veces tortuoso porque las referencias míticas son artificiosas. La novela se siente fría. Sus palabras no transmiten la pasión ni la emoción que se le supone al cantante. Estructuralmente, y si atendemos a la técnica, es una obra construida con perfección “quirúrgica”. Nada de alma. No se acerca lo suficiente a la subjetivización, vía de acceso a los mitos, sino que recurre a algunos elementos que recuerdan a otras lecturas en las que aparecen personajes con características peculiares que les convierte en asesinos, y de las que no hace falta dar nombre. Parte débil del mito, aunque sea un signo de acercamiento a la tradición literaria. Y aunque defendemos la frase de Harold Bloomtoda literatura poderosa es una especie de robo”, somos conscientes de que hay robos de guante blanco, y este no lo es.

Almudena Revilla

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