‘Paolo Astorga, palabras y caminos plurales’, un artículo del Lic. Miguel Fajardo Korea

anatomia.jpg (Correo de Costa Rica).-La poesía seguirá siendo el estandarte más certero contra la insanias Un estadio de certitud ante la pobreza material o espiritual. Sirve para ganar el espíritu, proponer una fe acendrada o creer en el ser humano desde la aldea global de la que formamos parte, en este acerbo proceso de mundialización.

En la era digital, uno recibe impactos de sobriedad, de imágenes, de trabajo. A mi correo electrónico llegó la revista digital Remolinos, que dirige Paolo Astorga Requena. En esta era de la información, nos vemos asediados con la existencia de infinitos medios. En muchos casos, la opción eliminar es la respuesta; en otros, como en esta ocasión, abrirla fue descubrir un abanico de posibilidades expresivas desde el ámbito cultural sin fronteras.

Paolo Astorga Requena (Lima- Perú 1987) estudia Literatura y Lengua Española en la Universidad Enrique Guzmán y Valle. Es técnico en Diseño web y computación. Sus poemas iniciales aparecieron en la antología Reflejos del Alma (Lima, 2005). Es director y editor de la revista Remolinos. Ha publicado sus poemas en innumerables páginas literarias. Es creador, vía Web, de la I Antología digital de poesía, que reúne a 24 poetas del mundo. En el 2006 fue finalista del II Premio internacional de poesía ‘Desiderio Macías Silva’ y, recientemente, obtuvo el segundo premio del III Concurso internacional ‘Revista Hybrido’, en poesía. Su trabajo creativo se encuentra en revistas literarias, tanto físicas como digitales.

Me propongo una aproximación interpretativa a su poemario Anatomía de un vacío (Editorial Lulu.com, 2006). El texto contiene epígrafes de diversos escritores, a saber: Julieta Valero, Cristian Cruz, Lilia Díaz, José Watanabe, Luis Luna, Blanca Varela o Inés Cook, entre otros. Dichos paratextos se comportan como parte de las afinidades electivas del autor, en el entramado de su tejido textual.

Desde el íncipit, el poemario, que contiene 24 textos, establece un objetivo: desnudar los vacíos, porque “el dolor es un espectáculo divertido/ ante el eterno llanto de una niña enterrada en el asfalto”, es decir, el hablante increpa a quienes llenan de dolor la vida de los seres en cualquier parte del planeta. La muerte, uno de los vacíos humanos, se enquista como “invisibles cuchillas”. Ya no es la muerte natural, sino la provocada por la incomprensión y la maldad. Hoy, nuestra vida depende de los otros.

El concepto de lo vacío implica la presencia por negación, pues “volviste de tu propio laberinto / y entonces nos miraste contra la luz”. Véase que no es a favor de la luz, sino contra ella, su vacío, su opuesto. Ese será el clima de su textualidad.

El simbolismo de la burbuja es un refuerzo semiótico del vacío “una burbuja, una triste burbuja inocente / y llena de voces ajenas”, sin embargo, dicho elemento se humaniza, adquiere voz, pero deja de pertenecerse, porque es ajena. Además, hay “una campana a punto de surgir sobre un cuerpo ajeno”. La ajenidad es otro vacío, porque dejamos de ser nosotros, en función de los otros. Por ello, somos seres de incompletitud.

La asimilación de elementos inanimados refuerzan la rotundidad de los desplazamientos “un espejo calcinado/ otra vez / tendido en el piso, / invadido por estatuas”. Es decir, en este mapa lírico, hay rupturas de sistema, con lo cual, su poesía gana en profundidad expresiva, por ello, “las manos / están llenas de lágrimas rojas”, o bien, “El niño / le mira el rostro al ángel / grita su nombre desconocido / y se mata de risa”. Puede advertirse, entonces, la exigencia creadora para alcanzar los índices de las nuevas construcciones lingüísticas. Su empeño establece una especie de sistemas recolectivos que totalizan sus presupuestos estéticos.

Lo desconocido, lo inmaterial sirve como estera, por ello, “Duermo entonces/ otra vez feliz/ sobre un trozo de vidrio ensangrentado”. Los símbolos del rompimiento como el vidrio establecen un discurso de enajenación, a pesar de ello, se puede dormir feliz. Esa ruptura gana en profundidad constructiva.

La anatomía implica un proceso sistemático, sin embargo, es una especie de vivisección y tu sombra/ atrás/ ya se ha aventado al vacío”. En otro apartado endiña “Por fin uno puede llorar simples sombras que se van con tu cuerpo/ (…) a una sombra mutilada por la nieve”. La composición discursiva de sombras en la nieve sostienen una gran categoría estética, implican ahondamiento expresivo y profundización del elemento eje: el vacío. Borrar las sombras de la nieve signa, desde luego, un vacío estelar. Otro más, pero en ningún caso el único.

Dos de los elementos naturales eternos, el fuego y el agua, se confabulan para una actuación poética “mientras arden las hogueras/ y el mar se hace perfecto”. Estos versos sostienen una gran categoría poética.

El vacío puebla las instancias personales, sin embargo, el olvido es un vector semiótico desolador que se equipara con el vacío “te das cuenta por fin/ que eres sólo un simple pronombre/ que se olvida sin descanso”. Muchas veces, las personas ni siquiera alcanzan a ser un pronombre, porque la sociedad los tiene innominados, su única referencia es la de seres extraños en su propio mundo, desclasados, entre otras marcas.

El silencio es un símbolo emblemático para reforzar la aniquilación del vacío “eres una roca/ la memoria de todos los amores que se han lanzado hacia el abismo/ acariciando tu silencio”. El silencio es un vacío, donde opera lo no dicho.

Igualmente, es fuerte el símbolo de la devoración que signa el buitre “el hombre calla/ y acaricia al buitre que lo espera (…) moviendo sus ojos hacia el cielo”. El yo lírico se adentra en los resquicios naturales, como una onda expansiva “Estoy programado para estallar (…) al conocer el infinito”. Uno piensa en el silencio del infinito; en lo infinito del silencio y nos aturde, como el vacío, como símbolo totalizador que campea en este espacio expresivo.

fotografia_de_paolo_astorga.jpg Paolo Astorga es un poeta que maneja presupuestos estéticos en las imágenes y las aniquilaciones “Solo su triste imagen (…) me hace desnudarla otra vez / (…) ante una piedra/ donde arrojo mis vacíos”. Sobran los comentarios, sus imágenes atrapan al lector y lo dejan en honda reflexión.

En este universo del autor sudamericano, asistimos a una lectura de visiones laberínticas que, intrínsecamente, abren vías de exploración del quehacer humano más auténtico “Sólo salgo de la escena corriendo en círculos/ buscando mi alma entre las piedras/ antes de morir”. La muerte como respuesta y camino ineludible ha sido poetizada desde una cumbre dolorosa. La búsqueda de su alma, entre piedras, condiciona un dolor inédito, antes del golpe final que, muchas veces, es signo liberador.

El tópico laberíntico es un asedio, un vacío. Es difícil no encontrar laberintos, ahora. “Y ya nadie, detrás y delante, ya nadie”. No tener compañía implica, un vacío. La inmensa soledad hastía. Se trata de buscar asideros “sus manos ya cansadas de recorrer el laberinto”, aunque su empeño es impreciso, pues sólo salgo de la escena corriendo en círculos”. El espacio recurrente es una asfixia “Derrota en todos los ojos (…) / si sus manos fueran como las mías (…)/ No volveríamos a ver aquella sombra”.

Anatomía del vacío, de Paolo Astorga, establece la desnudez del olvido, el descanso de las piedras, la mercancía de la materialización globalizada “no llores porque estás sonriendo al jurado que aúlla a tus ovarios”. La figura humana se vende al mejor postor, se canjea como si fuese objeto y, cada vez, somos menos sujetos de nuestro propio destino.

En un mundo desangelado, Astorga Requena grita contra los signos de la infelicidad, en un mundo de “lágrimas rojas”, donde campea la tristeza, el llanto, el dolor, lo desconocido, el silencio, el laberinto, las piedras, la muerte, en suma, las apuestas aniquiladoras, esto es, el vacío sin cuerpo, su propia anatomía que se pierde.

En síntesis, Anatomía del vacío, de Paolo Astorga, poeta peruano, es un poemario de honda expresión discursiva. Incorpora una innumerable cantidad de símbolos, tanto cortantes como de índole devoradora, los cuales establecen una incidencia en el ámbito de la rotundidad, de marcar el vacío como elemento eje del poemario. El vacío ahonda la coyuntura de un orbe desigual, conflictivo. El vacío es la ausencia de compañía, la sombra derritiéndose en la nieve, la oscuridad de los secretos, los cuerpos de la soledad para llorar en las hogueras, los encerramientos o los exilios.

Enhorabuena, Paolo Astorga. Tu libro cala hondo. Su lectura ha de ser morosa, para advertir los peligros del vacío, incluso en la propia lectura. Con tu libro demuestras que le has estado leyendo al mundo todas sus comedias.

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Lic. Miguel Fajardo Korea. Premio Nacional de Promoción y Difusión Cultural de Costa Rica. miguelfajardokorea@hotmail.com

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