Aullidos.com convoca el III Concurso de relatos cortos de terror 2008

La web Aullidos.com, en colaboración con La Factoría de ideas, Ediciones Minotauro y Norma Editorial, organiza el III Concurso de relatos cortos de terror, en castellano, para jóvenes hispanohablantes. Habrá dos premios, uno del jurado y otro del público que se podrá votar en la misma web, donde serán publicados todos los relatos. Ambos premios consistirán en sendos lotes de libros de terror y comics. La fecha máxima para enviar los trabajos es el 28 de febrero de 2008. Y para ver las bases completas pincha aquí.

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7 comentarios en “Aullidos.com convoca el III Concurso de relatos cortos de terror 2008

  1. Estimado amigo:
    Literatura en Priego es el blog de la Asociación de amigos de la Biblioteca Pública de Priego. En el mismo se publican poemas y relatos, noticias, crónicas, biográfias y teoría lingüística, fotos…
    Nos gustaría que nos visitaras y mantuviéramos contacto. La dirección es:
    http://rafaelrequerey.blogspot.com
    Un cordial abrazo.
    Rafael Requerey Ballesteros.

  2. Don Rafael, desde Perú y para los lectores de la Biblioteca Pública de Priego, con especial aprecio, les envío mi relato
    “CUANDO RE ROBARON AL SOL”

    Por Javier Cotillo (JACO)

    Era un pintor que compartía aficiones con la literatura. Enamorado de los paisajes andinos, apuraba en su lienzo los detalles de un ocaso singular. El rojo intenso del firmamento contrastaba con su diminuta figura que enfundaba a un cuerpo escuálido metido en su saco y su raído mandil sobremanchado de mil colores. Su exagerado mentón alargaba a su gusto su crecida barba, dando argumento a sus ávidos ojos que devoraban, con enorme deleite, ese instante del firmamento.

    Como es de suponer, el “poeta-pintor” privilegiaba al rojo que se deslizaba, goloso, sobre la tela. Rojo por aquí y más acá. El rojo tragaba al pincel, enraizándose en el lienzo, mordiendo al bastidor y salpicando al caballete. Rojo; más rojo, antes que se esconda este paisaje devorado por la noche. –¡Por favor!, rumiaba con desesperación sólo para sí, más rojo…; ¡ES PRECISO MÁS ROJO!–. Su pincel se meneaba al ritmo de su éxtasis, imparable, indomable; pero el rojo se acabó antes de tiempo…; entonces el artista, endiosado por el paisaje y engatusado de pasión, con extraño arrebato, tomó presto su navaja y, de un tajo voló su índice derecho. En ese instante, los músculos, los huesos, el pensamiento, la vanidad del pintor y, en suma, todo él, se convirtieron en pintura roja…; y con el muñón sangrante siguió pintando, y pintando, su original visión.

    Cuando el ocaso tragó al Sol, en un pedazo de tela quedó grabado, para siempre, el exquisito misterio de un anochecer andino. Al pie, yacía sin vida el escuálido cuerpo de un pintor que compartió su locura con la literatura. Entonces…, inesperadamente, el astro rey, conmovido por tamaña idolatría, volvió a salir para rendir homenaje a su pintor. Fue la única vez que el día amaneció dos veces; por el Este y por el Oeste. Desde aquella ocasión, el Sol ya no es el mismo; ha perdido su brillo.

    Han pasado muchos años. En algún rincón olvidado, sobre una tela empolvada por el tiempo, todavía supervive el misterio de aquel anochecer andino, cuyo Sol se… resiste a desaparecer.

    ——————–

    ¿Por qué será que en los trópicos la gente bendice el recuerdo de este pintor y, en los árticos lo maldice?

    JACO
    escribejaco@hotmail.com

  3. Sr. Rafael Requerey Ballesteros
    Asociación de amigos de la
    Biblioteca Pública de Priego

    Con reiterado afecto le agradezco, Don Rafael, por haber colgado en su importante web mi relato ‘Cuando se robaron al Sol’ que envié, desde Perú, como saludo afectuoso para los lectores de esa famosa biblioteca.

    Animado por su especial amabilidad, estoy adjuntando mi relato ‘La revelación de Nené’ para su fina evaluación y posible publicación.

    Cordialmente

    Javier Cotillo Caballero
    JACO
    ——————————————-
    LA REVELACIÓN DE NENÉ
    de Javier Cotillo – JACO
    Cuando la vi, me incomodó el flujo maloliente que dejaba a su paso y la gruesa capa de mugre que recubría su cuerpo.
    Cruzaba la calle con los pies envueltos con trapos y plástico a cuenta de zapatos. Marcaban pasos pausados que calculaban, quién sabe, la distancia que faltaba para llegar a su destino. Su pelo, amasado con suciedad, parecía un casco de grasa apelmazado en años de abandono o tal vez una revancha contra una desilusión, y por qué no, de una temprana locura. Resultaba imposible evadir al escalofrío que originaba mirar su rostro debajo de esa inmundicia. Apenas se adivinaba que era una mujer de mediana edad.
    Los andrajos que vestía se sumaban a los trapos y otros elementos encontrados en el basural, los que se habían superpuesto con el tiempo unos sobre otros para tapar su esquelético cuerpo; sin embargo, ya no cubrían sus vergüenzas.
    El único diente que se aferraba a su boca aplastaba el labio inferior y se hacía notar con descaro cuando la abría para bostezar su hambre adormecida. Solo su fina nariz delataba una relativa belleza en su juventud.
    La gente se alejaba rápidamente de su lado por la repulsión que originaba su cercanía. Nené se detuvo para rascarse los hombros mientras retiraba con familiaridad algunos piojos, luego reorientó su camino. Hasta el aire evitaba mezclarse con el olor nauseabundo que desprendía esa imitación de mujer.
    Ahora se sentó sobre el sardinel. De algún lugar sacó un pomito con agua y un pedazo de tela que luego de humedecerlo empezó a frotarlo en círculos concéntricos sobre su rostro. Todo esto lo repitió varias veces, hasta que poco a poco empezó a notarse la piel de su cara como una máscara que contrastaba con la parte oscura del resto de su cabeza. Usando el meñique, lo untó con tierra del piso y pasó el polvo sobre los párpados de sus ojos a manera de sombras; en seguida, con el otro meñique arrancó de un tubito un poco de rojo para untar sus labios, y quiérase o no, hizo una mueca de coquetería olvidada; el contenido de otro frasquito vacío sirvió para perfumar su cuello y orejas; luego, con algunos pedazos de periódico, más los inexistentes insumos de maquillaje, infló levemente una bolsa de plástico negro que trató de colgar en su hombro izquierdo a manera de cartera. Se puso de pies mientras soplaba las uñas de sus manos mugrientas para secar la supuesta pintura y retomó su camino arrancando una ancha sonrisa a sus labios que se resistían a representar ese falso libreto, pero cerró la escena dando pequeños pasos, entrecruzando los pies, meneando la cintura con exagerada picardía, que se vio vulgar.
    Algunos curiosos, simulando no ver nada, se ubicaron estratégicamente para no perder detalle de lo que estaba ocurriendo. Nené, cruzó la calle como filmando sobre una pasarela de un exclusivo desfile de modas y se paró frente a la puerta de una casa de citas. Del interior apareció una mujer ataviada con exageración, quien preguntó con soberbia:
    −¡ Qué quieres!
    −Es…, esteeé −balbució Nené, más por haberse olvidado de hablar con nadie o como sorprendida en falta. Pero armándose de valor, inesperadamente apartó los brazos con violencia, estiró los músculos de la cara con rabia, tensó todo su cuerpo para concentrar su ira en pocas palabras y llenando sus pulmones abrió su horrible boca como un portón oxidado de un tétrico castillo y lanzó su protesta como una extraña esperanza:
    ¡QUIERO TRABAJAR!!!
    Los curiosos que habían escuchado todo, estallaron en carcajadas, mezcla de asombro y burla. Un cruel sarcasmo que lapidaba la última esperanza de la mujer… Ellos desaparecieron tan igual como habían llegado, pero dejaron la ironía de su burla en el ambiente.
    La puerta se cerró violentamente sobre la cara de Nené, quien se quedó nuevamente sola, cargando su locura y sus ilusiones aplastadas…

  4. Estimado Javier, creo que está enviando equivocadamente tu relato pues nosotros no somos la Asociación de Amigos de la Biblioteca Pública de Priego. En el primer comentario de esta entrada tienes la dirección de su blog.
    Un saludo.

  5. Amigo Francisco:

    ¿Qué decir en estas circunstancias? Mi inexperiencia en el manejo de esta maravilla llamada Internet, me está permitiendo equivocarme y conocer de una manera casual a una persona como usted, excelente escritor, según se intuye por los sendos comentarios que adjunta la publicación.

    No me sentiré mal si decide retirar mis envíos, con mis sentidas disculpas por irrumpir en su importante espacio.

    Renovándole mi amistad y mis disculpas.

    Javier Cotillo
    JACO

  6. el suicida

    Preparó su arma reglamentaria, y entró como un tropel dentro de la vieja casa. Entre las penumbras de aquel lugar inundado por un vago silencio, intentó divisar una débil luz proveniente de lo que sería su dormitorio. Heraldo Sáenz, siempre tuvo problemas psiquiátricos. Había caído unas cuantas veces en la comisaría por las denuncias de los vecinos, pero esta vez… fue demasiado lejos.
    El detective al entrar, encontró una niña de once años de edad. Estaba muerta sobre lo que parecía ser una Pira con extraños símbolos. También había velas negras y un pentáculo de cinco puntas, dibujado sobre el piso de su propia casa. Le faltaban trozos de carne, el insano había estado comiendo de ella. El detective tragó saliva, el sudor recorría su rostro. Un sudor frío.
    La suerte del pobre diablo estuvo echada en ese momento, y se escuchó un disparo. Pudo ver el flash desde la puerta entreabierta y se cubrió. — ¡Alto policía! — gritó desde un sillón. — ¡Estás arrestado Heraldo! ¡Tirá tu arma! — sin embargo nadie respondía. Lentamente, caminó hacia la puerta y con la punta de la pistola, abrió despacio. La pared estaba manchada de sangre, el cuerpo de Heraldo, yacía sobre el escritorio junto a una vieja máquina de escribir.
    Su cabeza había quedado esparcida gracias a un revolver de grueso calibre y sus muñecas, estaban profundamente cortadas. — No…— murmuró Juárez. — Loco de mierda, era hora de que lo hicieras ¿no? ¿Pero por qué lo hiciste? — Sus antecedentes eran lo bastantes revoltosos como para llegar a semejante decisión. Después de observar la escena, notó que había escrito algo. Tomó el papel salpicado con sangre y lo leyó:

    En mis tiempos de inocencia, siempre supe que me habían elegido. Allí donde la oscuridad es sempiterna y las almas regocijan de odio, está la mía ahora. En la eternidad, en el silencio absoluto. Nadie comprenderá porque lo hice, sin embargo, nadie contó la historia de mi locura.
    Solo yo lo sé muy bien, solo sé que ELLOS tenían que venir a buscarme, pero los burlé. Este es mi escape de sus malignas garras y no habrá magia negra que me detenga. Fue cuando tenía dieciocho años de edad, mis padres murieron en un trágico incidente… y digo incidente… no accidente. No, no fue así. Ellos, también fueron elegidos para ser sacrificados en honor al innombrable. El mal antiguo, un horror tan legendario como extenso.
    Son los devoradores de vida, que danzan en las noches maldecidas cuando la luna es menguante. Ellos se reunían en la selva marginal de Punta Lara o en la Isla Paulino, para realizar sus macabros actos de hechicería. Aún lo siguen haciendo… para invocarlo a ÉL. Las piedras son la clave para llegar, las piedras mostrarán al pez oscuro. Mayo es la clave, el mes de mayo los favorece, los fortalece.
    Alguien tiene que detenerlos ¡Por Dios, alguien que los detengan antes de que sea demasiado tarde! El holocausto vendrá de la mano del Sabannaht, el que devora vidas. Si, me atrevo a nombrarlo pues ya no tengo nada que perder. En cualquier momento vendrán por mí. Yo fui testigo de su poder, yo pude ver con horror, como su magia surtía efectos en sus víctimas.
    Sufrí pesadillas espantosas durante años; mis gritos a mitad de la noche, provocaban que los vecinos llamaran a la policía. Mis comportamientos insospechados, terminaron por distorsionar mi mente, a tal punto que no distinguía la realidad que me rodeaba. Voces, sombras. Los cánticos y los gritos. La sangre, las almas. Había decidido internarme en un psiquiátrico por mi cuenta, pero los resultados fueron mucho peores. Las pesadillas fueron más detalladas, me mostraban cosas, me decían todo. Aquella extraña ciudadela situada cerca de un río, es la morada del maligno. La ciudad sin nombre y maldita por miles de años; un lugar donde los que moran allí… no son humanos ¡Allí dejan de serlo! Yo no seré uno más… no seré como Ellos, pues aquí se termina mi camino y dejo las pruebas suficientes de su existencia. Están en el cajón izquierdo de mi escritorio.
    P.D. No quería matarla… pero necesitaba comer. Él me obliga hacerlo. Ya no soporto más esto.
    Adiós.

    La cara del detective Juárez se torció del espanto. Jamás pensó que el hombre terminaría por confesar tal terrible secreto. Quizás desvariaba en lo que había escrito ya que tenía antecedentes esquizofrénicos, pero según su investigación, ninguno de sus familiares había sufrido semejante enfermedad mental.
    No había vestigios de tal terrible herencia. Tomó dicho cajón y encontró extraños dibujos de la ciudadela, en la que el insano detalló con gran habilidad. También había algo escrito en un idioma incomprensible; parecían ser unas especies de runas antiguas. Algo había notado detrás de él, no se veía mucho así que tomó su pequeña linterna de bolsillo y lo que encontró, no fue muy agradable. Era un mensaje escrito con la mismísima sangre de Heraldo. Eran la traducción de las runas.

    “El tiempo devora la carne, la sangre y los huesos.
    ¡Invertid el proceso si queréis seguir!
    Renovad vuestro cuerpo, fortaleced el espíritu y vivirán.
    Quitadle y devorad al tiempo, la carne, la sangre y los huesos
    Por que nos pertenecen.
    Entregadme sus vidas… y vivirán”

    Fin
    17/3/08

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