“Manuel Vilas, ‘Resurrección’ (Visor, 2005)”. Un artículo de Luis Luna

vilas.jpg

Que existen muchas maneras de trascendencia lo sabe bien Manuel Vilas (Barbastro, Huesca, 1962) y así lo pone de manifiesto en su poemario Resurrección, decimoquinto Premio ‘Jaime Gil de Biedma’. En este libro se nos ofrece un conjunto de textos que constituyen en sí mismos todo un ejercicio de renovación de la palabra poética, de la que se desconfía sistemáticamente pero que constituye el eje entre el sujeto y la realidad.

Estamos, entonces, ante un lenguaje en llamas donde se producen destellos de una belleza sorprendente, alternados con periodos más fríos que desarrollan con una crudeza extraordinaria el evento que desencadena la palabra. El contraste, la conducción vertiginosa por el fondo de las cosas en un intento por subirlas a la superficie constituye el trabajo de quien se enfrenta al lenguaje. Los poemas están construidos desde un punto cercano al objetivo de la cámara: un personaje que se quiere Manuel Vilas y recibe ese nombre nos enfoca determinados temas que por silenciados, tal vez por automatizados, se pasean por delante de nosotros y nos resultan progresivamente invisibles. La lucha contra la invisibilidad es aquí central, porque el autor recupera perfiles de la realidad –también puesta en duda, cuestionada– que, por lo general, se obvian. Desde este enfoque –uno de los mejores intentos de trasladar el realismo sucio a estas latitudes- desfilan ante el lector ídolos del rock, personajes errabundos y mágicos –“No Shoes” es uno de esos estupendos textos en los que el protagonista destaca por su lucidez frente a la mediocridad-, familiares fosilizados en el recuerdo, escritores incorporados a la vida del yo central gracias a determinadas circunstancias, heterónimos –en donde se trabaja la intercambiabilidad del sujeto moderno como una posibilidad de enriquecer la existencia a través de la imago– e incluso Dios, como un ser egoísta que no permite disfrutar el paraíso, su paraíso.

20060329230705-manolo-vilas.jpg

Todo este desfile está, como en la teoría del Caos, al servicio de algo que se encuentra por detrás de todo, constituyendo una malla que soporta la estructura, que parece dar sentido a la aparente intrascendencia que revelan los datos. La desconexión entre unos eventos y otros, la fragmentación vital a que se nos expone no es sino uno de los índices de la memoria. Y es aquí donde Manuel Vilas muerde con fuerza, donde la presa se ve atrapada en la red, porque el autor nos descubre que hay una coherencia entre lo disperso y lo uno, entre lo fragmentario y lo estanco, entre todas esas visiones y la especial mirada de quien las ve y que constituye la médula espinal de todo el poemario. De ese modo, el personaje Manuel Vilas salta desde sí mismo al imaginario colectivo de todos los que, como él, han asistido a transformaciones vitales de una generación, de una geografía, de una manera de pensar. Pero no se trata aquí de ser portavoz de nadie, de intentar con arrogancia transmitir el sentir de alguna totalidad, sino que, insisto, desde la parcialidad se conecta muy sutilmente con la totalidad. La memoria se yergue una vez más como material esencial para la construcción del lenguaje, si es que éste puede, después de todo, transmitir algún porcentaje de lo que se quiere decir. Y, además, hay algo muy especial en Resurrección, en la voz que nos transmite el poemario: la fragilidad. Todo el aparente discurso bronco, destinado a remover los estándares de la producción poética, toda la distancia que se emplea para intentar transmitir lo que sucede se disuelve en una inmensa fragilidad ante la muchedumbre, ante lo que discurre ante nosotros. Como si, desde la corriente, el nadador observase cómo se agarrotan los músculos y es imposible hacer pie.

Fragilidad, desánimo, desesperación, cansancio, y, al mismo tiempo, constancia de saberse para renovarse, de vivir para seguir viviendo, para escapar de la asfixia y lograr así una completa y liberadora resurrección:

“Mucho amor, amor, amor, amor. Eh, estoy enamorado, eso es todo.

He sido muy feliz y os lego la vida.

Mañana resucitaré y me daré una vuelta por ahí.

Eh, mira, mira, ¿qué es esto? La vida. Es la vida”.

 

 

 

 

 

 

Luis Luna

Subscríbete aquí a Blog Escritores.

Blog Escritores – Cursos, Concursos y Recursos – Blog Literario y Cultural


Blog Recomendado por Diario Directo – en la Zona Blogs


Diario Directo - El Peródico Interactivo

Literature Blogs - Blog Top Sites

BloGalaxia

 

Anuncios

2 comentarios en ““Manuel Vilas, ‘Resurrección’ (Visor, 2005)”. Un artículo de Luis Luna

  1. Pingback: El ritmo del Calor en Andorra: Manuel Vilas « Afterpost

  2. Pingback: Aire nuestro, de Manuel Vilas « la vida es una tómbola

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s