La espera poética de Ernestina de Champourcin, por Francisco Cenamor

Ernestina de Champourcin, en su adolescencia, se vio deslumbrada por un libro de Juan Ramón Jiménez, Platero y yo. Desde ese momento esperó conocer algún día a Juan Ramón y decidió dedicarse en cuerpo y alma a la poesía. Ya desde niña imaginaba y contaba historias para sus amigas de la burguesía vitoriana, ciudad en la que nació un 10 de julio de 1905. Esperaba estudiar. Estudió hasta el bachiller superior, pero las presiones de su padre y un ambiente hostil al estudio de las mujeres le hicieron desistir de estudiar Filosofía y Letras como era su intención.

En los años 20 se traslada a Madrid, donde conoce a su admirado Juan Ramón Jiménez y a su esposa Cenobia, a los que frecuenta con asiduidad. Conoce también a multitud de artistas a quienes le fascina escuchar, especialmente a los poetas con los que compartirá generación. Y aunque ella no lo esperaba, la Historia, escrita generalmente por hombres, le pasó por encima, quedando prácticamente en el olvido, a pesar de que la crítica posterior la considera la mejor poeta de la Generación del 27. En su feliz estancia madrileña tuvo que sufrir la incomprensión de muchos republicanos por su ascendencia aristocrática y su confesión de fe católica, algo que sufrieron igualmente otros intelectuales y artistas republicanos como José Bergamín. Quién sabe si en su olvido posterior no influyó el que la izquierda posfranquista, en su afán por recuperar a los intelectuales y artistas afines ideológicamente se olvidase de rescatar a literatos tan importantes como Manuel Altolaguirre, Emilio Prado o Max Aub, entre otros muchos.En Madrid esperaba encontrar el amor, su poesía la delataba, y lo encontró en la persona de Juan José Domenchina, poeta y crítico literario, con quien se casa. En su mejor momento personal, preocupada por la educación de las mujeres, fundó el Liceo Femenino con María de Maeztu, María Baeza y otras mujeres inquietas. Y cuando estalló la guerra esperaba ayudar en lo que fuera, pero de nuevo su procedencia y su fe hizo que fuese expulsada por los milicianos republicanos del hospital donde prestaba sus servicios voluntariamente. Y esperó quedarse en Madrid, pero tuvo que acompañar a la República en su triste derrota, primero a Valencia y luego a México: su marido, militante de Izquierda Republicana, desempeñó importantes cargos en el Gobierno durante la heroica resistencia de Madrid.

Una vez en México, esperó poder regresar pronto a Madrid. La tristeza de la espera hizo que su voz quedase silenciada hasta 1952. Por fin, en 1972 regresa a España, de donde solamente tiene ya recuerdos. Esperaba encontrarse con ellos pero ya no estaban allí y decidió dedicarse a rescatar la memoria de todo aquello que sucedió un día en su corazón, como esperando hacerlo presente. En 1997, cansada de esperar, Ernestina de Champourcin muere. O tal vez no, tal vez siga esperando.

BIBLIOGRAFÍA

Obras de Ernestina de Champourcin:

Poesía

En silencio, Madrid, Espasa-Calpe, 1926.
Ahora, Madrid, Imprenta Brass, 1928.
La voz en el viento, Madrid, Compañía Ibero-Americana de Publicaciones, 1931.
Cántico inútil, Madrid, Aguilar, 1936.
Presencia a oscuras, Madrid, Rialp, 1952.
El nombre que me diste, México, Finisterre, 1960.
Cárcel de los sentidos, México, Finisterre, 1964.
Hai-Kais espirituales, México, Finisterre, 1967.
Cartas cerradas, México, Finisterre, 1968.
Poemas del ser y del estar, Madrid, Alfaguara, 1972.
Primer exilio, Madrid, Rialp, 1978.
Poemillas navideños, México, Edición privada, 1983.
La pared transparente, Madrid, Los Libros de Fausto, 1984.
Huyeron todas las islas, Madrid, Caballo griego para la poesía, 1988.
Los encuentros frustrados, Málaga, El manatí dorado, 1991.
Poesía a través del tiempo, Barcelona, Anthropos, 1991.

Del vacío y sus dones. Antología. Editorial Torremozas, 1993.Cántico inútil; Cartas cerradas; Primer exilio; Huyeron todas las islas. Edición crítica a cargo de Milagros Arizmendi, Málaga, Diputación Provincial, 1997.
Poema de exilio, de soledad y oración. Madrid, Encuentro Ediciones, 2004.
Presencia a oscuras. Madrid, Ediciones Rialp, 2005.Ernestina de Champourcin: poesía antología = antología poesía. Vitoria, Dip. Foral, 2005.

Prosa

La casa de enfrente, Madrid, Signo, 1936.
Dios en la poesía actual, Madrid, BAC, 1970.
La ardilla y la rosa (Juan Ramón en mi memoria), Madrid, Los Libros de Fausto, 1981.
Estudios juanramonianos ofrecidos a Francisco H. Picón en su LXXV cumpleaños. Madrid, 1993.

Sobre Ernestina de Champourcin:

El silencio creador de Ernestina de Champourcin, Rosa Sanz Hermida, Oviedo, Universidad, 1993.
La ardilla y la rosa (Juan Ramón en mi memoria), Ernestina de Champourcin, Huelva, Diputación Provincial, 1997.
La poesía de Ernestina de Champourcin, Arturo del Villar Santamaría, Nuevo Baztán: Carlos Morales del Coso, 2002.
Ernestina de Champourcin, del exilio a Dios, Beatriz Comella Gutiérrez, Madrid, Rialp, 2002.

Ernestina de Champourcin: vida y literatura, Joy Landeira. Ferrol, Ed. de la Sociedad de Cultura Valle-Inclán, 2005.

Francisco Cenamor

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2 comentarios en “La espera poética de Ernestina de Champourcin, por Francisco Cenamor

  1. Desde luego, Zena, cada vez que leo un artículo tuyo me descubres personas interesantísimas.
    Es una lástima que una persona quede anclada en el olvido sencillamente porque no responde al perfil que los demás defienden. Tal vez esto tenga mucha relación con lo que ya hemos hablado en otras ocasiones de censura. Es lamentable que su figura haya quedado atenuada porque le censurasen su procedencia y su fe. Qué triste es ver que muchas veces nos centramos en prototipos y no en seres humanos. Puros prejuicios. Es vergonzoso.
    Muchas gracias, Zena.

  2. Si, bueno, es uno de los problemas que sufrimos por culpa de nuestro gran conflicto: nuestra Guerra Civil. Las visiones hacia ella, con magníficas excepciones, siguen fuertemente ideologizadas. La II República Española fue el comienzo de un nuevo siglo de oro para las artes españolas en general (y no solo, también para la educación, las ciencias…), pero las visiones ideológicas sesgadas han hecho que solo se rescaten los artistas afines ideológicamente a los rescatadores. Así, se han perdido por el camino decenas de nombres, como Ernestina, o como Max Aub, o como los innumerables poetas y escritores anarquistas. El ejemplo más curioso, Max Aub: ahora no solo, por fin, se le está rescatando desde medios universitarios, sino que empieza a ser considerado como el mejor literato español del siglo xx, ¿quién le conoce fuera de esos círculos?

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