¿Quién fue Simone Weil?, por Francisco Cenamor

SIMONE WEIL

Simone Weil murió en 1943 en un hospital inglés, sola y prácticamente desconocida. Pero a partir de los años 90, el interés por su vida y su obra no cesa de aumentar.

Nació en París, en 1909, en el seno de una familia judía de la alta burguesía francesa. Dotada de una inteligencia excepcional y de una curiosidad inagotable desde su infancia parecía destinada a altos destinos intelectuales. Ingresó en la École Normale Superieure, vivero de la élite intelectual francesa, y como correspondía a una alumna aventajada de esa escuela, al terminar sus estudios fue nombrada profesora de Liceo.

Pero ya había descubierto la injusticia y el dolor de la gente oprimida y pronto se comprometió con las luchas obreras, e intervino en ásperas disputas ideológicas desde posturas anarquistas, al mismo tiempo que ejercitaba la solidaridad de todas las maneras posibles. No contenta con ello quiso conocer en sus carnes los sufrimientos de la clase obrera y trabajó en diversas fábricas, entre ellas la Renault, como fresadora.

Que se afanase por ayudar a quien lo necesitaba no quiere decir que tuviese un talante naturalmente simpático o que conectase fácilmente con la gente. Más bien al contrario, en las discusiones intelectuales era obstinada e incapaz de ceder un ápice y si las discusiones eran sobre la forma de actuar, su capacidad negociadora era nula. Además, era algo torpe: su intento de participar en la guerra civil española en una unidad anarquista en el frente de Aragón terminó prematuramente, no sólo porque estaba horrorizada por algunos comportamientos de los anarquistas, sino porque se derramó encima un caldero de agua hirviendo y hubo que evacuarla.

Sus posturas extremas, sus discusiones con los dirigentes comunistas y las contradicciones entre su pacifismo militante y la necesidad de oponerse militarmente a los planes de Hitler la apartaron progresivamente de su participación activa en los movimientos obreros y al mismo tiempo que abandonaba su actividad docente para concentrarse en su búsqueda intelectual. Pero el comienzo de la guerra y la ocupación alemana la empujaron de nuevo a una existencia azarosa. Se desplazó con su familia a Marsella donde entró en contacto con el padre dominico Perrin con quien sostuvo largas conversaciones sobre la fe cristiana. El dominico, para ponerla a salvo del creciente antisemitismo del Estado alemán le procuró refugio cerca de Gustavo Thibon, un filósofo que vivía en el campo, y allí trabajó un tiempo como obrera agrícola. Al hacerse insoportable la persecución sobre quienes profesaban la religión judía, su familia consiguió trasladarse a Estados Unidos. Ella les acompañó, pero se negó a permanecer tan lejos del sufrimiento de sus compatriotas y se dirigió a Inglaterra tratando de ser enviada a Francia como espía en alguna misión secreta, cosa que no consiguió.

Su negativa a ingerir más alimento que el que en teoría recibía el pueblo francés debido al racionamiento impuesto por la ocupación alemana agravó la lesión tuberculosa que arrastraba desde hacía tiempo y precipitó su muerte cuando apenas contaba 34 años. Cinco años después, el filósofo Thibon publicó, con el título La gravedad y la gracia, un cuaderno de notas que ella le había confiado, el padre dominico Perrin hizo lo propio con unos textos que tituló A la espera de Dios. Pronto encontró personas que comparaban sus escritos con los Pensamientos de Pascal o con algunas páginas de Kierkegaard.

La fuerte atracción que desde entonces ejerce su figura hay que atribuirla en primer lugar a su compromiso con los problemas de las personas desheredadas. No sólo entregó su tiempo, su inteligencia y su dinero a las acciones en las que participaba sino que quiso asumir la miseria y los dolores de la condición obrera trabajando y viviendo en sus mismas condiciones.

En la actualidad, en círculos progresistas cristianos está considerada como una mística del siglo XX por la forma tan radical en la que abrazó la fe en la figura de Cristo, apoyando y viviendo con la gente más desfavorecida y llevando a rajatabla la ausencia de privilegios y la austeridad en las necesidades personales, actitudes que le costaron, incluso, la vida.

Francisco Cenamor

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BIBLIOGRAFÍA:

Simone Weil

La gravedad y la gracia. Caparrós Ediciones; 1994.

Pensamientos desordenados. Ed. Trotta; Madrid, 1995.

Reflexiones sobre las causas de la libertad y de la opresión social. Ed.Paidós Ibérica, 1995.

A la espera de Dios. Ed. Trotta; Madrid, 1996.

Carta a un religioso, Simone Weil. Ed. Trotta; Madrid, 1997.

La gravedad y la gracia. Ed. Trotta; Madrid, 1998.

Escritos esenciales, Simone Weil. Ed. Sal Terrae; Santander, 2000.

Escritos de Londres y últimas cartas, Simone Weil. Ed. Trotta; Madrid, 2000.

Cuadernos, Simone Weil. Ed. Trotta; Madrid, 2001.

El conocimiento sobrenatural, Simone Weil. Ed. Trotta; Madrid, 2003.

Intuiciones precristianas, Simone Weil. Ed. Trotta; Madrid, 2004.

La fuente griega, Simone Weil. Ed. Trotta; Madrid, 2005.

Poemas seguidos de Venecia salvada, Simone Weil. Ed. Trotta; Madrid, 2006.

Sobre Simone Weil

Simone Weil, Georges Hourdin. Ediciones Luciérnaga; Barcelona, 1994.

Vida de Simone Weil, Simone Pétrement. Ed. Trotta; Madrid, 1994.

Simone Weil, Robert Coles. Ed. Gedisa; Barcelona, 1999.

La guerra según Simone Weil, Maite Larrauri. Tándem Ed.; Valencia, 2002.

Simone Weil, Roberto Rondania. Ed. San Pablo; Madrid, 2004.

Simone Weil, Carmen Ibarlucea. Fund. Emmanuel Mounier; Madrid, 2005.

Simone Weil: acción y contemplación, María Clara L. Bingemer y Giulia Paola di Nicola. Ed. Desclée Brouwer: Bilbao, 2007.

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2 comentarios en “¿Quién fue Simone Weil?, por Francisco Cenamor

  1. Pocas veces nos enfrentamos a la figura de alguien con semejante capacidad de sacrificio y el hecho de que ahora me hayas descubierto a Simone Weil hace que deba quedarte agradecida. Hace que me sienta muy pequeñita como persona contemplar a esta mujer tan maravillosa. Vivió y murió por una de las cosas que más difíciles nos puede resultar: ponerse en el lugar del otro. Procuraré hacerme con alguna biografía de ella para conocerla más en profundidad. Muchas gracias, Zena.

  2. Además es que su pensamiento es sorprendente. Imagina que pasó de la burguesía judía más exquisita a una adolescencia anarquista y una madurez cristiana. La crítica del sistema social capitalista ha sido, durante el siglo XX, prácticamente coto privado de comunistas y anarquistas. Esta mujer aporta una visión tremendamente humana de las desigualdades sociales y abominó de las prácticas belicistas de quienes se oponían al capitalismo. Su tremendo amor por las personas le llevaba a defender un pacifismo radical.

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