El escritor español Juan Goytisolo gana el Premio Nacional de las Letras

El escritor español Juan Goytisolo ha ganado el Premio Nacional de las Letras Españolas que concede el Ministerio de Cultura español en reconocimiento a la trayectoria literaria de un autor español. Este galardón, uno de los más prestigiosos de cuantos se conceden en España, está dotado con 40.000 euros y en sus dos pasadas ediciones ha recaído en la valorada escritora Ana María Matute en el año 2007 o en el “invisible” escritor para las Letras españolas Raúl Guerra Garrido en el año 2006. 

Goytisolo recién llegado de México  que tiene en su haber otros galardones como el Premio Rachid Mimumi 1995 de París a la Tolerancia y la Libertad, el Octavio Paz de Literatura en México (2002), y el Juan Rulfo de Literatura Latinoamericana y del Caribe (2004), recibió la noticia y se fue a dar un paseo para reflexionar sobre la buena nueva que acaba de recibir…

El jurado ha estado presidido por el director general del Libro, Rogelio Blanco, y han formado también parte del mismo, entre otras personalidades de la Letras y de la Cultura españolas: Carmen Iglesias, José Carlos Mainer, Andrés Sorel, Julia Uceda, Bernardino Martínez Hernando, Juan Antonio Masoliver Ródenas, y los dos últimos autores galardonados, Ana María Matute y Raúl Guerra Garrido.

Obras como ‘Señas de identidad‘, ‘Juan sin tierra‘ o ‘Makbara‘ son algunas de sus libros más reconocidos.

Mas información sobre el Premio Nacional de las Letras españolas en la Web oficial del Ministerio de Cultura.

Más información sobre Juan Goytisolo en Wikipedia o en el Portal Escritores.org

Eduardo Croissier

Editor

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José Manuel Caballero Bonald entrevistado por Harold Alvarado Tenorio (1ª parte): “…En mi adolescencia estuve un año en cama, reposando, y entonces conocí la literatura”

 

Poeta, novelista, estudioso del flamenco, teórico del vino, productor musical, navegante, pintor, guionista de teatro y televisión, letrista, profesor de literatura, editor, subdirector de Papeles de Son Armadans, la revista de Camilo José Cela, y presidente del PEN Club en España, José Manuel Caballero Bonald (Jerez de la Frontera, 1926) pudo ser un elegante capitán de barco por su porte elegante, de aristócrata andaluz afligido de señorío y nostalgias, yendo y viniendo entre los viñedos y pantanos, las serranías y playas del mar, amando la vida y sus placeres. Quizás por ello goza de un enorme prestigio entre casi todas las cáfilas y catervas de los intelectuales peninsulares y sudamericanos, que le han celebrado con numerosas distinciones entre las que figuran el Premio ‘Nacional de las Letras’, ‘Nacional de Literatura’, ‘Nacional de la Crítica’ en tres ocasiones, ‘Pablo Iglesias’, ‘Reina Sofía’, ‘Julián Besteiro’, ‘Andalucía de las Letras’, ‘Biblioteca Breve’, ‘Plaza y Janés’, ‘Boscán’ y el ‘Nacional del Disco’ por su Archivo del cante flamenco.

Desde que regresaron de Colombia, a comienzos de los años sesenta, José Manuel (Pepe) Caballero Bonald y María Josefa (Pepa) Ramis Cabot, su mujer, han vivido en la Dehesa de la Villa, en el barrio de la Ciudad Universitaria de la Complutense, jardines donde se defendió la ciudad durante la Guerra Civil, en violentos combates comandados por Buenaventura Durruti. Un barrio poblado de piñoneros, carrascos, almendros, chopos, fresnos, olmos y acacias, sobre todo en las calles Francos Rodríguez, donde está una de las bocas del metro, y María Auxiliadora, donde queda su piso, en un edificio que han ocupado Francisco Brines, Fernando Quiñones, José Ramón Ripoll, Arcadio Blasco o Carmen Perujo, sus amigos de siempre.

9788481096811.jpg Caballero Bonald ha cumplido el año pasado sus únicos ochenta años, y una batahola de conferencias y exposiciones fueron programadas en la fundación que en su ciudad natal lleva su nombre. He conversado con el poeta en su piso madrileño, este último verano, el mismo día cuando una editorial catalana puso en venta la más reciente antología de su obra: Summa vitae (Editorial Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2007), preparada por Jenaro Talens. Caballero Bonald conserva ese rostro de modelo de Velázquez de muchas de sus fotos de juventud, con un habla salpicada de picardías, medio cubana y colombiana, aparentando estar distraído pero al borde de una mueca maliciosa que va dando cuerpo a ese lento desdén prolongado con el cual precisa y dicta los despojos de su prodigiosa memoria.

Ochenta y un años Pepe…
Cuando se mira para atrás se ve de todo. Se ve que cada vez va quedando más pasado y menos futuro, y eso no es un episodio como para andar celebrándolo. La vejez es una cosa atroz, una frontera alarmante; te has convertido en un viejo y eso te angustia en cierto modo. Has escrito lo que tenías que escribir, has cumplido con tu propia vida, con tus ambiciones y te quedas ya como sentado en tu butaca viendo caer la tarde bajo un árbol en el jardín. Y esa sensación de acabamiento, de postrimería, produce un sentimiento de fin de trayecto, y ya no hay ningún nuevo punto de partida. Todo eso es una cabronada, claro, aparte, claro, del escepticismo, la desgana, las descreencias… Da para mucho la vida de una persona que ha vivido 81 años y se sigue defendiendo de muchas cosas que aparecen cada mañana en la prensa. Basta repasar las noticias del día, esa sarta espantosa de imágenes, guerras miserables, injusticias, lo que pasa con los derechos humanos. Yo trato de recuperar la dignidad de vivir. No quiero convertirme en un viejo cascarrabias, no me gusta, pero cada vez hay una tropa mayor de majaderos, fantoches y tentetiesos. Me dan ataques de cólera que procuro dominar. Pero no tengo edad de aguantarme. Yo soy un ciclotímico literario, así que cuando no escribo me ocupo bastante de la vida cotidiana y de la política, y eso me alarma y me sofoca. Siempre me ha tentado decir lo que pienso, aunque me costara esfuerzos y me proporcionara algún que otro encontronazo. A mí, los años quizá me hayan hecho más temerario en este sentido. Y eso me produce una especie de satisfacción -digamos- de doble filo. Pero de lo único que estoy plenamente satisfecho es de mi obra literaria, que he trabajado con ahínco y creo que con solvencia, y de mi vida privada. Llevo más de media con una mujer que me ha ayudado mucho a no perder el norte.

Usted nació y vivió hasta bien entrada la adolescencia en Jerez de la Frontera…
Ser jerezano es una denominación de origen, una mezcla de buena educación y de ignorancia, yo nací en los años veinte y puedo decir que me gustó nacer entonces. De mi niñez siempre recuerdo la azotea de mi casa, desde donde me asomaba a ese mundo luminoso de Jerez, a las ventanas, las escaleras y los patios de nuestros vecinos, pero lo que bien recuerdo de mi niñez y primera juventud fueron aquellos veranos en Sanlúcar de Barrameda, donde conocí el mar y viví las primeras excitantes escapadas de las domésticas, un descubrimiento del mundo… Luego, en mi adolescencia estuve un año en cama, reposando, y entonces conocí la literatura; un viejo amigo de casa, amante de los libros, me prestó la antología de la poesía española que había hecho Gerardo Diego y los poemas de Juan Ramón Jiménez, y entonces quise ser poeta…

Hijo de cubano y francesa…
Sí, pero sepa usted que no me siento para nada francés, incluso hay algo que repudio en toda esa cultura francesa, no me seduce ni me siento identificado para nada con Francia. Me considero más ligado a mi sangre cubana. Mi padre, Placido Caballero, era de Camagüey. Yo he estado en Cuba varias veces y me he sentido como reencontrando las raíces familiares. Uno de mis cuatro abuelos era andaluz, andaluz de la costa malagueña mediterránea, y seguramente, a través de ese abuelo, me viene esa memoria árabe que cada vez entiendo más vigorosa y más influyente y que desplaza a cualquier otro asidero espiritual respecto a una u otra cultura. Mi madre, Julia, era bisnieta del Vizconde de Bonald, un integrista y un reaccionario de mucho cuidado, pero mi madre era otra cosa, era liberal, extrovertida. Mi padre se dedicaba a los negocios con el vino y por eso me he interesado en su elaboración, su tratamiento, color, pero no desde el punto de vista industrial o químico, sino desde la magia, la alquimia, de alguien que ve cómo la uva se convierte en ese liquido maravilloso que agrada y perturba…

¿Juan Ramón Jiménez?
Si, de Juan Ramón he aprendido casi todo, incluidos sus excesos, y no sólo como poeta sino como prosista. Casi nunca ha dejado de decirme cosas inolvidables. Aunque en alguna ocasión me las haya dicho con escasa ecuanimidad o con excesiva retórica, que eso importa menos. Entre otras cosas, porque cada vez estoy más convencido que muchas de mis trastiendas artísticas, y hasta mi gusto por las infiltraciones neuróticas del lenguaje, dependen en parte de ese ya remoto entrenamiento. Lo cual siempre es muy de agradecer. Desde la Segunda antolojía (Editorial Espasa-Calpe, Madrid, 2002)-el primer libro poético que me dejó absorto- hasta Espacio -uno de los poemas más fascinantes de toda nuestra cultura literaria-, Juan Ramón Jiménez ha sido el supremo y egocéntrico regente, el gran mentor inflexible de casi todo el aparato estético que usó -y sigue usando- la poesía española del siglo XX. Con él se acota una jurisdicción literaria que aún mantiene sus prerrogativas y en la que incluso se integrarán los últimos poetas -puros o impuros, qué más da- que ya esperan tumo en el arrabal didáctico de los manuales.

Pero entiendo que fue José Ignacio Javier Oriol Encarnación de Espronceda y Delgado quien lo hizo hacerse escritor…
Es cierto. En Jerez, en la pequeña biblioteca familiar, descubrí una biografía de Espronceda escrita por Narciso Alonso Cortés, un historiador ya olvidado. Quedé deslumbrado por el personaje, un hombre que había hecho de todo en sus treinta y cuatro años de vida, había luchado en las barricadas de París, fundado una sociedad secreta, estado preso, exiliado por republicano, había sido diputado, guardia de corps, diplomático en Holanda y como si eso fuera poco, se fugó a Lisboa con una muchacha de la que había estado enamorado desde que ella era una niña, hasta cuando ella le dejó y un buen día, paseando por la calle Santa Isabel de Madrid, Espronceda se asomó a una casa donde estaban velando un cadáver y descubrió que la muerta era su ex amante, y entonces escribió su magnífico Canto a Teresa. Yo quise ser como Espronceda. Quería imitarle, pero como era imposible emularle en tantas y tan maravillosas facetas y hazañas, lo que hice fue rivalizar con él en las dos que tenía más a mano: escribir poesía, cosa que me ha durado hasta hoy, y llevar una vida licenciosa, que en aquellos años con la asignación semanal se limitaba a llegar algún día tarde a casa… Y así hasta el sol de hoy…

También quiso ser marino…
Aún ahora sigo siendo muy aficionado al mar. Navego con cierta frecuencia, en Galicia o en Andalucía. La mar ejerce en mí una fascinación muy especial, por todo lo que representa: la libertad absoluta, y también la aventura. Creo que me hice escritor porque soy un aventurero frustrado. Esa afición procede de mis lecturas de Emilio Salgari y Jack London. Hasta donde alcanza mi memoria me veo leyendo a Salgari. Siempre fui muy aficionado a la literatura de aventuras, sobre todo aquellas relacionadas con el mar. He sentido, siento aún, una predilección especial por todos los escritores que eligen el mar como escenario para sus historias. Autores como Stevenson, Conrad, Melville… Todo lo que tuviera que ver con aventuras en la mar me apasionaba…, y cada vez me apasiona más. Yo quería ser un aventurero y la única posibilidad que tenía a mano era hacerme marino, pero luego, como casi todos los muchachos de mi edad de la posguerra, enfermé del pecho, tuve que reposar y ya no estaba en condiciones físicas de ser marino y lo cambié por Filosofía y Letras en Sevilla, que fue como equivocarme de otra manera.

Leer 2ª parte de la entrevista
Leer 3ª parte de la entrevista

Harold Alvarado Tenorio, director de la revista Arquitrave

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La novelista Ana María Matute, Premio Nacional de las Letras 2007

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El Premio Nacional de las Letras de España de este año, el 2007, ha recaído sobre la escritora catalana, de 81 años de edad, Ana María Matute. Este Premio lo otorga el Ministerio de Cultura por el conjunto de la obra literaria y tiene una dotación económica de 30.000 euros.

Ana María Matute nació en Barcelona en 1926 y ha publicado más de 40 novelas, la primera de ellas, Los Abel, en 1948. En 1996 ingresó como miembro de la Real Academia Española de la lengua.

Os dejamos algunos enlaces de interés para profundizar en la noticia y en la obra de esta prestigiosa autora.

Diarios: Público, El País, La Vanguardia, El Mundo, ABC, El Periódico

WikipediaEscritoras.com, Web oficial de Ana María Matute, Entrevista en Espéculo, Revista de estudios literarios, nº 35

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Premio Nacional de las Letras Españolas 2006 para Raul Guerra Garrido, el invisible

Foto de Raúl Guerra Garrido

El escritor madrileño residente en San Sebastián, Raúl Guerra Garrido (Madrid, 1935), fue proclamado ayer 28 de noviembre de 2006, Premio Nacional de las Letras Españolas 2006 contra todo pronóstico.

Tanto es así que el propio autor, que se define a sí mismo como un “llanero solitario” según ha publicado el diario El Mundo, se mostró muy sorprendido por el premio al no saberse entre los favoritos ni estar pendiente del fallo de un premio que, a escala de las letras hispanas, está considerado el segundo en importancia tras el Premio Cervantes que se falla esta misma semana.

El Premio Nacional de las Letras Españolas, es un galardón que se concede en reconocimiento al conjunto de la labor literaria realizada por un autor español en cualquiera de las lenguas del Estado (español, se entiende).

El premiado de este año, al enterarse de tan buena noticia, manifestó en otras cosas interesantes que <<Me gustaría dejar de ser el hombre invisible de la literatura española>> o que <<Tengo curiosidad por saber qué dirán ahora los críticos de mis libros, porque hasta ahora muchos no le habían prestado demasiada atención…>>. Ahí queda eso ;-)

Sin duda sus razones tendrá, para, por una parte, estar agradecido por recibir un galardón literario de tal magnitud que reconoce toda una trayectoria literaria (número 2 en la escala de las letras hispanas y dotado con 30.000 euros), y por otra, dejar clara constancia de su “protesta / reivindicación”, como escritor comprometido con su tiempo y con el conflicto del País Vasco, donde fijó su residencia hace muchos años. Ese compromiso y su lucha constante por la libertad de expresión y de opinión en Euskadi, como uno de los fundadores del Foro de Ermua o de la Sociedad de Amigos de la Librería Lagun (Donosti), le ha hecho ser objetivo de la ETA y de su entorno hasta el punto de tener que cerrar una farmacia de su propiedad (es doctor en Farmacia), por culpa de las amenazas y los ataques recibidos.

De su obra, me atrevo a destacar, no por haberla podido leer, sino por lo que averiguado acerca del autor, las siguientes obras: la Lectura insólita de “El capital” (1976), novela por la que recibió el Premio Nadal , El año de Wolfram (1984), por la que fue finalista del Premio Planeta, La Mar es mala mujer (1987) de cual se hizo una versión cinematográfica, Tantos inocentes (1997), por la que consiguió el Premio de Novela Negra Ciudad de Gijón y La Gran Vía es Nueva York (2005), por la que obtuvo el Premio Villa de Madrid.

Sin duda, para un autor tan prolífico, seleccionar unas pocas obras puede resultar injusto, pero afortunadamente, cada uno de nosotros puede darle solución a ese “problema”, dedicándole parte de nuestro tiempo de lectura a su extensa obra. En su Web oficial puedes obtener más información sobre este escritor que ha sido “invisible” para una gran mayoría, hasta ahora…

Waldo Art

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