Revista de prensa literaria (5-5-2008): Roland Fraser y la guerra de Independencia española. Entrevista a Barry Gifford. Artículos sobre Benjamin Black-John Banville y la novela negra. Biografía de Luis Cernuda y otros libros de poesía. Ryszard Kapuscinski

Magazine: Roland Fraser y la guerra de Independencia española. Siempre es agradable, entre tanto seguidismo patriotero y militarista, escuchar voces discordantes. Es el caso de esta entrevista que la revista Magazine realiza al periodista e historiador inglés Roland Fraser en torno a la guerra de Independencia española frente a la ocupación francesa (leer). Fraser es autor del libro La maldita guerra de España: historia social de la guerra de la Independencia, 1808-1814 (Editorial Crítica, Barcelona, 2006).

ABC de las Artes y las Letras: Entrevista a Barry Gifford. ABC de las Artes y las Letras entrevista al escritor estadounidense Barry Gifford, guionista habitual del cineasta David Lynch, entre otros, en relación a la publicación en España de su libro de relatos Una puerta al río (Editorial La otra orilla, Barcelona, 2008, trad. Luis Murillo). Además de la entrevista (leer), incluye una crítica del libro escrita por Juan Manuel de Prada (leer) y un comentario sobre un libro de poesía de este mismo autor que se editó el pasado año: Las cuatro reinas/ The four queens (Editorial La fábrica, Madrid, 2007, ed. bilingüe de Laura Emilia Pacheco) (leer).

Babelia: Artículos sobre Benjamin Black-John Banville y la novela negra. El escritor irlandés John Banville, bajo el seudónimo de Benjamin Black, acaba de publicar su nueva novela policíaca El otro nombre de Laura (Editorial Alfaguara, Madrid, 2008). Con este motivo, el suplemento cultural Babelia publica una serie de interesantes artículos: entrevista al autor (leer), crítica del libro (leer), primer capítulo del libro (leer), sobre otros libros suyos (leer), sobre literatura irlandesa actual (leer) y sobre literatura policíaca y cine (leer).

El Cultural: Biografía de Luis Cernuda y otros libros de poesía. El Cultural comenta en su último número varios libros de poesía. Voy a destacar un libro, no de poemas, sino una biografía de ese poeta al que, en cierto modo, debo tanto: Luis Cernuda. Es el primer tomo y ha sido galardonado con el XX Premio ‘Comillas’, y está escrito por Antonio Rivero Taravillo: Luis Cernuda. Años españoles (1902-1938) (Tusquets Editores, Barcelona, 2008). El artículo sobre el mismo lo firma el también poeta Luis Antonio de Villena (leer). Y ya que estoy con poesía, os comento los artículos que sobre libros de poesía podemos encontrar en este suplemento: sobre el nuevo libro de Antonio Colinas (leer), sobre la edición de la obra poética completa de Pablo García Baena (leer) y una breve reseña sobre libros de Isabel Escudero, Marc Falkoff y Nuno Júdice (leer).

La Jornada Semanal: Ryszard Kapuscinski. El suplemento cultural mexicano La Jornada Semanal dedica dos extensos artículos a la vida y obra del fallecido escritor y periodista polaco Ryszard Kapuscinski, ejemplo de compromiso con los más desfavorecidos del planeta. Uno de ellos es una biografía (leer) y el otro una entrevista sobre este autor al también escritor y periodista polaco Artur Domoslawski (leer).

Francisco Cenamor

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Eventos literarios organizados por empresas e instituciones españolas y americanas durante el mes de mayo de 2008

España

Ámbito Cultural de El Corte Inglés

Asociación de Escritores Noveles

Asociación de Escritores y Artistas Españoles

Ateneo de Madrid

Biblioteca Nacional, Madrid

Bukowski Club, Madrid

Café Libertad 8, Madrid

Casa de América, Madrid

Centro Andaluz de las Letras

Círculo de Bellas Artes, Madrid

Ciudad de Mujeres

Feria del Libro, Madrid

Feria del Libro, Sevilla

Festival Internacional de Poesía Ciudad de Granada

FNAC

Hotel Kafka de Madrid

La Casa del Libro

Librerías La Central

Librería Rafael Alberti, Madrid

Librería Traficantes de sueños, Madrid

Museo Ramón Gaya, Murcia

Red de arte joven, Madrid

Salón del Libro Iberoamericano, Gijón

América

III Festival Internacional de poesía de Buenos Aires (Argentina)

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José Manuel Caballero Bonald entrevistado por Harold Alvarado Tenorio (y 3ª parte): “Si un escritor no es exigente y riguroso con el uso del lenguaje, es porque no tiene ni puta idea de su oficio”

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Leer 1ª parte de la entrevista
Leer 2ª parte de la entrevista 

Hablemos ahora de los géneros, de la poesía, la narrativa, las memorias….
Cada día me convenzo y estoy dispuesto a admitir que no existen los géneros. Creo que lo que llamamos géneros literarios tienen mucho que ver con el artificio, las estratagemas, las trampas retóricas. Un poema es la máxima temperatura que puede alcanzarse con el manejo de la lengua. La música es esencial en la poesía, sin música no hay poesía. La poesía, aparte de un hecho lingüístico, es una especie de mezcla desigual de música y matemáticas. Yo me siento identificado con un poema cuando se me abre una puerta, se rompe un sello y me asomo a un mundo que me descubre algo emocionante y desconocido. Alguna vez dije que los temas son como el ingrediente superfluo de un todo fundamentalmente definido por el tratamiento literario que se le dé. O sea, que sigo pensando que la poesía es un hecho lingüístico. El argumento, la verdad de la poesía, se genera a medida que se hace el poema. Por eso mismo un poema no se termina nunca de corregir, puede ser corregido cada vez que lo relees.

Las memorias son otro género de ficción, como lo es la poesía y la novela. Todo el que recuerda se equivoca de algún modo, sobre todo porque resulta imposible reconstruir lo ocurrido tal como ocurrió. Hay lagunas, olvidos, y hasta recuerdos ajenos de los que te apropias, recuerdos falsos… Y mi obra debe mucho a la memoria. Si perdiese la memoria no escribiría.

La novela, como buena parte la poesía actual, descuida el lenguaje en beneficio del asunto, del cuento en vez del canto….
Hoy circula por ahí una cierta tendencia a depreciar el papel del escritor en beneficio del papel del informador. Yo detesto radicalmente y por principio, cualquier tipo de copia de la realidad. A mí todo eso me parece una estupidez, una de esas modas que se inventan los mediocres. Si un escritor no es exigente y riguroso con el uso del lenguaje, es porque no tiene ni puta idea de su oficio. Otra cosa es que el escritor deba, sin olvidar el oficio, ser un crítico de la sociedad, del poder, del signo que sea. No es que el escritor tenga que proponérselo previamente, es que traspasará siempre a su obra su propia ideología. Pero a mí lo que me interesa es la literatura considerada como obra de arte, la prosa narrativa de alcance artístico. Una palabra bien elegida puede significar poéticamente más de lo que significa en los diccionarios. La ironía, que depende del estilo, de la forma, incluso de la sintaxis, es para mí una suerte de método de interpretación de la realidad, y una literatura sin ironía, sin sentido mínimo del humor queda a trasmano, como si fuera para predicadores…

Vendrían luego los interminables días del franquismo…
Durante esa época he estado bastantes temporadas fuera de España. Estuve en Colombia, luego he vivido en Francia y Cuba. Cuando yo desperté a la política y a la realidad española en tiempos de Franco, mi obra se empobrece, se empobrece incluso deliberadamente porque suponía, con disculpable desenfoque, que era mucho más importante denunciar algo de lo que estaba ocurriendo a través de la literatura. Lo que no publicaban los periódicos, procuré registrarlo de alguna manera en mi obra. Entonces, la novela que publiqué en tiempos del franquismo más exacerbado, más opresivo, y un libro de poemas, adquieren un valor más ético que estético. Yo me preocupaba que en mi obra se filtrara la condición de una persona que estaba luchando contra el sistema, que estaba en la resistencia, digamos, con muchos escritores de mi generación. Fuimos encarcelados, perseguidos, silenciados…, Todo eso naturalmente se refleja en algún libro mío, porque en ese tiempo creí que era más honesto acusar literariamente la realidad española que preocuparme de las contradicciones estéticas de mi obra. Sólo cuando se supera la etapa franquista, vuelvo a recuperar lo que me había sugestionado siempre en literatura.

Vista ahora, con frialdad y sin apasionamiento, veo aquella época como una especie de mediocridad ambiental. Todo parecía mezquino y de una hostilidad soterrada, sobre todo para los que estaban en la lucha antifranquista. Tampoco hay que negar que, al lado de eso, la libertad interior de cualquier artista es tanta que puede más que cualquier control externo. Por eso pensábamos que nosotros aportábamos a esa mediocridad una nueva forma de vivir y de beber.

Usted bien puede decir ‘confieso que he bebido…’
Porque aparte de la actividad antifranquista, estaba esa especie de autodestrucción que acabó con casi todos los miembros de aquel grupo de amigos… Ahí se filtraban muchas cosas, el aburrimiento, la necesidad de ir en contra de los convencionalismos, de soliviantar a conciencias timoratas, de enfrentarse al orden establecido, a la moralina ambiental… De todo eso había. Yo he sido muy hedonista, me gustaban los placeres que alegran la vida, que hacen soportable las desdichas y atropellos de la historia, me gusta beber, he buscado placeres de éstos, pequeños placeres, que te puede ofrecer la vida cotidiana, enfrentado a un mundo hostil, a un mundo en guerra, en manos de un ignorante como el señor Bush, peligroso ignorante, fanático del eje del mal. Todo eso me produce escalofrío y procuro, aparte de tomar partido, contrarrestar los malos efectos de todo eso con los buenos efectos del hedonismo.

Hablemos de dos de sus libros, primero Ágata ojo de gato
Sigue siendo mi novela favorita, creo que logré hacer lo que quería, creo que es la manifestación de un mito, de la mater terra que castiga a todo aquel que pretende ultrajarla y me inventé esa historia medio legendaria. Ágata ojo de gato (Editorial Seix Barral, Barcelona, 2007) es un intento de sustituir la historia por sus presuntas equivalencias mitológicas, pero siempre manteniendo esa realidad que responde a la historia verídica del Coto de Doñana. Además con ese libro me ocurrió, y eso sí que era mágico no por el método literario sino por sus consecuencias, que conocí a personajes después de haber escrito la novela que eran un reflejo fiel de los que yo me había inventado y eso es muy inquietante y muy apasionante. Conocer en la vida real a personajes de ficción, tuyos, propios, provoca entusiasmo e inquietud.

En sus libros, el Coto de Doñana se llama Argónida…
Argónida es para mí una referencia humana ineludible, una complicidad onomástica y buena parte de las memorias las escribí frente a ese paisaje para mí irreemplazable. Es el paisaje natural de buena parte de mi biografía, de mi educación sentimental. Ahora me paso medio año frente a Doñana y eso me ayuda a ir tirando. Cada uno tiene su paraíso privado, y para mí ese paraíso es Argónida. Me inventé ese nombre, con sus deliberadas resonancias clásicas o mitológicas, porque quería buscarle a la realidad de un paisaje, de un mundo concreto, ciertas equivalencias legendarias. A mí no me atraía para nada reflejar la realidad de ese mundo, sino elaborar una aproximación artística, una interpretación distinta de ese mundo. La realidad se me antojaba tan obvia, tan insuficiente, que tenía que cambiarla hasta de nombre. Pero las amenazas de deterioro son constantes por parte de los abanderados del progreso inhumano. Doñana siempre ha estado rodeada de acosos a su integridad, a su equilibrio natural. Yo ando siempre un poco haciendo las veces de centinela privado, y eso me alivia de tensiones.

Con Descrédito del héroe hecha por la borda la poesía que privilegia el asunto contra la melodía…
Por supuesto. Hace ya tiempo que procuré orientar mi poesía en ese sentido. Nunca me sentí atraído ni por el realismo de vuelo rasante ni por toda esa tabarra del coloquialismo. Y detesto el costumbrismo, venga de donde venga. Eso que llaman la “posmoderna elegía sentimental” me suena a conserva de mermelada. Descrédito del héroe (Bartleby Editores, Madrid, 2007) contiene una serie de temas que yo creo están en mi poesía de todos los tiempos, vamos, desde que empecé a escribir poesía. Aquí está más exacerbada la preocupación por rastrear en una zona muy concreta de la experiencia, de mi propia experiencia; este libro tiene algo de memorial nocturno, donde pretendo dar forma literaria a una serie de fijaciones, de obsesiones críticas. En el fondo, el libro posee ciertos dispositivos de crítica moral de las instituciones; sobre todo en lo que se refiere al deseo de desmontar ese crédito tan poco estable sobre la figura del héroe. En su sentido más amplio: el héroe tanto como protagonista de una situación, como arquetipo de esos ídolos de barro inventados por una sociedad caduca, abolida, como era la sociedad española de los años sesenta. Yo soy un lector y un gustador inagotable de los textos clásicos griegos y latinos desde Homero hasta los poetas de la Roma decadente, pasando luego por muchas zonas de esa cultura mediterránea que llega hasta Kavafis. Yo intento, a través del propio lenguaje, aclararme mi propia experiencia, ejercer una crítica de ese lenguaje que me sirva a la vez para investigar en mis fijaciones, en mis fantasmas temáticos; en ese caso el sexo está muy elaborado en el libro; el sexo, la crítica moral y, en cierto sentido, el deseo de aproximarse a una realidad que desconozco.

Libros que parecen más escritos por un latinoamericano que por un peninsular…
Es posible… A lo mejor es un contagio cubano-colombiano. Aparte de García Márquez y de José Eustasio Rivera, me siento muy ligado a dos escritores cubanos: Carpentier y Lezama Lima, que son muy distintos pero en el fondo coinciden en algo de esa fascinación tropical, de ese criollismo que fermenta en el lenguaje. A pesar de que sus poéticas sean muy distintas me han servido de estímulo fundamental y creo que en ese sentido también me siento muy cubano, me siento heredero de una forma digamos antillana de trasplantar a la literatura el mundo vivido. Si tuviese que reconocer un padre literario diría sin pensarlo dos veces el nombre de Alejo Carpentier; su lectura me emocionaba y contenía a la vez, así como en Lezama Lima encontraba la forma de mi tradición barroca en medio del presente. La poética de Lezama está simultáneamente incorporada a su poesía y a su obra narrativa. Paradiso es un libro fascinante. Hay allí páginas que son poemas deslumbrantes, que no creo que se hayan producido en toda la literatura castellana del siglo XX. A lo mejor en algún recodo de la obra de Valle-Inclán pueda descubrirse la misma garantía de invención, la revitalización de la lengua. Yo he defendido el barroco toda la vida porque reivindico mi historia, mis tradiciones. Andalucía es barroca desde Góngora hasta la Catedral de Cádiz, no creo que lo barroco sea algo confundible con la retórica, con lo ampuloso o artificial. Ya le he dicho que todo lo que no es barroco es periodismo.

Usted admiró mucho la Revolución Cubana…
Cuando triunfó la revolución, en los años 1959, 1960 y 1961, Cuba fue un punto de referencia ejemplar en muchos aspectos. Luego la revolución cubana ha dado muchos virajes, muchos bandazos. Hoy es difícil que uno defienda lo que está ocurriendo en Cuba, la dictadura de Castro, pero en aquellos años era un ejemplo de dignificación social. Las transformaciones en el orden educativo, en el orden sanitario, eran magníficas; pero, poco a poco, todo eso fue declinando hacia otro tipo de actitudes. Castro es alguien absolutamente incapacitado para evolucionar, para dar un nuevo viraje a la política interior cubana. Yo no puedo estar de acuerdo con la actual Cuba, pero estuve muy de acuerdo con la Cuba triunfante después de la revolución. Ha sido una decepción para mí y para muchos. Me irrita tanto como me irritan los anticastristas. Me pasé media vida en la lucha antifranquista, pero la dictadura castrista sólo la defendí en su primera etapa.

Y sigue fungiendo, a su edad, de radical, incluso ha publicado un Manual de infractores(Editorial Seix Barral, Barcelona, 2005)
Sí, me considero un radical. Cuando hice el libro de Espronceda me agradaba todo eso que tenía el romanticismo de insumisión, de rebelión contra una sociedad retrógrada, inmovilizada por el influjo de la tradición. Yo detesto a los obedientes, los sumisos, los bien pensantes, a los gregarios, los curas neo franquistas, los adictos a la intolerancia, a la mentira, a los fundamentalismos…, a todos esos botarates que aceptan sin rechistar lo que les mandan y van por ahí con la divisa del pensamiento único. Para ellos vivir al borde de la vida o es un delito o un pecado… Escribir bien es una forma de rebeldía, un ajuste de cuentas, de resistencia contra los acosos de una realidad que consideras detestable. A lo mejor se escribe para que alguien, una persona concreta, se indigne con lo que dices y también para que alguien se alegre compartiendo tus ideas.

Ahora dígame, para terminar, cuales son los recuerdos más recurrentes de su vida en estos ochenta y un años cumplidos…
El registro de mi casa por los falangistas. Una atrocidad, gente maleducada y violenta. Luego, la muerte de mi madre. Yo perdí allí algo. No había cumplido como hijo, eso siempre se piensa. Y, después, la cárcel, la temporada que pasé en Carabanchel. Era el año 1964, habíamos presidido una asamblea por la amnistía de los presos políticos, en la Facultad de Derecho. Una claustrofobia fatal. Miedo de que se olvidaran de mí. Quedarte allí con la barba crecida, envejeciendo, solo…

Madrid, octubre 2 de 2007

Harold Alvarado Tenorio, director de la revista Arquitrave

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José Manuel Caballero Bonald entrevistado por Harold Alvarado Tenorio (1ª parte): “…En mi adolescencia estuve un año en cama, reposando, y entonces conocí la literatura”

 

Poeta, novelista, estudioso del flamenco, teórico del vino, productor musical, navegante, pintor, guionista de teatro y televisión, letrista, profesor de literatura, editor, subdirector de Papeles de Son Armadans, la revista de Camilo José Cela, y presidente del PEN Club en España, José Manuel Caballero Bonald (Jerez de la Frontera, 1926) pudo ser un elegante capitán de barco por su porte elegante, de aristócrata andaluz afligido de señorío y nostalgias, yendo y viniendo entre los viñedos y pantanos, las serranías y playas del mar, amando la vida y sus placeres. Quizás por ello goza de un enorme prestigio entre casi todas las cáfilas y catervas de los intelectuales peninsulares y sudamericanos, que le han celebrado con numerosas distinciones entre las que figuran el Premio ‘Nacional de las Letras’, ‘Nacional de Literatura’, ‘Nacional de la Crítica’ en tres ocasiones, ‘Pablo Iglesias’, ‘Reina Sofía’, ‘Julián Besteiro’, ‘Andalucía de las Letras’, ‘Biblioteca Breve’, ‘Plaza y Janés’, ‘Boscán’ y el ‘Nacional del Disco’ por su Archivo del cante flamenco.

Desde que regresaron de Colombia, a comienzos de los años sesenta, José Manuel (Pepe) Caballero Bonald y María Josefa (Pepa) Ramis Cabot, su mujer, han vivido en la Dehesa de la Villa, en el barrio de la Ciudad Universitaria de la Complutense, jardines donde se defendió la ciudad durante la Guerra Civil, en violentos combates comandados por Buenaventura Durruti. Un barrio poblado de piñoneros, carrascos, almendros, chopos, fresnos, olmos y acacias, sobre todo en las calles Francos Rodríguez, donde está una de las bocas del metro, y María Auxiliadora, donde queda su piso, en un edificio que han ocupado Francisco Brines, Fernando Quiñones, José Ramón Ripoll, Arcadio Blasco o Carmen Perujo, sus amigos de siempre.

9788481096811.jpg Caballero Bonald ha cumplido el año pasado sus únicos ochenta años, y una batahola de conferencias y exposiciones fueron programadas en la fundación que en su ciudad natal lleva su nombre. He conversado con el poeta en su piso madrileño, este último verano, el mismo día cuando una editorial catalana puso en venta la más reciente antología de su obra: Summa vitae (Editorial Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2007), preparada por Jenaro Talens. Caballero Bonald conserva ese rostro de modelo de Velázquez de muchas de sus fotos de juventud, con un habla salpicada de picardías, medio cubana y colombiana, aparentando estar distraído pero al borde de una mueca maliciosa que va dando cuerpo a ese lento desdén prolongado con el cual precisa y dicta los despojos de su prodigiosa memoria.

Ochenta y un años Pepe…
Cuando se mira para atrás se ve de todo. Se ve que cada vez va quedando más pasado y menos futuro, y eso no es un episodio como para andar celebrándolo. La vejez es una cosa atroz, una frontera alarmante; te has convertido en un viejo y eso te angustia en cierto modo. Has escrito lo que tenías que escribir, has cumplido con tu propia vida, con tus ambiciones y te quedas ya como sentado en tu butaca viendo caer la tarde bajo un árbol en el jardín. Y esa sensación de acabamiento, de postrimería, produce un sentimiento de fin de trayecto, y ya no hay ningún nuevo punto de partida. Todo eso es una cabronada, claro, aparte, claro, del escepticismo, la desgana, las descreencias… Da para mucho la vida de una persona que ha vivido 81 años y se sigue defendiendo de muchas cosas que aparecen cada mañana en la prensa. Basta repasar las noticias del día, esa sarta espantosa de imágenes, guerras miserables, injusticias, lo que pasa con los derechos humanos. Yo trato de recuperar la dignidad de vivir. No quiero convertirme en un viejo cascarrabias, no me gusta, pero cada vez hay una tropa mayor de majaderos, fantoches y tentetiesos. Me dan ataques de cólera que procuro dominar. Pero no tengo edad de aguantarme. Yo soy un ciclotímico literario, así que cuando no escribo me ocupo bastante de la vida cotidiana y de la política, y eso me alarma y me sofoca. Siempre me ha tentado decir lo que pienso, aunque me costara esfuerzos y me proporcionara algún que otro encontronazo. A mí, los años quizá me hayan hecho más temerario en este sentido. Y eso me produce una especie de satisfacción -digamos- de doble filo. Pero de lo único que estoy plenamente satisfecho es de mi obra literaria, que he trabajado con ahínco y creo que con solvencia, y de mi vida privada. Llevo más de media con una mujer que me ha ayudado mucho a no perder el norte.

Usted nació y vivió hasta bien entrada la adolescencia en Jerez de la Frontera…
Ser jerezano es una denominación de origen, una mezcla de buena educación y de ignorancia, yo nací en los años veinte y puedo decir que me gustó nacer entonces. De mi niñez siempre recuerdo la azotea de mi casa, desde donde me asomaba a ese mundo luminoso de Jerez, a las ventanas, las escaleras y los patios de nuestros vecinos, pero lo que bien recuerdo de mi niñez y primera juventud fueron aquellos veranos en Sanlúcar de Barrameda, donde conocí el mar y viví las primeras excitantes escapadas de las domésticas, un descubrimiento del mundo… Luego, en mi adolescencia estuve un año en cama, reposando, y entonces conocí la literatura; un viejo amigo de casa, amante de los libros, me prestó la antología de la poesía española que había hecho Gerardo Diego y los poemas de Juan Ramón Jiménez, y entonces quise ser poeta…

Hijo de cubano y francesa…
Sí, pero sepa usted que no me siento para nada francés, incluso hay algo que repudio en toda esa cultura francesa, no me seduce ni me siento identificado para nada con Francia. Me considero más ligado a mi sangre cubana. Mi padre, Placido Caballero, era de Camagüey. Yo he estado en Cuba varias veces y me he sentido como reencontrando las raíces familiares. Uno de mis cuatro abuelos era andaluz, andaluz de la costa malagueña mediterránea, y seguramente, a través de ese abuelo, me viene esa memoria árabe que cada vez entiendo más vigorosa y más influyente y que desplaza a cualquier otro asidero espiritual respecto a una u otra cultura. Mi madre, Julia, era bisnieta del Vizconde de Bonald, un integrista y un reaccionario de mucho cuidado, pero mi madre era otra cosa, era liberal, extrovertida. Mi padre se dedicaba a los negocios con el vino y por eso me he interesado en su elaboración, su tratamiento, color, pero no desde el punto de vista industrial o químico, sino desde la magia, la alquimia, de alguien que ve cómo la uva se convierte en ese liquido maravilloso que agrada y perturba…

¿Juan Ramón Jiménez?
Si, de Juan Ramón he aprendido casi todo, incluidos sus excesos, y no sólo como poeta sino como prosista. Casi nunca ha dejado de decirme cosas inolvidables. Aunque en alguna ocasión me las haya dicho con escasa ecuanimidad o con excesiva retórica, que eso importa menos. Entre otras cosas, porque cada vez estoy más convencido que muchas de mis trastiendas artísticas, y hasta mi gusto por las infiltraciones neuróticas del lenguaje, dependen en parte de ese ya remoto entrenamiento. Lo cual siempre es muy de agradecer. Desde la Segunda antolojía (Editorial Espasa-Calpe, Madrid, 2002)-el primer libro poético que me dejó absorto- hasta Espacio -uno de los poemas más fascinantes de toda nuestra cultura literaria-, Juan Ramón Jiménez ha sido el supremo y egocéntrico regente, el gran mentor inflexible de casi todo el aparato estético que usó -y sigue usando- la poesía española del siglo XX. Con él se acota una jurisdicción literaria que aún mantiene sus prerrogativas y en la que incluso se integrarán los últimos poetas -puros o impuros, qué más da- que ya esperan tumo en el arrabal didáctico de los manuales.

Pero entiendo que fue José Ignacio Javier Oriol Encarnación de Espronceda y Delgado quien lo hizo hacerse escritor…
Es cierto. En Jerez, en la pequeña biblioteca familiar, descubrí una biografía de Espronceda escrita por Narciso Alonso Cortés, un historiador ya olvidado. Quedé deslumbrado por el personaje, un hombre que había hecho de todo en sus treinta y cuatro años de vida, había luchado en las barricadas de París, fundado una sociedad secreta, estado preso, exiliado por republicano, había sido diputado, guardia de corps, diplomático en Holanda y como si eso fuera poco, se fugó a Lisboa con una muchacha de la que había estado enamorado desde que ella era una niña, hasta cuando ella le dejó y un buen día, paseando por la calle Santa Isabel de Madrid, Espronceda se asomó a una casa donde estaban velando un cadáver y descubrió que la muerta era su ex amante, y entonces escribió su magnífico Canto a Teresa. Yo quise ser como Espronceda. Quería imitarle, pero como era imposible emularle en tantas y tan maravillosas facetas y hazañas, lo que hice fue rivalizar con él en las dos que tenía más a mano: escribir poesía, cosa que me ha durado hasta hoy, y llevar una vida licenciosa, que en aquellos años con la asignación semanal se limitaba a llegar algún día tarde a casa… Y así hasta el sol de hoy…

También quiso ser marino…
Aún ahora sigo siendo muy aficionado al mar. Navego con cierta frecuencia, en Galicia o en Andalucía. La mar ejerce en mí una fascinación muy especial, por todo lo que representa: la libertad absoluta, y también la aventura. Creo que me hice escritor porque soy un aventurero frustrado. Esa afición procede de mis lecturas de Emilio Salgari y Jack London. Hasta donde alcanza mi memoria me veo leyendo a Salgari. Siempre fui muy aficionado a la literatura de aventuras, sobre todo aquellas relacionadas con el mar. He sentido, siento aún, una predilección especial por todos los escritores que eligen el mar como escenario para sus historias. Autores como Stevenson, Conrad, Melville… Todo lo que tuviera que ver con aventuras en la mar me apasionaba…, y cada vez me apasiona más. Yo quería ser un aventurero y la única posibilidad que tenía a mano era hacerme marino, pero luego, como casi todos los muchachos de mi edad de la posguerra, enfermé del pecho, tuve que reposar y ya no estaba en condiciones físicas de ser marino y lo cambié por Filosofía y Letras en Sevilla, que fue como equivocarme de otra manera.

Leer 2ª parte de la entrevista
Leer 3ª parte de la entrevista

Harold Alvarado Tenorio, director de la revista Arquitrave

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Programaciones literarias del mes de febrero de 2008

Estos son los enlaces directos a distintos organismos que realizan actividades literarias durante el mes de enero de 2008.

Ámbito Cultural de El Corte Inglés

Ateneo de Madrid

Biblioteca Nacional de España

Casa de América

Centro Andaluz de las Letras

FNAC

La Casa del Libro

Librerías La Central

Red de Arte Joven de la Comunidad de Madrid

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José Manuel Caballero Bonald, poeta y escritor, nos hablará de su vida y obra en una extensa entrevista realizada por el poeta colombiano Harold Alvarado Tenorio, cedida amablemente a Blog Escritores. Entrevista que publicaremos a partir del próximo 2 de enero de 2008

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Harold Alvarado Tenorio (a la izquierda en la foto), poeta colombiano y director de la prestigiosa revista de poesía Arquitrave, estuvo de visita por España hace unos meses, donde se vio con algunos de sus amigos españoles. Fruto de esa visita es una larga entrevista que le hizo al también poeta y escritor José Manuel Caballero Bonald, y que amablemente nos ha cedido para su publicación en Blog Escritores.

Harold Alvarado Tenorio ha conseguido unas palabras sabias y sinceras que suponen un repaso de la vida y la obra de Caballero Bonald. Pero no sólo, también del grupo poético conocido más tarde como “de los 50”, su unión en torno a la lucha contra el franquismo, los encuentros y desencuentros poéticos de su generación, los cambios que cada uno experimentó con el paso del tiempo… En definitiva, un documento histórico llamado a ser referente en la vida y la obra de Caballero Bonald, pero también de los miembros de su generación poética.

A partir del próximo día 2 de enero, y hasta el día 4, comenzaremos a publicar en Blog Escritores esta interesante entrevista.

En la primera entrega, el 2 de enero de 2008, José Manuel Caballero Bonald habla a Harold Alvarado Tenorio sobre el paso del tiempo en la persona concreta que es el poeta, de su infancia y adolescencia, de la riqueza que ha supuesto para el autor ser hijo de cubano y francesa y nacer y criarse en Jerez de la Frontera (Cádiz) y también de las primeras influencias literarias.

En la segunda, el 3 de enero, Caballero Bonald sufre la Guerra Civil española como una terrible experiencia que marcará su vida; más tarde llega a Madrid con su primer libro y conoce a los que serán sus compañeros de generación, a los que abandona temporalmente para residir unos años en Colombia.

Y el 4 de enero, en la tercera y última entrega, nos habla sobre su propia obra, sobre cómo vivió acontecimientos históricos como la revolución cubana o el largo tránsito del franquismo y su caída definitiva, para finalizar haciendo resumen de los recuerdos de los acontecimientos que más le marcaron en la vida.

Nunca agradeceremos lo suficiente al poeta colombiano Harold Alvarado Tenorio que nos haya cedido esta entrevista, que sin duda va a resultar de mucho interés para nuestros lectores y lectoras.

Francisco Cenamor

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En la Red el número 11, de invierno de 2008, de la revista de poesía ‘Claustro poético’, versión virtual

revista18_small.jpg Desde Jaen nos llega noticia de la revista Claustro poético, cuya versión virtual acaba de ser colgada en la Red en su número 11, invierno de 2008 (leer). La revista está editada por la Asociación cultural del mismo nombre, creada en 1995 por el grupo de poetas Claustro. Incluye un buen número de poemas de poetas relacionados con el grupo poético y otros invitados. También cuelgan información de algunos premios de poesía. Admiten poemas para publicar.

En la web de la Asociación podemos descargarnos también la versión impresa, que va ya por el número 18, y echar un ojo a los números anteriores de la revista.

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Actividades de La Bella Varsovia en Córdoba (España) para finalizar diciembre de 2007: Lectura de cuentos navideños, Encuentros entre editores y escritores, Cabaret poético…

Operación Mantecón 2007
Ese clásico de nuestras vidas que es ‘Operación Mantecón’ regresa. Literatura, música, anís y polvorones, estrenando lugar: nos vemos el sábado 22 de diciembre, a las 20 horas, en AlmaZen (Vial Norte, esquina con Avenida Tipógrafos, 2. Córdoba). Los interesados en leer cuentos navideños, por favor, contactad con Alejandra (alejandra@labellavarsovia.com) hasta el mismo sábado a eso de las cinco de la tarde. Abierta a quien desee escribir, leer, escuchar…

Encuentros entre editores y escritores
El próximo viernes 21, a partir de las 18 horas, volveremos a encontrarnos en el ciclo de encuentros entre editores y escritores ‘Tercera fase’. En esta ocasión contaremos con un representante del Grupo Editorial Almuzara, aún por determinar, y con la autora Matilde Cabello. Nos hablarán de sus experiencias en el mundo editorial, nos aconsejarán… Tenéis toda la información sobre el ciclo en http://www.labellavarsovia.com/tercerafase. Y recordad: la entrada es libre, gratuita y no es necesaria inscripción alguna.

El Cabaret Polaco
Desde La Bella Varsovia, especialista en líos varios, preparamos un suculento cabaret ambulante que combinará poesía, imagen, música, interpretación… Buscamos, para ello, a poetas y artistas visuales (fotógrafos, pintores, videocreadores, grabadores, etcétera). Si eres oriundo o residente en Córdoba (o provincia) y nacido a partir de 1978 (inclusive), puedes enviarnos bien una selección de diez poemas (no importa si inéditos o publicados; tampoco nos importa si tienes algún libro editado o no) más una nota biográfica, bien un dossier de tu obra (preferiblemente en pdf; para otros formatos, especialmente en el caso de los videocreadores, escribidnos antes) acompañado por una nota biográfica o currículo artístico a info@labellavarsovia.com. El plazo finaliza el sábado 22 de diciembre, a las 23.59 horas, y para cualquier duda podéis escribirnos a nuestro mail de contacto.

La Bella Varsovia 

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‘Subiendo la escala de Jacob’, artículo de Almudena Revilla sobre el libro de Felipe Benítez Reyes ‘Mercado de espejismos’, Premio Nadal 2007

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Mercado de espejismos, de Felipe Benítez Reyes (Ediciones Destino, Barcelona, 2007, 398 págs. Premio ‘Nadal’ 2007).

En cada peldaño de nuestra vida encontramos una historia. No siempre es verosímil ni una verdad histórica, sino puro disparate. Episodios que permiten dejar a la mente en una especie de stand by ante tanto suceso que nos confunde. Ficciones descabelladas como las que escribe Felipe Benítez Reyes en su premiada obra Mercado de espejismos. La narración de un misterioso encargo a dos “ladrones de arte”, retirados de la profesión, Corina y Jacob: el robo de las presuntas reliquias de los Reyes Magos.

El autor no sólo parodia a esas novelas pertenecientes a un género híbrido histórico-esotérico-ideológico, sino que también avisa a los navegantes, a aquellos lectores que creen a pies juntillas cualquier falacia. Lo hace partiendo de la “mayor falsificación imaginable”: la realidad. Una intriga, narrada desde la primera persona, que atrapa con un lenguaje que evidencia la maestría del autor y con el que desvela su “oficio”: “Y se alzaba ya la luna, mutilada y menguante, errante daga blanca de la noche, más o menos”.  

La acumulación de datos es una marca distintiva del tipo de narración que trata de parodiar. Benítez Reyes los introduce también en las páginas de este libro, desfigurándolos en función de la tesis que le conviene o que desea exponer en cada momento de su historia. Manipulaciones que llevan a la estrategia de la confusión y de la ambigüedad de lo contado. Lástima que la revisión de las diferentes versiones de lo ocurrido en el relato lo haga repetitivo y lento.

Además del propósito cervantino de la parodia, una serie de preguntas ligadas a las casualidades/causalidades de la vida. ¿El motor de la vida es el efecto dominó? ¿Es un cúmulo de capítulos azarosos? Fenómenos capaces de desencadenar relaciones y acontecimientos muy bien cohesionados. Para ello recurre a un conjunto de personajes interrelacionados. Unos aplazan el momento de ser ellos mismos, otros parecen salidos de un culebrón. Personajes con nombres de poetas, con comportamientos de autómatas o con vidas de novela negra. Personajes como Jacob y Corina abocados a vivir un mismo destino. Corina como llave maestra a la que Jacob se aferra como quien intenta no distanciarse de la realidad.

Y en la memoria de la lectura, la armonía de un texto y, sobre todo, la relación real de los personajes protagonistas, aparentemente invisibles entre ellos durante un tiempo e  imprescindibles siempre. ¡Felices aquellos que conocen a esas personas que completan su existir!

Almudena Revilla

Cobertura del Premio ‘Nadal’ 2007 en El País (leer).

Entrevista al autor en El Cultural (leer).

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Revista de prensa literaria. ‘Babelia’: Alberti y la Generación del 27; Literatura infantil y juvenil. ‘ABC de las Artes y las Letras’: Reseñas de libros. ‘El Cultural’: Ramón María del Valle-Inclán y reseñas de libros. (10-12-2007)

Recién llegado del I Congreso de la Asociación de Escritores Noveles, celebrado el pasado puente de la Constitución en Oviedo, os ofrezco una brevemente mi repaso semanal a la prensa literaria.

Babelia dedica su último número, en literatura, prácticamente a dos temas: Rafael Alberti y la Generación del 27, y la Literatura infantil y juvenil.

Presentan una serie de poemas inéditos (leer), así como un numeroso grupo de artículos referentes tanto a Rafael Alberti como a la Generación del 27 (leer). Y también una serie de artículos y entrevistas sobre la Literatura infantil y juvenil (leer).

Por su parte, ABC de las Letras y las Artes dedica su artículo principal a los 30 años del punk. En lo que se refiere a la parte literaria, nos ofrece su habitual sección de reseñas de libros actuales (leer).

El Cultural nos sorprende con el Valle-Inclán más desconocido (leer). También podemos disfrutar de su habitual sección de reseñas de libros (leer), destacando el libro del histórico comentarista deportivo Julián García Candáu quien acaba de publicar El deporte en la Guerra Civil (Editorial Espasa, 2007) (leer), del que publican el primer capítulo (leer).

Francisco Cenamor

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