Revista de prensa literaria (5-5-2008): Roland Fraser y la guerra de Independencia española. Entrevista a Barry Gifford. Artículos sobre Benjamin Black-John Banville y la novela negra. Biografía de Luis Cernuda y otros libros de poesía. Ryszard Kapuscinski

Magazine: Roland Fraser y la guerra de Independencia española. Siempre es agradable, entre tanto seguidismo patriotero y militarista, escuchar voces discordantes. Es el caso de esta entrevista que la revista Magazine realiza al periodista e historiador inglés Roland Fraser en torno a la guerra de Independencia española frente a la ocupación francesa (leer). Fraser es autor del libro La maldita guerra de España: historia social de la guerra de la Independencia, 1808-1814 (Editorial Crítica, Barcelona, 2006).

ABC de las Artes y las Letras: Entrevista a Barry Gifford. ABC de las Artes y las Letras entrevista al escritor estadounidense Barry Gifford, guionista habitual del cineasta David Lynch, entre otros, en relación a la publicación en España de su libro de relatos Una puerta al río (Editorial La otra orilla, Barcelona, 2008, trad. Luis Murillo). Además de la entrevista (leer), incluye una crítica del libro escrita por Juan Manuel de Prada (leer) y un comentario sobre un libro de poesía de este mismo autor que se editó el pasado año: Las cuatro reinas/ The four queens (Editorial La fábrica, Madrid, 2007, ed. bilingüe de Laura Emilia Pacheco) (leer).

Babelia: Artículos sobre Benjamin Black-John Banville y la novela negra. El escritor irlandés John Banville, bajo el seudónimo de Benjamin Black, acaba de publicar su nueva novela policíaca El otro nombre de Laura (Editorial Alfaguara, Madrid, 2008). Con este motivo, el suplemento cultural Babelia publica una serie de interesantes artículos: entrevista al autor (leer), crítica del libro (leer), primer capítulo del libro (leer), sobre otros libros suyos (leer), sobre literatura irlandesa actual (leer) y sobre literatura policíaca y cine (leer).

El Cultural: Biografía de Luis Cernuda y otros libros de poesía. El Cultural comenta en su último número varios libros de poesía. Voy a destacar un libro, no de poemas, sino una biografía de ese poeta al que, en cierto modo, debo tanto: Luis Cernuda. Es el primer tomo y ha sido galardonado con el XX Premio ‘Comillas’, y está escrito por Antonio Rivero Taravillo: Luis Cernuda. Años españoles (1902-1938) (Tusquets Editores, Barcelona, 2008). El artículo sobre el mismo lo firma el también poeta Luis Antonio de Villena (leer). Y ya que estoy con poesía, os comento los artículos que sobre libros de poesía podemos encontrar en este suplemento: sobre el nuevo libro de Antonio Colinas (leer), sobre la edición de la obra poética completa de Pablo García Baena (leer) y una breve reseña sobre libros de Isabel Escudero, Marc Falkoff y Nuno Júdice (leer).

La Jornada Semanal: Ryszard Kapuscinski. El suplemento cultural mexicano La Jornada Semanal dedica dos extensos artículos a la vida y obra del fallecido escritor y periodista polaco Ryszard Kapuscinski, ejemplo de compromiso con los más desfavorecidos del planeta. Uno de ellos es una biografía (leer) y el otro una entrevista sobre este autor al también escritor y periodista polaco Artur Domoslawski (leer).

Francisco Cenamor

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La bloger Ana Boyero entrevista a nuestro editor, el poeta Francisco Cenamor

Uno de los versos de tu poema ‘De amor y estrellas dice’: “queremos […] escribir poesía sin pasar por el instituto”. Eso es lo que hiciste tú.

Efectivamente, casi todo lo que he hecho en mi vida tiene que ver precisamente con los estudios…, pero yo no he pasado por la enseñanza. Terminé la antigua EGB y fui a trabajar en la carnicería de caballo de mi familia. Sin embargo, he tenido suerte. Por ejemplo, he trabajado de periodista sin tener título.

¿Por qué decides abandonar el colegio a los 14 años?

Mi padre me había convencido de que el negocio familiar era mi futuro. Además, estaba desmotivado porque aprobaba fácilmente con sobresaliente.

Pero podrías haber combinado ambas actividades…

Sí, pero soy un vago. Se me hace eterno estar haciendo lo mismo mucho tiempo, y la enseñanza es un camino largo.

Trabajaste de auxiliar de biblioteca en la Real Academia Española sin tener un título, ¿hubo enchufe?

Claro. Los puestos de la Real Academia Española dependían de una fundación, que es un ente privado, y por lo tanto podían contratar a quien quisieran. La esposa del director de la revista donde trabajaba me avisó de la vacante.

Y se te abrió un universo de libros.

Sí, es una biblioteca impresionante, hay primeras ediciones, incluso manuscritos de José Zorrilla, de Lope de Vega… Yo eso no lo podía leer, claro, pero tenía acceso a las ediciones modernas. Además, los trabajadores teníamos el privilegio de poder llevárnoslas a casa.

¿Cuál es tu poeta favorito?

César Vallejo, indudablemente. Me deslumbra la ternura que tiene ante el ser humano.

¿Y a qué poeta crees que te pareces?

Es difícil, ahora escribimos con un gran eclecticismo y usamos muchas fuentes. Con Luis Cernuda hay mucha similitud con los temas: la realidad y el deseo. Por el tono, sin embargo, me parezco a Mario Benedetti.

¿Cómo es ese tono?

Su poesía tiene un lenguaje muy coloquial; a veces es casi pueril, que roza lo ñoño. Tiene una poesía muy pastelera, pero a la vez muy bonita. Mucha gente tiene poemas suyos escritos en las carpetas o se los manda a sus novios.

A mí me han mandado poemas de Benedetti…

(Risas) ¡Ves!, yo aspiro a eso, a que la gente se mande mis poemas de amor.

En España se lee poca poesía, ¿por qué?

La gente joven odia la poesía, y esto guarda relación con la manera de enfocar el estudio. En las clases se presenta un dogma aburridísimo a la hora de enfrentarse a un poema, y así no se puede acceder a la poesía. Los jóvenes deben ser primero lectores, no críticos. Hay que preguntarles: “¿cómo te hace sentir?”, en lugar de explicarles lo que ha querido decir el autor con sus símbolos.

Muchos se quejan de no entender la poesía.

Ese es el error, tratar de entenderla. Da igual lo que el poeta quiso decir, lo importante es lo que te dice a ti.

En tu biografía aparece un nombre propio: Luis Luna. ¿Qué influencia ha tenido sobre ti?

A la gente le gustan mucho mis poesías, pero, técnicamente, muchas están mal escritas. Entonces conozco a Luis Luna, un poeta muy inteligente que le da mucha importancia a la técnica, y con él empiezo a aprender a escribir. Ahora trato de hacer una poesía esencialista. Actualmente se escribe de un modo muy narrativo, muy reflexivo, hay una presencia terrorífica del yo.

¿Con la presencia del yo te refieres a usar la primera persona?

Sí, escribir en primera persona, hablar de sí mismo y de su propia vida. Luis Luna siempre se pregunta si de verdad los poetas creen que su vida es tan interesante como para contarla. A pesar de todo, creo que volveré a escribir como en los inicios, pero aplicando lo que he aprendido en estos años.

Coeditas Blog Escritores, una bitácora con 2000 visitas al día y, sin embargo, no hay apenas comentarios en un medio donde la interacción con el lector es algo muy enriquecedor.

Sí, es verdad. Nuestra página es más bien informativa: concursos, reseñas, revistas que admiten textos… Los comentarios suelen ser más bien dudas concretas sobre concursos literarios.

Sólo con información de concursos podría hacerse un blog…

Hay muchísimos. En España todo ayuntamiento que se precie tiene un concurso literario. En América Latina, sin embargo, hay muchos menos…, algunos incluso sin premio económico.

¿Y los premios grandes?

Los premios grandes se suelen dar a conocidos, amigos o tutelados de los autores del jurado. Hay premios con una visión muy comercial…

Como el Premio Planeta.

Exacto, yo no puedo decir que esté dado de antemano pero no hay que ser muy listo para darse cuenta de la dinámica de los últimos años: el ganador es un hombre muy conocido que saben que va a vender per se; y para abastecer el mercado femenino se concede el segundo a una mujer joven que no es tan conocida… Este año han cambiado a la mujer joven por un homosexual joven: mercantilismo puro y duro.

¿Qué opinión te merece el escritor como fenómeno de masas: Dan Brown, J.K.Rowling, Carlos Ruiz Zafón…?

La mercantilización ha llegado mas tarde a la literatura, pero es lo normal. Las editoriales se han dado cuenta de que lo que importa no es el libro sino la campaña de publicidad. La mayoría de la gente no se planifica su lectura, el mercado te dice lo que tienes que leer.

Es cómodo hacerse en Navidad con el último de Ken Follet.

Ese es el gran éxito del mercado, que no requiere esfuerzo. El mercado considera que el consumidor es gilipollas, sólo por eso habría que dejar de comprar libros.

En la red se pueden descargar libremente dos libros tuyos.

Sí, regalo mi poesía. El asunto de los derechos de autor me parece un problema: no creo que haya que pagar a alguien cada vez que utilizas su obra. Al autor hay que pagarle por el trabajo realizado. ¿Qué pasa si extendemos el derecho de autor a cualquier cosa? Entonces cada vez que alguien usa una puerta hay que pagar al que la puso ahí. Esa es la filosofía de la SGAE…, castigar el delito antes de que se cometa. De hecho, hay una película que habla sobre eso mismo: Minority Report.

Ramoncín en el papel de Tom Cruise.

Sí, algo así… Qué pena, con lo bien que me caía Ramoncín cuando era punki.

Esta semana has estado dando recitales en institutos de secundaria en Albacete y Orense, ¿qué tal con los “terribles alumnos” de la educación española?

Yo tengo la ventaja de llegar de fuera, sólo estoy con ellos una mañana y te respetan porque llegas con el halo de escritor formal: con zapatos, camisa y chaqueta…

¿Pero mantenías los pendientes?

(Risas) Sí, sí, claro, no hay que perder el toque. En general hay una aceptación bastante buena. Mi poesía es muy adolescente y me es fácil comunicarme con ellos a través de los texto. Es muy gratificante porque ellos se sienten libres al no ser yo un autor conocido ni haber estudios críticos sobre mi obra…, así pueden hacer su propia interpretación sin que el profesor haya emborronado su visión.

¿Te ha dicho algún estudiante que no le gusta tu poesía?

Sí, claro. Siempre hay alguno que te dice que no le ha gustado o que se ha aburrido. Pero con la literatura pasa como con la verdura, que aunque no te guste, es bueno para ti. Hay veces que tenemos que esforzarnos en leer algo que no nos gusta tanto porque podemos encontrar cosas interesantes.

Y lo dice alguien que dejó el colegio a los 14 años y que pasa de las normas…

(Risas) Bueno…, también hay normas que son interesantes, la cuestión es saber discernir cuáles son las importantes.

¿Qué quieres decir con “poesía adolescente”?

Que es pasional y no está terminada, que usa un lenguaje coloquial, muy directo. Tengo una mirada muy inocente sobre el ser humano…, ese apasionamiento, esa ingenuidad es bastante adolescente.

¿Te has ligado a alguna chica con tus poemas?

Soy muy tímido con las mujeres, pero siempre he escrito poemas para regalárselos a las chicas que me gustaban: era mi recurso. Y sí, a veces ha funcionado…, ¡pero tampoco demasiado!

Vives en Leganés ¿también funciona con las juanis y las chonis?

(Risas) Es otro rollo, la choni es una involución, son mujeres jóvenes que buscan una masculinidad agresiva, valentía…, que les metan caña. Con una choni, la poesía no funciona.

Pensarían que eres un cursi.

Es verdad que hay poesía muy cursi, pero precisamente esa es muy atractiva para los adolescentes. Los mejores poemas son los de desamor, la poesía de los enamorados es cursi, es ñoña, es estúpida… Cuando un poeta está enamorado es mejor que no escriba poesía.

A ti te habían predestinado que serías un artista.

Exacto, cuando nací, la comadrona le dijo a mi madre que por mi ombligo yo sería artista y me haría famoso.

¿Cómo es un ombligo de artista?

Ni idea. Además, mi madre tampoco estaba para muchas preguntas…, pero luego curiosamente se cumplió.

Ana Boyero

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José Manuel Caballero Bonald entrevistado por Harold Alvarado Tenorio (2ª parte): “El grupo del 50 fue eso, un grupo… Surgió por complicidad política y de eficacia operativa en Collioure, durante el aniversario de Antonio Machado”

Leer 1ª parte de la entrevista

La Guerra Civil, como a sus compañeros de generación, transformó su vida…
La guerra fue un caos, una barbarie colectiva. La verdad es que creo que nuestra relación con la guerra se materializó a través de la posguerra. En la posguerra hubo el edicto de persecución y muerte al perdedor, y eso fue horroroso. Yo era un niño cuando los acontecimientos, mis recuerdos son muy vagos, pero es que luego ya éramos adolescentes, y la guerra, aunque había acabado, seguía estando ahí, como una presencia terrible, traumática, que afectó a todos los españoles. Y, claro, también a nosotros. El título de mi primer libro de memorias, Tiempo de guerras perdidas (Editorial Alfaguara, Madrid, 2004), tiene un sentido figurado, se refiere a las ilusiones que no se materializan, a los sueños truncados. Pero también tiene un sentido real, el de la propia guerra perdida. Porque, al finalizar la guerra, se suponía que yo pertenecía al bando de los vencedores por mis orígenes, por mi familia, pero poco a poco empecé a sentirme del lado de los vencidos. Otro hecho es la censura, durante mi juventud eché de menos muchos textos. A medida que crecía y me aficionaba a leer, iba teniendo noticias de escritores, sobre todo poetas del 27..,. y a esos textos no se podía acceder. Libros de Cernuda, de Alberti, del mismo Lorca.., vamos, todas aquellas páginas maravillosas que estaban fuera de la circulación. Entonces, a través de algún amigo que había salvado de la quema -en muchas ocasiones, de la quema real- yo fui leyendo aquellos autores prohibidos, falazmente censurados por la censura franquista. Al principio yo no entendía muy bien por qué aquellos libros estaban prohibidos. Por aquel entonces yo era todavía muy joven, y mis ideas políticas no estaban lo que se dice definidas. No le daba muchas vueltas al hecho de que ciertos libros estuvieran fuera de la circulación. Simplemente pensaba que, bueno, que eran autores que habían perdido la guerra, que estaban en el exilio…Me limitaba a soportar esas carencias, esa falta de determinados libros, pero reconozco que no hacía ningún tipo de crítica. Las críticas vinieron después.

Y vino el viaje a Madrid…
Llegué a Madrid con mi primer libro, Las adivinaciones (Madrid, 1952), que ganó el Premio ‘Platero’ y un accésit del ‘Adonais’. Fue una llegada muy triste, era una ciudad con restricciones de luz, medio en penumbra, existía la cartilla de racionamiento, había que comer en los restaurantes económicos. Era un Madrid muy sórdido y muy triste. Gris. Un ambiente muy hostil en la calle. Allí, en el Colegio Mayor Nuestra Señora de Guadalupe conocí a Valente y Goytisolo y a Hernando Valencia Goelkel, Jorge Gaitán Durán y Ernesto Mejía Sánchez, que fueron mis amigos y por quienes conocería buena parte de América Latina. Fueron esos los años cuando comencé a tener cierta conciencia política. En la milicia naval universitaria, un período que duraba tres veranos, fui testigo de tantos disparates en la organización militar…, esas jerarquías, ese sentido de la obediencia… Bueno, todo aquello fue provocándome un prurito de enfrentamiento a una ideología que empezaba a encontrar disparatada. A través de ese encono personal, y todavía sin una conciencia política clara, yo me fui enfrentando a toda una situación social de la España de la época. Luego ya el proceso político real se materializó de la mano de Dionisio Ridruejo, que fue un personaje al que yo quise mucho, y al que estábamos unidos un grupo de personas como Moreno Galván, Juan Benet, Fernando Baeza, Pepín Vidal Beneyto, para mí fue como el foco de donde arrancó mi actitud política antifranquista. Con Dionisio compartí yo muchas cosas…, incluso la cárcel, en el año 64. Así me vinculé a la lucha antifranquista.

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Miembros también de la Generación del 50, a la cual usted pertenecería…
El grupo del 50 fue eso, un grupo. Generación, de ninguna manera. Sólo era un grupo dentro de una generación. Éramos ocho o nueve poetas y el correlato de los novelistas: García Hortelano, Marsé, Grosso, Zúñiga, Ferres, etc. El concepto de grupo dentro de una generación ha tenido una importancia cada vez más notoria en la evolución de la poesía española y además creo que había algunos miembros de esa generación -como podían ser Barral o Gil de Biedma- que eran realmente unos hombres cultos, petulantes, unos eruditos insolentes, críticos de la cultura, personas que hablaban tres o cuatro idiomas. Un grupo diezmado por la fatalidad y un tanto autodestructivo, con tendencia a hacer lo contrario de lo que parece convencionalmente recomendable.

Surgió por complicidad política y de eficacia operativa en Collioure, durante el aniversario de Antonio Machado. Entonces Carlos Barral decidió que se iba a publicar una antología recogiendo la actitud del grupo, que es lo que en cierto modo fue verdad. Yo creo que el grupo surge porque realmente éramos amigos, unos más que otros, como siempre ocurre y luego teníamos muchas cosas en común. Una actitud moral frente a la dictadura. El respeto mutuo, más o menos la misma estatura… Leíamos los mismos libros. Procedíamos de un medio universitario y luego nos unió sobre todo la lucha contra la dictadura. Era un factor de cohesión de innegable importancia. Era el tiempo de la utopía. Afortunadamente, la utopía se defendía. Luego fue como una esperanza aplazada. Esa lucha, esa oposición al régimen de Franco fue lo que de verdad nos unió. Porque teníamos muchas cosas en común, sí, traíamos con nosotros una nueva manera de vivir…, y de beber, porque teníamos una tendencia manifiesta al consumo de bebidas alcohólicas. Pero luego la procedencia universitaria, el origen familiar, la necesidad de restaurar una realidad cultural que la guerra había interrumpido… Esos factores, qué duda cabe, sirvieron para unirnos. Pero sobre todo nos mantenía como una piña el deseo de demostrar nuestra oposición a la dictadura, a una situación que no comprendíamos.

Iniciamos el mestizaje, una tradición hecha de otras tradiciones, españolas y también en este caso anglosajona. Pero las afinidades literarias, aunque en teoría iban por el mismo camino, o por caminos próximos, tampoco me parecen muy destacables. Hubo, eso sí, durante algún tiempo, algo común que tenía una manifiesta justificación histórica: la pretensión de usar literatura como un instrumento de agitación social. No olvide, Alvarado, que estábamos luchando y escribiendo en unas circunstancias absolutamente angustiosas: persecuciones, encarcelamientos… Cultivamos una auténtica literatura de la resistencia, condicionada por las secuelas de la situación policíaca del franquismo. Había que sortear la censura con eufemismos, medias palabras, claves, sin explicar las cosas directamente. Todo eso repercutió en perjuicio de la propia literatura. Pero todo eso también acabó dejándose llevar por la desgana, el escepticismo. Éramos muy distintos literariamente hablando. Gil de Biedma tiene poco que ver con Barral, o con Valente… Yo nada con Goytisolo. Pero éramos muy amigos, nos reuníamos con frecuencia, hablábamos…, éramos muy aficionados a trasnochar, éramos noctámbulos, desobedientes, insumisos. Y que Barral fuera editor y a través de la editorial canalizara nuestras primeras obras fomentó, digamos, una sensación de solidaridad entre nosotros.

¿Cuáles, de ellos, fueron sus más cercanos?
Mis grandes amigos fueron Ángel González y Juan García Hortelano. Con Barral, que además fue mi primer editor, mantuve también una relación de amistad imperturbable. Con los Goytisolo, muy estrechas, sobre todo con los dos hermanos mayores, a quienes conocí en la Universidad.

Pepe Valente, al que conocí cuando éramos estudiantes, era una persona muy compleja. Yo lo quise mucho. Anduvimos por medio mundo y nos reímos mucho juntos. En ocasiones, no obstante, era esquinado, y cuando se retiraba a sus cuarteles de invierno resultaba una persona bastante incómoda. Con él tuve más afinidades por el lenguaje. Como a él, nunca me ha gustado la poesía obvia, explícita, directa, la narratividad que ahora está muy en boga. Esa poesía no me interesa. Me gusta el riesgo de trabajar con el lenguaje y en eso Valente ha sido un maestro. Como lo fue también en cierto modo con Carlos Barral, poéticamente hablando. Pero también con Paco Brines y Gil de Biedma, cuya obra tiene una eficacia mayor porque además de hacer política hacía buena literatura acusando una serie de episodios de su vida personal enfrentados a una situación histórica y eso permanece.

Luego vendrían los intensos años de Colombia…
Tengo la convicción que aquellos tres años pautaron mi futuro y fijaron los modelos de las despedidas de la juventud y los anticipos de la madurez. Fueron años decisivos, tuve mi primer hijo, escribí mi primera novela, me vinculé al grupo que hacía la revista Mito, me adentré en el mestizaje, que ha sido siempre un factor esencial para mí. No obstante, veo aquella época como muy lejana. Cuando me fui a Colombia quería ser sólo poeta, pero una vez allí, empezaron a intensificarse mis recuerdos, era la época del realismo social, y quise escribir una novela donde se reflejara mi experiencia en ese mundo: las viñas y las bodegas de Jerez que tenía muy cerca por razones familiares y que era un tema que se compadecía muy bien con la intención de denuncia… Y quizás influyeran también algunos de los eventos de entonces, como aquella sobremesa cuando Eduardo Carranza, raro espécimen de falangista colombiano que siempre que bebía mostraba una acusada tendencia a la elasticidad ósea y la expulsión de la dentadura, comenzó a alabar a Franco en términos que parecían emanados de la boca de Fraga Iribarne, su protector, y yo comencé a endilgarle los mas subidos improperios que causaron un detallado informe contra mí de la embajada de España en Bogotá, considerándome elemento peligroso, porque además, escribía yo en El Espectador artículos sobre las campañas represivas del franquismo. Ni olvido algunas de las mujeres que conocí esos años, como aquella española, Alicia Baraibar, que estuvo casada con un poeta diplomático y gobernador imitador de Eliot, y que como Elvira Mendoza, Rita Agudelo, Marta Traba, Gloria Zea y Sonia Osorio, con su tono libertario, predicaban el amor libre, amaban el cine erótico francés de Cofram y les encantaba divertirse.

Leer 3ª parte de la entrevista

Harold Alvarado Tenorio, director de la revista Arquitrave


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