Número de abril de 2008, el 36, de la revista colombiana de poesía ‘Arquitrave’, dedicado a la poesía iraquí actual

Casi nos quedamos sin reseñar el número 36, de abril de 2008, de la revista colombiana de poesía Arquitrave, dirigida por el poeta Harold Alvarado Tenorio, ocasional colaborador del Blog Escritores. Y hubiese sido una pena porque este número es una de esas joyitas que uno no puede perderse, por el difícil acceso de la poesía que trata: nada menos que un especial sobre poesía iraquí actual.

Es importante no dejar de leer el artículo sobre la poesía iraquí actual e histórica que ha escrito para este número el profesor de Lengua y Literatura árabe, residente en Madrid (España) Mushin Al-Ramli, codirector de la revista Alwah, escrita en lengua árabe, y traductor de la mayoría de los poemas incluidos en esta revista.

Para entrar en la revista pincha aquí. Y si quieres descargarte este nuevo número en formato pdf, pincha aquí.

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Ya podemos disfrutar en Internet del número 16, de abril de 2008, de la revista gratuita argentina ‘Gaceta literaria virtual’

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Dirigida por la poeta argentina Norma Segades-Manias, la Gaceta literaria virtual acaba de colgar su número 16 con los contenidos habituales: relato, poesía y ensayo literario. La mayoría de los autores y autoras suelen ser de Rosario, pero también incluyen textos llegados desde otros puntos de Argentina, así como desde España, Colombia, Paraguay, Chile, Perú, Uruguay, México, Polonia… Los textos están amenizados con las pinturas del holandés Vincent van Gogh.

De entre los muchos autores y autoras presentes en este número destacamos a nuestra amiga poeta y dibujante madrileña Leticia Vera y al poeta colombiano, colaborador ocasional del Blog Escritores y director de la prestigiosa revista de poesía Arquitrave, Harold Alvarado Tenorio.

Por cierto, sigue abierto su concurso literario internacional para mujeres poetas ‘Los puños de la paloma’. Más información pinchando aquí.

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Nuevo número de la revista colombiana Arquitrave, editado a finales de febrero de 2008 (edición digital gratuita)

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Ya podemos disfrutar de un nuevo número, el 35,  de la revista colombiana Arquitrave, dirigida por el poeta Harold Alvarado Tenorio.

La portada y el artículo principal están dedicados al poeta dominicano Alexis Gómez Rosa, de quien podremos leer algunos textos. También incluye poemas de poetas estadounidenses, ingleses, colombianos, mexicanos, españoles, irlandeses y argentinos.

Podemos leer también un interesante artículo del director de la revista sobre los premios literarios (leer artículo) y también diversos artículos sobre actualidad política. Y, por supuesto, podemos investigar por la página e ir descubriendo la gran cantidad de autores que se han ido publicando y que han dejado su huella poética en la revista.

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José Manuel Caballero Bonald entrevistado por Harold Alvarado Tenorio (y 3ª parte): “Si un escritor no es exigente y riguroso con el uso del lenguaje, es porque no tiene ni puta idea de su oficio”

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Leer 1ª parte de la entrevista
Leer 2ª parte de la entrevista 

Hablemos ahora de los géneros, de la poesía, la narrativa, las memorias….
Cada día me convenzo y estoy dispuesto a admitir que no existen los géneros. Creo que lo que llamamos géneros literarios tienen mucho que ver con el artificio, las estratagemas, las trampas retóricas. Un poema es la máxima temperatura que puede alcanzarse con el manejo de la lengua. La música es esencial en la poesía, sin música no hay poesía. La poesía, aparte de un hecho lingüístico, es una especie de mezcla desigual de música y matemáticas. Yo me siento identificado con un poema cuando se me abre una puerta, se rompe un sello y me asomo a un mundo que me descubre algo emocionante y desconocido. Alguna vez dije que los temas son como el ingrediente superfluo de un todo fundamentalmente definido por el tratamiento literario que se le dé. O sea, que sigo pensando que la poesía es un hecho lingüístico. El argumento, la verdad de la poesía, se genera a medida que se hace el poema. Por eso mismo un poema no se termina nunca de corregir, puede ser corregido cada vez que lo relees.

Las memorias son otro género de ficción, como lo es la poesía y la novela. Todo el que recuerda se equivoca de algún modo, sobre todo porque resulta imposible reconstruir lo ocurrido tal como ocurrió. Hay lagunas, olvidos, y hasta recuerdos ajenos de los que te apropias, recuerdos falsos… Y mi obra debe mucho a la memoria. Si perdiese la memoria no escribiría.

La novela, como buena parte la poesía actual, descuida el lenguaje en beneficio del asunto, del cuento en vez del canto….
Hoy circula por ahí una cierta tendencia a depreciar el papel del escritor en beneficio del papel del informador. Yo detesto radicalmente y por principio, cualquier tipo de copia de la realidad. A mí todo eso me parece una estupidez, una de esas modas que se inventan los mediocres. Si un escritor no es exigente y riguroso con el uso del lenguaje, es porque no tiene ni puta idea de su oficio. Otra cosa es que el escritor deba, sin olvidar el oficio, ser un crítico de la sociedad, del poder, del signo que sea. No es que el escritor tenga que proponérselo previamente, es que traspasará siempre a su obra su propia ideología. Pero a mí lo que me interesa es la literatura considerada como obra de arte, la prosa narrativa de alcance artístico. Una palabra bien elegida puede significar poéticamente más de lo que significa en los diccionarios. La ironía, que depende del estilo, de la forma, incluso de la sintaxis, es para mí una suerte de método de interpretación de la realidad, y una literatura sin ironía, sin sentido mínimo del humor queda a trasmano, como si fuera para predicadores…

Vendrían luego los interminables días del franquismo…
Durante esa época he estado bastantes temporadas fuera de España. Estuve en Colombia, luego he vivido en Francia y Cuba. Cuando yo desperté a la política y a la realidad española en tiempos de Franco, mi obra se empobrece, se empobrece incluso deliberadamente porque suponía, con disculpable desenfoque, que era mucho más importante denunciar algo de lo que estaba ocurriendo a través de la literatura. Lo que no publicaban los periódicos, procuré registrarlo de alguna manera en mi obra. Entonces, la novela que publiqué en tiempos del franquismo más exacerbado, más opresivo, y un libro de poemas, adquieren un valor más ético que estético. Yo me preocupaba que en mi obra se filtrara la condición de una persona que estaba luchando contra el sistema, que estaba en la resistencia, digamos, con muchos escritores de mi generación. Fuimos encarcelados, perseguidos, silenciados…, Todo eso naturalmente se refleja en algún libro mío, porque en ese tiempo creí que era más honesto acusar literariamente la realidad española que preocuparme de las contradicciones estéticas de mi obra. Sólo cuando se supera la etapa franquista, vuelvo a recuperar lo que me había sugestionado siempre en literatura.

Vista ahora, con frialdad y sin apasionamiento, veo aquella época como una especie de mediocridad ambiental. Todo parecía mezquino y de una hostilidad soterrada, sobre todo para los que estaban en la lucha antifranquista. Tampoco hay que negar que, al lado de eso, la libertad interior de cualquier artista es tanta que puede más que cualquier control externo. Por eso pensábamos que nosotros aportábamos a esa mediocridad una nueva forma de vivir y de beber.

Usted bien puede decir ‘confieso que he bebido…’
Porque aparte de la actividad antifranquista, estaba esa especie de autodestrucción que acabó con casi todos los miembros de aquel grupo de amigos… Ahí se filtraban muchas cosas, el aburrimiento, la necesidad de ir en contra de los convencionalismos, de soliviantar a conciencias timoratas, de enfrentarse al orden establecido, a la moralina ambiental… De todo eso había. Yo he sido muy hedonista, me gustaban los placeres que alegran la vida, que hacen soportable las desdichas y atropellos de la historia, me gusta beber, he buscado placeres de éstos, pequeños placeres, que te puede ofrecer la vida cotidiana, enfrentado a un mundo hostil, a un mundo en guerra, en manos de un ignorante como el señor Bush, peligroso ignorante, fanático del eje del mal. Todo eso me produce escalofrío y procuro, aparte de tomar partido, contrarrestar los malos efectos de todo eso con los buenos efectos del hedonismo.

Hablemos de dos de sus libros, primero Ágata ojo de gato
Sigue siendo mi novela favorita, creo que logré hacer lo que quería, creo que es la manifestación de un mito, de la mater terra que castiga a todo aquel que pretende ultrajarla y me inventé esa historia medio legendaria. Ágata ojo de gato (Editorial Seix Barral, Barcelona, 2007) es un intento de sustituir la historia por sus presuntas equivalencias mitológicas, pero siempre manteniendo esa realidad que responde a la historia verídica del Coto de Doñana. Además con ese libro me ocurrió, y eso sí que era mágico no por el método literario sino por sus consecuencias, que conocí a personajes después de haber escrito la novela que eran un reflejo fiel de los que yo me había inventado y eso es muy inquietante y muy apasionante. Conocer en la vida real a personajes de ficción, tuyos, propios, provoca entusiasmo e inquietud.

En sus libros, el Coto de Doñana se llama Argónida…
Argónida es para mí una referencia humana ineludible, una complicidad onomástica y buena parte de las memorias las escribí frente a ese paisaje para mí irreemplazable. Es el paisaje natural de buena parte de mi biografía, de mi educación sentimental. Ahora me paso medio año frente a Doñana y eso me ayuda a ir tirando. Cada uno tiene su paraíso privado, y para mí ese paraíso es Argónida. Me inventé ese nombre, con sus deliberadas resonancias clásicas o mitológicas, porque quería buscarle a la realidad de un paisaje, de un mundo concreto, ciertas equivalencias legendarias. A mí no me atraía para nada reflejar la realidad de ese mundo, sino elaborar una aproximación artística, una interpretación distinta de ese mundo. La realidad se me antojaba tan obvia, tan insuficiente, que tenía que cambiarla hasta de nombre. Pero las amenazas de deterioro son constantes por parte de los abanderados del progreso inhumano. Doñana siempre ha estado rodeada de acosos a su integridad, a su equilibrio natural. Yo ando siempre un poco haciendo las veces de centinela privado, y eso me alivia de tensiones.

Con Descrédito del héroe hecha por la borda la poesía que privilegia el asunto contra la melodía…
Por supuesto. Hace ya tiempo que procuré orientar mi poesía en ese sentido. Nunca me sentí atraído ni por el realismo de vuelo rasante ni por toda esa tabarra del coloquialismo. Y detesto el costumbrismo, venga de donde venga. Eso que llaman la “posmoderna elegía sentimental” me suena a conserva de mermelada. Descrédito del héroe (Bartleby Editores, Madrid, 2007) contiene una serie de temas que yo creo están en mi poesía de todos los tiempos, vamos, desde que empecé a escribir poesía. Aquí está más exacerbada la preocupación por rastrear en una zona muy concreta de la experiencia, de mi propia experiencia; este libro tiene algo de memorial nocturno, donde pretendo dar forma literaria a una serie de fijaciones, de obsesiones críticas. En el fondo, el libro posee ciertos dispositivos de crítica moral de las instituciones; sobre todo en lo que se refiere al deseo de desmontar ese crédito tan poco estable sobre la figura del héroe. En su sentido más amplio: el héroe tanto como protagonista de una situación, como arquetipo de esos ídolos de barro inventados por una sociedad caduca, abolida, como era la sociedad española de los años sesenta. Yo soy un lector y un gustador inagotable de los textos clásicos griegos y latinos desde Homero hasta los poetas de la Roma decadente, pasando luego por muchas zonas de esa cultura mediterránea que llega hasta Kavafis. Yo intento, a través del propio lenguaje, aclararme mi propia experiencia, ejercer una crítica de ese lenguaje que me sirva a la vez para investigar en mis fijaciones, en mis fantasmas temáticos; en ese caso el sexo está muy elaborado en el libro; el sexo, la crítica moral y, en cierto sentido, el deseo de aproximarse a una realidad que desconozco.

Libros que parecen más escritos por un latinoamericano que por un peninsular…
Es posible… A lo mejor es un contagio cubano-colombiano. Aparte de García Márquez y de José Eustasio Rivera, me siento muy ligado a dos escritores cubanos: Carpentier y Lezama Lima, que son muy distintos pero en el fondo coinciden en algo de esa fascinación tropical, de ese criollismo que fermenta en el lenguaje. A pesar de que sus poéticas sean muy distintas me han servido de estímulo fundamental y creo que en ese sentido también me siento muy cubano, me siento heredero de una forma digamos antillana de trasplantar a la literatura el mundo vivido. Si tuviese que reconocer un padre literario diría sin pensarlo dos veces el nombre de Alejo Carpentier; su lectura me emocionaba y contenía a la vez, así como en Lezama Lima encontraba la forma de mi tradición barroca en medio del presente. La poética de Lezama está simultáneamente incorporada a su poesía y a su obra narrativa. Paradiso es un libro fascinante. Hay allí páginas que son poemas deslumbrantes, que no creo que se hayan producido en toda la literatura castellana del siglo XX. A lo mejor en algún recodo de la obra de Valle-Inclán pueda descubrirse la misma garantía de invención, la revitalización de la lengua. Yo he defendido el barroco toda la vida porque reivindico mi historia, mis tradiciones. Andalucía es barroca desde Góngora hasta la Catedral de Cádiz, no creo que lo barroco sea algo confundible con la retórica, con lo ampuloso o artificial. Ya le he dicho que todo lo que no es barroco es periodismo.

Usted admiró mucho la Revolución Cubana…
Cuando triunfó la revolución, en los años 1959, 1960 y 1961, Cuba fue un punto de referencia ejemplar en muchos aspectos. Luego la revolución cubana ha dado muchos virajes, muchos bandazos. Hoy es difícil que uno defienda lo que está ocurriendo en Cuba, la dictadura de Castro, pero en aquellos años era un ejemplo de dignificación social. Las transformaciones en el orden educativo, en el orden sanitario, eran magníficas; pero, poco a poco, todo eso fue declinando hacia otro tipo de actitudes. Castro es alguien absolutamente incapacitado para evolucionar, para dar un nuevo viraje a la política interior cubana. Yo no puedo estar de acuerdo con la actual Cuba, pero estuve muy de acuerdo con la Cuba triunfante después de la revolución. Ha sido una decepción para mí y para muchos. Me irrita tanto como me irritan los anticastristas. Me pasé media vida en la lucha antifranquista, pero la dictadura castrista sólo la defendí en su primera etapa.

Y sigue fungiendo, a su edad, de radical, incluso ha publicado un Manual de infractores(Editorial Seix Barral, Barcelona, 2005)
Sí, me considero un radical. Cuando hice el libro de Espronceda me agradaba todo eso que tenía el romanticismo de insumisión, de rebelión contra una sociedad retrógrada, inmovilizada por el influjo de la tradición. Yo detesto a los obedientes, los sumisos, los bien pensantes, a los gregarios, los curas neo franquistas, los adictos a la intolerancia, a la mentira, a los fundamentalismos…, a todos esos botarates que aceptan sin rechistar lo que les mandan y van por ahí con la divisa del pensamiento único. Para ellos vivir al borde de la vida o es un delito o un pecado… Escribir bien es una forma de rebeldía, un ajuste de cuentas, de resistencia contra los acosos de una realidad que consideras detestable. A lo mejor se escribe para que alguien, una persona concreta, se indigne con lo que dices y también para que alguien se alegre compartiendo tus ideas.

Ahora dígame, para terminar, cuales son los recuerdos más recurrentes de su vida en estos ochenta y un años cumplidos…
El registro de mi casa por los falangistas. Una atrocidad, gente maleducada y violenta. Luego, la muerte de mi madre. Yo perdí allí algo. No había cumplido como hijo, eso siempre se piensa. Y, después, la cárcel, la temporada que pasé en Carabanchel. Era el año 1964, habíamos presidido una asamblea por la amnistía de los presos políticos, en la Facultad de Derecho. Una claustrofobia fatal. Miedo de que se olvidaran de mí. Quedarte allí con la barba crecida, envejeciendo, solo…

Madrid, octubre 2 de 2007

Harold Alvarado Tenorio, director de la revista Arquitrave

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José Manuel Caballero Bonald entrevistado por Harold Alvarado Tenorio (2ª parte): “El grupo del 50 fue eso, un grupo… Surgió por complicidad política y de eficacia operativa en Collioure, durante el aniversario de Antonio Machado”

Leer 1ª parte de la entrevista

La Guerra Civil, como a sus compañeros de generación, transformó su vida…
La guerra fue un caos, una barbarie colectiva. La verdad es que creo que nuestra relación con la guerra se materializó a través de la posguerra. En la posguerra hubo el edicto de persecución y muerte al perdedor, y eso fue horroroso. Yo era un niño cuando los acontecimientos, mis recuerdos son muy vagos, pero es que luego ya éramos adolescentes, y la guerra, aunque había acabado, seguía estando ahí, como una presencia terrible, traumática, que afectó a todos los españoles. Y, claro, también a nosotros. El título de mi primer libro de memorias, Tiempo de guerras perdidas (Editorial Alfaguara, Madrid, 2004), tiene un sentido figurado, se refiere a las ilusiones que no se materializan, a los sueños truncados. Pero también tiene un sentido real, el de la propia guerra perdida. Porque, al finalizar la guerra, se suponía que yo pertenecía al bando de los vencedores por mis orígenes, por mi familia, pero poco a poco empecé a sentirme del lado de los vencidos. Otro hecho es la censura, durante mi juventud eché de menos muchos textos. A medida que crecía y me aficionaba a leer, iba teniendo noticias de escritores, sobre todo poetas del 27..,. y a esos textos no se podía acceder. Libros de Cernuda, de Alberti, del mismo Lorca.., vamos, todas aquellas páginas maravillosas que estaban fuera de la circulación. Entonces, a través de algún amigo que había salvado de la quema -en muchas ocasiones, de la quema real- yo fui leyendo aquellos autores prohibidos, falazmente censurados por la censura franquista. Al principio yo no entendía muy bien por qué aquellos libros estaban prohibidos. Por aquel entonces yo era todavía muy joven, y mis ideas políticas no estaban lo que se dice definidas. No le daba muchas vueltas al hecho de que ciertos libros estuvieran fuera de la circulación. Simplemente pensaba que, bueno, que eran autores que habían perdido la guerra, que estaban en el exilio…Me limitaba a soportar esas carencias, esa falta de determinados libros, pero reconozco que no hacía ningún tipo de crítica. Las críticas vinieron después.

Y vino el viaje a Madrid…
Llegué a Madrid con mi primer libro, Las adivinaciones (Madrid, 1952), que ganó el Premio ‘Platero’ y un accésit del ‘Adonais’. Fue una llegada muy triste, era una ciudad con restricciones de luz, medio en penumbra, existía la cartilla de racionamiento, había que comer en los restaurantes económicos. Era un Madrid muy sórdido y muy triste. Gris. Un ambiente muy hostil en la calle. Allí, en el Colegio Mayor Nuestra Señora de Guadalupe conocí a Valente y Goytisolo y a Hernando Valencia Goelkel, Jorge Gaitán Durán y Ernesto Mejía Sánchez, que fueron mis amigos y por quienes conocería buena parte de América Latina. Fueron esos los años cuando comencé a tener cierta conciencia política. En la milicia naval universitaria, un período que duraba tres veranos, fui testigo de tantos disparates en la organización militar…, esas jerarquías, ese sentido de la obediencia… Bueno, todo aquello fue provocándome un prurito de enfrentamiento a una ideología que empezaba a encontrar disparatada. A través de ese encono personal, y todavía sin una conciencia política clara, yo me fui enfrentando a toda una situación social de la España de la época. Luego ya el proceso político real se materializó de la mano de Dionisio Ridruejo, que fue un personaje al que yo quise mucho, y al que estábamos unidos un grupo de personas como Moreno Galván, Juan Benet, Fernando Baeza, Pepín Vidal Beneyto, para mí fue como el foco de donde arrancó mi actitud política antifranquista. Con Dionisio compartí yo muchas cosas…, incluso la cárcel, en el año 64. Así me vinculé a la lucha antifranquista.

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Miembros también de la Generación del 50, a la cual usted pertenecería…
El grupo del 50 fue eso, un grupo. Generación, de ninguna manera. Sólo era un grupo dentro de una generación. Éramos ocho o nueve poetas y el correlato de los novelistas: García Hortelano, Marsé, Grosso, Zúñiga, Ferres, etc. El concepto de grupo dentro de una generación ha tenido una importancia cada vez más notoria en la evolución de la poesía española y además creo que había algunos miembros de esa generación -como podían ser Barral o Gil de Biedma- que eran realmente unos hombres cultos, petulantes, unos eruditos insolentes, críticos de la cultura, personas que hablaban tres o cuatro idiomas. Un grupo diezmado por la fatalidad y un tanto autodestructivo, con tendencia a hacer lo contrario de lo que parece convencionalmente recomendable.

Surgió por complicidad política y de eficacia operativa en Collioure, durante el aniversario de Antonio Machado. Entonces Carlos Barral decidió que se iba a publicar una antología recogiendo la actitud del grupo, que es lo que en cierto modo fue verdad. Yo creo que el grupo surge porque realmente éramos amigos, unos más que otros, como siempre ocurre y luego teníamos muchas cosas en común. Una actitud moral frente a la dictadura. El respeto mutuo, más o menos la misma estatura… Leíamos los mismos libros. Procedíamos de un medio universitario y luego nos unió sobre todo la lucha contra la dictadura. Era un factor de cohesión de innegable importancia. Era el tiempo de la utopía. Afortunadamente, la utopía se defendía. Luego fue como una esperanza aplazada. Esa lucha, esa oposición al régimen de Franco fue lo que de verdad nos unió. Porque teníamos muchas cosas en común, sí, traíamos con nosotros una nueva manera de vivir…, y de beber, porque teníamos una tendencia manifiesta al consumo de bebidas alcohólicas. Pero luego la procedencia universitaria, el origen familiar, la necesidad de restaurar una realidad cultural que la guerra había interrumpido… Esos factores, qué duda cabe, sirvieron para unirnos. Pero sobre todo nos mantenía como una piña el deseo de demostrar nuestra oposición a la dictadura, a una situación que no comprendíamos.

Iniciamos el mestizaje, una tradición hecha de otras tradiciones, españolas y también en este caso anglosajona. Pero las afinidades literarias, aunque en teoría iban por el mismo camino, o por caminos próximos, tampoco me parecen muy destacables. Hubo, eso sí, durante algún tiempo, algo común que tenía una manifiesta justificación histórica: la pretensión de usar literatura como un instrumento de agitación social. No olvide, Alvarado, que estábamos luchando y escribiendo en unas circunstancias absolutamente angustiosas: persecuciones, encarcelamientos… Cultivamos una auténtica literatura de la resistencia, condicionada por las secuelas de la situación policíaca del franquismo. Había que sortear la censura con eufemismos, medias palabras, claves, sin explicar las cosas directamente. Todo eso repercutió en perjuicio de la propia literatura. Pero todo eso también acabó dejándose llevar por la desgana, el escepticismo. Éramos muy distintos literariamente hablando. Gil de Biedma tiene poco que ver con Barral, o con Valente… Yo nada con Goytisolo. Pero éramos muy amigos, nos reuníamos con frecuencia, hablábamos…, éramos muy aficionados a trasnochar, éramos noctámbulos, desobedientes, insumisos. Y que Barral fuera editor y a través de la editorial canalizara nuestras primeras obras fomentó, digamos, una sensación de solidaridad entre nosotros.

¿Cuáles, de ellos, fueron sus más cercanos?
Mis grandes amigos fueron Ángel González y Juan García Hortelano. Con Barral, que además fue mi primer editor, mantuve también una relación de amistad imperturbable. Con los Goytisolo, muy estrechas, sobre todo con los dos hermanos mayores, a quienes conocí en la Universidad.

Pepe Valente, al que conocí cuando éramos estudiantes, era una persona muy compleja. Yo lo quise mucho. Anduvimos por medio mundo y nos reímos mucho juntos. En ocasiones, no obstante, era esquinado, y cuando se retiraba a sus cuarteles de invierno resultaba una persona bastante incómoda. Con él tuve más afinidades por el lenguaje. Como a él, nunca me ha gustado la poesía obvia, explícita, directa, la narratividad que ahora está muy en boga. Esa poesía no me interesa. Me gusta el riesgo de trabajar con el lenguaje y en eso Valente ha sido un maestro. Como lo fue también en cierto modo con Carlos Barral, poéticamente hablando. Pero también con Paco Brines y Gil de Biedma, cuya obra tiene una eficacia mayor porque además de hacer política hacía buena literatura acusando una serie de episodios de su vida personal enfrentados a una situación histórica y eso permanece.

Luego vendrían los intensos años de Colombia…
Tengo la convicción que aquellos tres años pautaron mi futuro y fijaron los modelos de las despedidas de la juventud y los anticipos de la madurez. Fueron años decisivos, tuve mi primer hijo, escribí mi primera novela, me vinculé al grupo que hacía la revista Mito, me adentré en el mestizaje, que ha sido siempre un factor esencial para mí. No obstante, veo aquella época como muy lejana. Cuando me fui a Colombia quería ser sólo poeta, pero una vez allí, empezaron a intensificarse mis recuerdos, era la época del realismo social, y quise escribir una novela donde se reflejara mi experiencia en ese mundo: las viñas y las bodegas de Jerez que tenía muy cerca por razones familiares y que era un tema que se compadecía muy bien con la intención de denuncia… Y quizás influyeran también algunos de los eventos de entonces, como aquella sobremesa cuando Eduardo Carranza, raro espécimen de falangista colombiano que siempre que bebía mostraba una acusada tendencia a la elasticidad ósea y la expulsión de la dentadura, comenzó a alabar a Franco en términos que parecían emanados de la boca de Fraga Iribarne, su protector, y yo comencé a endilgarle los mas subidos improperios que causaron un detallado informe contra mí de la embajada de España en Bogotá, considerándome elemento peligroso, porque además, escribía yo en El Espectador artículos sobre las campañas represivas del franquismo. Ni olvido algunas de las mujeres que conocí esos años, como aquella española, Alicia Baraibar, que estuvo casada con un poeta diplomático y gobernador imitador de Eliot, y que como Elvira Mendoza, Rita Agudelo, Marta Traba, Gloria Zea y Sonia Osorio, con su tono libertario, predicaban el amor libre, amaban el cine erótico francés de Cofram y les encantaba divertirse.

Leer 3ª parte de la entrevista

Harold Alvarado Tenorio, director de la revista Arquitrave


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José Manuel Caballero Bonald entrevistado por Harold Alvarado Tenorio (1ª parte): “…En mi adolescencia estuve un año en cama, reposando, y entonces conocí la literatura”

 

Poeta, novelista, estudioso del flamenco, teórico del vino, productor musical, navegante, pintor, guionista de teatro y televisión, letrista, profesor de literatura, editor, subdirector de Papeles de Son Armadans, la revista de Camilo José Cela, y presidente del PEN Club en España, José Manuel Caballero Bonald (Jerez de la Frontera, 1926) pudo ser un elegante capitán de barco por su porte elegante, de aristócrata andaluz afligido de señorío y nostalgias, yendo y viniendo entre los viñedos y pantanos, las serranías y playas del mar, amando la vida y sus placeres. Quizás por ello goza de un enorme prestigio entre casi todas las cáfilas y catervas de los intelectuales peninsulares y sudamericanos, que le han celebrado con numerosas distinciones entre las que figuran el Premio ‘Nacional de las Letras’, ‘Nacional de Literatura’, ‘Nacional de la Crítica’ en tres ocasiones, ‘Pablo Iglesias’, ‘Reina Sofía’, ‘Julián Besteiro’, ‘Andalucía de las Letras’, ‘Biblioteca Breve’, ‘Plaza y Janés’, ‘Boscán’ y el ‘Nacional del Disco’ por su Archivo del cante flamenco.

Desde que regresaron de Colombia, a comienzos de los años sesenta, José Manuel (Pepe) Caballero Bonald y María Josefa (Pepa) Ramis Cabot, su mujer, han vivido en la Dehesa de la Villa, en el barrio de la Ciudad Universitaria de la Complutense, jardines donde se defendió la ciudad durante la Guerra Civil, en violentos combates comandados por Buenaventura Durruti. Un barrio poblado de piñoneros, carrascos, almendros, chopos, fresnos, olmos y acacias, sobre todo en las calles Francos Rodríguez, donde está una de las bocas del metro, y María Auxiliadora, donde queda su piso, en un edificio que han ocupado Francisco Brines, Fernando Quiñones, José Ramón Ripoll, Arcadio Blasco o Carmen Perujo, sus amigos de siempre.

9788481096811.jpg Caballero Bonald ha cumplido el año pasado sus únicos ochenta años, y una batahola de conferencias y exposiciones fueron programadas en la fundación que en su ciudad natal lleva su nombre. He conversado con el poeta en su piso madrileño, este último verano, el mismo día cuando una editorial catalana puso en venta la más reciente antología de su obra: Summa vitae (Editorial Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2007), preparada por Jenaro Talens. Caballero Bonald conserva ese rostro de modelo de Velázquez de muchas de sus fotos de juventud, con un habla salpicada de picardías, medio cubana y colombiana, aparentando estar distraído pero al borde de una mueca maliciosa que va dando cuerpo a ese lento desdén prolongado con el cual precisa y dicta los despojos de su prodigiosa memoria.

Ochenta y un años Pepe…
Cuando se mira para atrás se ve de todo. Se ve que cada vez va quedando más pasado y menos futuro, y eso no es un episodio como para andar celebrándolo. La vejez es una cosa atroz, una frontera alarmante; te has convertido en un viejo y eso te angustia en cierto modo. Has escrito lo que tenías que escribir, has cumplido con tu propia vida, con tus ambiciones y te quedas ya como sentado en tu butaca viendo caer la tarde bajo un árbol en el jardín. Y esa sensación de acabamiento, de postrimería, produce un sentimiento de fin de trayecto, y ya no hay ningún nuevo punto de partida. Todo eso es una cabronada, claro, aparte, claro, del escepticismo, la desgana, las descreencias… Da para mucho la vida de una persona que ha vivido 81 años y se sigue defendiendo de muchas cosas que aparecen cada mañana en la prensa. Basta repasar las noticias del día, esa sarta espantosa de imágenes, guerras miserables, injusticias, lo que pasa con los derechos humanos. Yo trato de recuperar la dignidad de vivir. No quiero convertirme en un viejo cascarrabias, no me gusta, pero cada vez hay una tropa mayor de majaderos, fantoches y tentetiesos. Me dan ataques de cólera que procuro dominar. Pero no tengo edad de aguantarme. Yo soy un ciclotímico literario, así que cuando no escribo me ocupo bastante de la vida cotidiana y de la política, y eso me alarma y me sofoca. Siempre me ha tentado decir lo que pienso, aunque me costara esfuerzos y me proporcionara algún que otro encontronazo. A mí, los años quizá me hayan hecho más temerario en este sentido. Y eso me produce una especie de satisfacción -digamos- de doble filo. Pero de lo único que estoy plenamente satisfecho es de mi obra literaria, que he trabajado con ahínco y creo que con solvencia, y de mi vida privada. Llevo más de media con una mujer que me ha ayudado mucho a no perder el norte.

Usted nació y vivió hasta bien entrada la adolescencia en Jerez de la Frontera…
Ser jerezano es una denominación de origen, una mezcla de buena educación y de ignorancia, yo nací en los años veinte y puedo decir que me gustó nacer entonces. De mi niñez siempre recuerdo la azotea de mi casa, desde donde me asomaba a ese mundo luminoso de Jerez, a las ventanas, las escaleras y los patios de nuestros vecinos, pero lo que bien recuerdo de mi niñez y primera juventud fueron aquellos veranos en Sanlúcar de Barrameda, donde conocí el mar y viví las primeras excitantes escapadas de las domésticas, un descubrimiento del mundo… Luego, en mi adolescencia estuve un año en cama, reposando, y entonces conocí la literatura; un viejo amigo de casa, amante de los libros, me prestó la antología de la poesía española que había hecho Gerardo Diego y los poemas de Juan Ramón Jiménez, y entonces quise ser poeta…

Hijo de cubano y francesa…
Sí, pero sepa usted que no me siento para nada francés, incluso hay algo que repudio en toda esa cultura francesa, no me seduce ni me siento identificado para nada con Francia. Me considero más ligado a mi sangre cubana. Mi padre, Placido Caballero, era de Camagüey. Yo he estado en Cuba varias veces y me he sentido como reencontrando las raíces familiares. Uno de mis cuatro abuelos era andaluz, andaluz de la costa malagueña mediterránea, y seguramente, a través de ese abuelo, me viene esa memoria árabe que cada vez entiendo más vigorosa y más influyente y que desplaza a cualquier otro asidero espiritual respecto a una u otra cultura. Mi madre, Julia, era bisnieta del Vizconde de Bonald, un integrista y un reaccionario de mucho cuidado, pero mi madre era otra cosa, era liberal, extrovertida. Mi padre se dedicaba a los negocios con el vino y por eso me he interesado en su elaboración, su tratamiento, color, pero no desde el punto de vista industrial o químico, sino desde la magia, la alquimia, de alguien que ve cómo la uva se convierte en ese liquido maravilloso que agrada y perturba…

¿Juan Ramón Jiménez?
Si, de Juan Ramón he aprendido casi todo, incluidos sus excesos, y no sólo como poeta sino como prosista. Casi nunca ha dejado de decirme cosas inolvidables. Aunque en alguna ocasión me las haya dicho con escasa ecuanimidad o con excesiva retórica, que eso importa menos. Entre otras cosas, porque cada vez estoy más convencido que muchas de mis trastiendas artísticas, y hasta mi gusto por las infiltraciones neuróticas del lenguaje, dependen en parte de ese ya remoto entrenamiento. Lo cual siempre es muy de agradecer. Desde la Segunda antolojía (Editorial Espasa-Calpe, Madrid, 2002)-el primer libro poético que me dejó absorto- hasta Espacio -uno de los poemas más fascinantes de toda nuestra cultura literaria-, Juan Ramón Jiménez ha sido el supremo y egocéntrico regente, el gran mentor inflexible de casi todo el aparato estético que usó -y sigue usando- la poesía española del siglo XX. Con él se acota una jurisdicción literaria que aún mantiene sus prerrogativas y en la que incluso se integrarán los últimos poetas -puros o impuros, qué más da- que ya esperan tumo en el arrabal didáctico de los manuales.

Pero entiendo que fue José Ignacio Javier Oriol Encarnación de Espronceda y Delgado quien lo hizo hacerse escritor…
Es cierto. En Jerez, en la pequeña biblioteca familiar, descubrí una biografía de Espronceda escrita por Narciso Alonso Cortés, un historiador ya olvidado. Quedé deslumbrado por el personaje, un hombre que había hecho de todo en sus treinta y cuatro años de vida, había luchado en las barricadas de París, fundado una sociedad secreta, estado preso, exiliado por republicano, había sido diputado, guardia de corps, diplomático en Holanda y como si eso fuera poco, se fugó a Lisboa con una muchacha de la que había estado enamorado desde que ella era una niña, hasta cuando ella le dejó y un buen día, paseando por la calle Santa Isabel de Madrid, Espronceda se asomó a una casa donde estaban velando un cadáver y descubrió que la muerta era su ex amante, y entonces escribió su magnífico Canto a Teresa. Yo quise ser como Espronceda. Quería imitarle, pero como era imposible emularle en tantas y tan maravillosas facetas y hazañas, lo que hice fue rivalizar con él en las dos que tenía más a mano: escribir poesía, cosa que me ha durado hasta hoy, y llevar una vida licenciosa, que en aquellos años con la asignación semanal se limitaba a llegar algún día tarde a casa… Y así hasta el sol de hoy…

También quiso ser marino…
Aún ahora sigo siendo muy aficionado al mar. Navego con cierta frecuencia, en Galicia o en Andalucía. La mar ejerce en mí una fascinación muy especial, por todo lo que representa: la libertad absoluta, y también la aventura. Creo que me hice escritor porque soy un aventurero frustrado. Esa afición procede de mis lecturas de Emilio Salgari y Jack London. Hasta donde alcanza mi memoria me veo leyendo a Salgari. Siempre fui muy aficionado a la literatura de aventuras, sobre todo aquellas relacionadas con el mar. He sentido, siento aún, una predilección especial por todos los escritores que eligen el mar como escenario para sus historias. Autores como Stevenson, Conrad, Melville… Todo lo que tuviera que ver con aventuras en la mar me apasionaba…, y cada vez me apasiona más. Yo quería ser un aventurero y la única posibilidad que tenía a mano era hacerme marino, pero luego, como casi todos los muchachos de mi edad de la posguerra, enfermé del pecho, tuve que reposar y ya no estaba en condiciones físicas de ser marino y lo cambié por Filosofía y Letras en Sevilla, que fue como equivocarme de otra manera.

Leer 2ª parte de la entrevista
Leer 3ª parte de la entrevista

Harold Alvarado Tenorio, director de la revista Arquitrave

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José Manuel Caballero Bonald, poeta y escritor, nos hablará de su vida y obra en una extensa entrevista realizada por el poeta colombiano Harold Alvarado Tenorio, cedida amablemente a Blog Escritores. Entrevista que publicaremos a partir del próximo 2 de enero de 2008

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Harold Alvarado Tenorio (a la izquierda en la foto), poeta colombiano y director de la prestigiosa revista de poesía Arquitrave, estuvo de visita por España hace unos meses, donde se vio con algunos de sus amigos españoles. Fruto de esa visita es una larga entrevista que le hizo al también poeta y escritor José Manuel Caballero Bonald, y que amablemente nos ha cedido para su publicación en Blog Escritores.

Harold Alvarado Tenorio ha conseguido unas palabras sabias y sinceras que suponen un repaso de la vida y la obra de Caballero Bonald. Pero no sólo, también del grupo poético conocido más tarde como “de los 50”, su unión en torno a la lucha contra el franquismo, los encuentros y desencuentros poéticos de su generación, los cambios que cada uno experimentó con el paso del tiempo… En definitiva, un documento histórico llamado a ser referente en la vida y la obra de Caballero Bonald, pero también de los miembros de su generación poética.

A partir del próximo día 2 de enero, y hasta el día 4, comenzaremos a publicar en Blog Escritores esta interesante entrevista.

En la primera entrega, el 2 de enero de 2008, José Manuel Caballero Bonald habla a Harold Alvarado Tenorio sobre el paso del tiempo en la persona concreta que es el poeta, de su infancia y adolescencia, de la riqueza que ha supuesto para el autor ser hijo de cubano y francesa y nacer y criarse en Jerez de la Frontera (Cádiz) y también de las primeras influencias literarias.

En la segunda, el 3 de enero, Caballero Bonald sufre la Guerra Civil española como una terrible experiencia que marcará su vida; más tarde llega a Madrid con su primer libro y conoce a los que serán sus compañeros de generación, a los que abandona temporalmente para residir unos años en Colombia.

Y el 4 de enero, en la tercera y última entrega, nos habla sobre su propia obra, sobre cómo vivió acontecimientos históricos como la revolución cubana o el largo tránsito del franquismo y su caída definitiva, para finalizar haciendo resumen de los recuerdos de los acontecimientos que más le marcaron en la vida.

Nunca agradeceremos lo suficiente al poeta colombiano Harold Alvarado Tenorio que nos haya cedido esta entrevista, que sin duda va a resultar de mucho interés para nuestros lectores y lectoras.

Francisco Cenamor

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Revista de prensa literaria: ‘ABC de las Artes y las Letras’, ‘Babelia’, ‘Página 2′, ‘La Vanguardia’, ‘Magazine’ y ‘Revista de libros’

ABC de las Arte y las Letras: Literatura infantuil y juvenil
Laura Gallego, autora de sagas fantásticas para público juvenil, escribe en ABC de las Artes y las Letras su artículo principal, titulado El bosque animado (leer) . Una visita a su habitual sección ‘Libros’ nos acercará al panorama actual de lo que se publica en España (leer).

Babelia: Polémico artículo de la novelista Clara Sánchez
Al calor del descubrimiento de que determinados bestseller basados supuestamente en la vida de sus autores eran falsos, la novelista Clara Sánchez hace algo que, en mi modesta opinión, no es justo: le echa la culpa de esta supuesta estafa a los deseos de verosimilitud de los lectores (leer). Yo no puedo estar de acuerdo por dos aspectos: el primero, porque creo que es más bien la industria del libro la que ya no sabe que hacer para ganar dinero a espuertas y la segunda y más literaria: ¿qué hay de malo en inventarse una propia vida literaria? A mi me parecen fantásticos estos juegos entre la realidad y la ficción y más si han sido creados con la suficiente calidad como para ser publicados y leídos. El problema es otro, el problema es cuando se hace por puro afán lucrativo, pero como juego literario me parece incluso genial.

El libro de la semana es El castillo en el bosque, de Norman Mailer (Editorial Anagrama, Barcelona, 2007), al que dedican un interesante artículo (leer). También podemos adentrarnos en su apartado de ‘Libros’, o en el reportaje, artículos y entrevista que dedican al escritor ruso, Premio Nobel de literatura, Alexandr Solzhenitsin.

Página 2: Matilde Asensi, la escritora más leída en España
El programa de La 2 de RTVE Página 2 entrevista a Matilde Asensi, escritora considerada como la más leída actualmente en España. El reportaje semanal lo dedican al noble arte de hacer portadas de libros. Podemos ver y leer también el micro relato ganador de esta semana. Y leer la sección de ‘Libros recomendados’ o leer la de ‘Libros más vendidos’.

La Vanguardia: Lectura gratuita de El ángel de la guarda, de Rafael Ramos. Muerte del escritor francés Julien Gracq
Es una pena porque siempre nos hablan muy bien del suplemento cultural de La Vanguardia, pero no cuelga sus contenidos en Internet, que sepamos. Lo que si cuelga es una novela por entregas, El ángel de la guarda, de Rafael Ramos. Van por el capítulo 34, pero se pueden leer y descargar también los anteriores (leer).

Y sólo de esta novela pensaba hablar, pero al entrar en la web leo la triste noticia del fallecimiento del escritor francés Julien Gracq, uno de los mejores autores del siglo XX en Francia, especializado en literatura fantástica (leer).

Magazine: Entrevistas a Premios Nobel de literatura
Y aunque no es propiamente un suplemento cultural Magazine, suplemento de numerosos diarios españoles, ofrece unas interesantes entrevistas con literatos que han recibido el Premio Nobel de literatura en los últimos años: Imre Kertész, Nadine, Gordimer, José Saramago, Kenzaburo Oé… (leer).

Revista de Libros: Libros para regalar recomendados por los críticos. Entrevista a Martín Kohan
Un nuevo suplemento entra en nuestras reseñas semanales, empeñados en acercarnos a nuestros hermanos y hermanas del otro lado del Atlántico y también de aquí. Comenzamos reseñando el suplemento Revista de libros, del diario chileno El Mercurio, gracias a la recomendación que de él nos han hecho los poetas Harold Alvarado Tenorio (Colombia) y Julio Espinosa Guerra (Chile-España). También ellos, y algún amigo y amiga más, nos han recomendado suplementos literarios de Colombia, Argentina, México, Perú y Estados Unidos. Si algún lector o lectora sabe de algún otro suplemento literario le agradeceremos que nos lo comunique.

Como no podía ser de otra manera en estas fechas, Revista de libros elabora una lista de libros recomendados por los críticos literarios, ideal para no pensar mucho en qué libros regalar (leer). En sus páginas entrevistan al escritor argentino Martín Kohan, ganador del Premio ‘Herralde’ de novela 2007 con Ciencias morales (leer).

Francisco Cenamor

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‘Arquitrave, revista colombiana de poesía’ cuelga en Internet su número 34 de diciembre de 2007

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Ya está en Internet el nuevo número, el 34, de diciembre de 2007, de Arquitrave, revista colombiana de poesía, dirigida por el poeta colombiano Harold Alvarado Tenorio. El autor elegido este número como referente principal de la revista es el español Francisco Brines, poeta y académico de la Real Academia Española.

Por lo demás, este número está bastante cargadito. Aparece un comentario de la concesión del Premio Cervantes a Juan Gelman, algunos editoriales sobre temáticas colombianas, un artículo sobre el libro Los mercaderes en el templo de la cultura, de Germán Gullón, los números atrasados, las entrevistas de siempre…, es una web, la verdad, para bucear a fondo.

Y en el apartado poético nos encontramos con los poemas del poeta nicaragüense Salomón de la Selva, del argentino Rafael Felipe Oteriño, de las colombianas Margarita Galindo, María del Rosario Laverde  y Carmen Huertas, del esloveno Tone Skrjanec, de los también colombianos Rafael del Castillo Matamoros y Elkin Pinto Gámez y del sueco Tomas Ekström.

¡Ah!, y una bomba, un artículo de Umberto Cobo en el que denuncia los supuestos tejemanejes de Jesús García, ‘Chus Visor’, director de Editorial Visor y gestor de innumerables y bien remunerados premios de poesía. Una bomba, como digo.

En definitiva, merece la pena descargarse la revista en pdf e irla leyendo con tranquilidad.

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Número de octubre de 2007 de ‘Arquitrave, revista colombiana de poesía’

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El número 33, de octubre de 2007, de la revista Arquitrave, revista colombiana de poesía, dedica su portada al poeta colombiano Jaime Jaramillo Escobar, a quien entrevistan. Además, incluye poemas de Le Dat (Vietnam), Krystina Rodowska (Polonia), Wanda Coleman (Estados Unidos), Leopoldo ‘Teuco’ Castilla (Argentina), Plinio Chahin (República Dominicana), Damián Kudriatsev (Rusia), Luis Arturo Restrepo (Colombia) y Diego Valverde Villena (España).

También podemos leer un artículo de Luis Antonio de Villena sobre el recientemente fallecido Francisco Umbral, así como otros sobre Montaigne y otros aspectos literarios.

La revista está dirigida por el poeta colombiano Harold Alvarado Tenorio y puede descargarse en pdf aquí.

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