Entrevistamos a Emilio Ruiz Barrachina, flamante ganador del Premio de Poesía Rubén Darío, además de novelista, ensayista, director de cine y televisión…

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Para empezar, vaya nuestra más sincera enhorabuena para este polifacético artista madrileño por el recientemente concedido Premio de Poesía Rubén Darío que otorga el Pen Club España, en la foto podemos ver a los miembros del Jurado, junto al autor, en el acto donde se hizo público el fallo. Comenzaremos este especial con una breve reseña biográfica de Emilio Ruiz Barrachina.

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Emilio Ruiz Barrachina (Madrid, 1963). En 1997 regresa a España después de pasar diez años en Latinoamérica, especialmente en Colombia, como periodista, desempeñando cargos como el de reportero del Servicio para América Latina de la BBC. Su primera novela, Calamarí (Editorial Auryn, 1998), ha conocido varias ediciones y supuso la revelación de un mundo literario, al mismo tiempo histórico y mítico. A ella siguieron A la sombra de los sueños (Brand Editorial, 2000), cuya adaptación al cine dirigió él mismo en 2004; El arco de la luna (Ediciones Algaida, 2001), merecedora del X Premio Internacional de Novela Luis Berenguer; el ensayo Brujos, reyes e inquisidores (Editorial Balacqua, 2003); la novela No te olvides de matarme (Apóstrofe Ediciones, 2003), de la que en 2005 se estrenó la adaptación teatral; el ensayo literario Tinta y Piedra. Calaceite, el pueblo donde convivieron los autores del Boom (Imagine Ediciones, 2005); el ensayo Le ordeno a usted que me quiera (Lumen, 2006). Su más reciente publicación es la novela La venta del Paraíso (Bruguera, 2006). Ha dirigido documentales para cine y televisión como Luz, espacio y creación, Tinta y Piedra o Lorca. El mar deja de moverse.

Periodismo, ensayo, literatura, cine y televisión, teatro…, y ahora poesía, ¿es un signo de los tiempos esto de dedicarse a tantas facetas artísticas?
No. Yo siempre he dicho y me he considerado un comunicador. Primero concibo una idea y luego estudio la mejor manera para expresarla, siempre dentro de los dos campos que he estudiado, conozco, y donde he desarrollado mi carrera: la literatura y los documentales. Prometo que nunca me veréis cantando flamenco, por ejemplo. En concreto este libro de poesía, Arroyo, proviene de un sentimiento tan intenso que la narrativa se me quedaba corta. Necesitaba jugar con el lenguaje, con la palabra, y estar en un estado a la hora de escribir que sólo te proporciona la poesía.

Empezaremos por lo más actual, la poesía, ¿cómo describirías tu libro Arroyo, premiado con el Premio de Poesía Rubén Darío recientemente?
Arroyo nace del sentimiento más personal y más profundo que me había dejado el rodaje del documental Lorca. El mar deja de moverse. Había algo dentro de mí que no podía expresar a través del audiovisual. Arroyo no es sólo una metáfora fácil de la vida. Por un lado es el arroyo que de verdad atraviesa Soto del Real, el pueblo donde vivo, a cuya orilla cenábamos el año pasado durante el verano con mi mujer, Félix Grande y Francisca Aguirre. Cada tarde llegaba yo del estudio y seguíamos hablando de Luis Rosales, de Lorca, de Joaquín Amigo, de la guerra civil. Y me quedó siempre la imagen de que alrededor de aquella mesa estábamos, además de los vivos, los que faltaban. Más recientemente he viajado a Sudán para grabar un documental sobre este país y allí terminé el poemario, dejándome llevar por el horror de una guerra actual, con más tecnología, más dinero, más intereses internacionales, pero en el fondo con el mismo odio y las mismas barbaridades que aquí se vivieron.

En una entrevista concedida a la revista de Internet Letralia, el poeta Julio Espinosa Guerra asegura que en España los premios poéticos los otorgan los jurados a sus amigos, ¿conoces a alguien del Jurado que te ha premiado? ¿Qué opinas de esta afirmación de Espinosa Guerra?
Comparto que hay muchos premios dados previamente, que, curiosamente, suelen ser los de mayor postín. También los hay limpios, y doy fe que los conozco. El jurado del Rubén Darío está compuesto por diez miembros, así que me era imposible conocerlos a todos. Ni siquiera a la mayoría. Reconozco que he compartido algún jurado y algunas jornadas literarias con tres de ellos. El hecho de que el premio haya sido por unanimidad y por sistema obligatorio de plica me reconforta.

Actualmente hay un boom poético en castellano, ¿lees poesía actual? ¿Cítanos algún autor o autora joven que estés leyendo?
La poesía, a diferencia de la narrativa, no sufre tantos altibajos ni está sometida a tantas presiones comerciales. Leo poesía actualmente, por supuesto, y cualquier escritor que lo sea tiene como una de sus bases la poesía; no me cabe la menor duda. Actualmente hay muy buenos escritores jóvenes en lengua castellana (por no hablar de los consagrados), como Lupe Grande, Manuel Francisco Reina, Jordi Villaronga o mismamente una de las finalistas del Rubén Darío: Andrea Cote Botero. Y entre los europeos recomiendo muy encarecidamente a un suizo de origen español: Pedro Lenz. A ver si pronto lo editan aquí, porque hace una poesía absolutamente rompedora.

De tus ensayos, uno especialmente resultó bastante simpático para los medios de comunicación, Le ordeno a usted que me quiera, una especie de biografía amorosa del dictador Francisco Franco, ¿cómo se te ocurrió un tema tan original?
A mí realmente lo que me interesaba era la vida de esas mujeres de principios del siglo XX que vivieron bajo el yugo familiar, sin excesivas perspectivas, cuyo mayor logro era, como se decía entonces, quedar bien casadas. Si uno lee el libro, las circunstancias de estas mujeres acaban superando la anécdota de aquel Paquito de 19 años que hoy en día hubiera sido juzgado por acoso sexual (enviaba hasta cinco y seis cartas diarias pidiéndole a Sofía Subirán que la quisiera).

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Ahora pasamos a tus novelas. La primera, Calamarí, editada en 1988 al poco de volver de tu labor periodística en América Latina. ¿Te influyó mucho tu estancia en aquellas tierras a la hora de escribir esta novela?
Me influyó en estas y en todas. Llegué a Colombia con 23 años, por lo que toda mi carrera periodística se desarrolló allí. Y bien que lo agradezco, porque es el país donde más puro se mantiene el español. Mi formación es latinoamericana, y diez años allí marcan mucho. Claro que ahora tengo la ventaja de conocer muy bien las dos orillas.

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¿Qué viste en tu segunda novela, A la sombra de los sueños (2000), para que tu mismo la llevases al cine?
Veía algo nuevo en la pantalla, algo diferente, una propuesta sin casi producción, arriesgada, un ejercicio en aquel tiempo en que se hablaba de la “democratización del cine” donde demostramos que aquello de los bajos presupuestos funcionaba con las nuevas tecnologías. Es un ejercicio de iniciación, un guión complejo. Aprendí mucho en ese rodaje y es la base de lo que después he podido hacer.

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Tu cuarta novela, No te olvides de matarme (2004), se adapta al teatro, ¿cómo surgió y se desarrolló esta idea?
Sentí la necesidad de dirigir teatro para aprender el manejo del espacio escénico y posteriormente volcar este aprendizaje en el cine y en la novela. Fue muy importante para mi enfrentar a los actores a estos espacios vacíos, estáticos, donde sólo la palabra y el gesto podía completarlos. Me influyó mucho luego en La venta del Paraíso.

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El pasado año salía a la venta tu última novela publicada, La venta del paraíso. En ella retratas una dura realidad, tan real como actual claro.
Justo es la respuesta a lo que antes comentaba: al conocimiento de las dos orillas. La venta del Paraíso es una novela de riesgo, mi novela más trabajada y con la que más a gusto me siento. Trabajé mucho el estilo, adecuándolo a lo que realmente quería contar, a esa dura historia de emigración que, bien leída, es el viaje que todos empezamos cada día, ni más ni menos.

Y bueno, dinos cuales son tus futuros proyectos literarios.
Ahora estoy terminando de montar los documentales rodados en Sudán. Posteriormente voy a seguir con un segundo libro de poesía y con la adaptación al cine de Le ordeno a usted que me quiera.

Has rodado algunos documentales para televisión, ¿cuál ha sido su temática?
Muy variada. Movimientos migratorios, Calaceite, el pueblo donde en los años 70 vivieron los autores del Boom, la actual arquitectura en el mundo, algunos de literatura, etc.. Estoy pensando uno bastante innovador en forma y contenido, sobre un escritor, para el 2010. Ya daré más pistas.

¿Por qué para televisión?, ¿te gusta el formato?
Los documentales en cine no tienen mucha salida. Siempre acaban en la televisión. Además, hay temas como los de Sudán, pura reportería, que son específicos para este medio.

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También has rodado documentales en cine. Especial éxito tuvo Lorca. El mar deja de moverse, del que ya hablamos en nuestro Blog. ¿Tanto te atrajo la figura de Lorca?
Lorca es un genio; uno de los mayores genios de la literatura europea. Pero en este caso, además de su figura, lo que más me interesaba era profundizar en las causas de su muerte, no de forma gratuita, sino con la intención de rescatar aquellos momentos terribles para que nadie se olvide de ellos y no se vuelvan a repetir. Además me interesaban otras figuras fundamentales como la de Luis Rosales o la de Joaquín Amigo.

¿No resulta demasiado fácil ahondar sobre Lorca, demasiado comercial? Hay decenas de poetas de la misma época que permanecen en el olvido, mientras la acumulación de trabajos sobre Lorca es considerable.
Estoy de acuerdo. Por eso hablo también de figuras como Joaquín Amigo. Y por eso recalco que el documental habla sobre una serie de tremendas circunstancias que tuvieron a Lorca como sujeto central, pero la película no es sobre su obra. Aunque tampoco estaría mal que los jóvenes de hoy lo leyeran… Es un buen comienzo para abordar otros grandes poetas.

Para finalizar, ¿te tomarás unas vacaciones de tu frenética actividad creativa o tienes entre manos algún nuevo proyecto cinematográfico?
Siempre hay algo. Pero he prometido vacaciones a mi familia y pienso cumplir, claro. Los documentales siempre me proporcionan luego un espacio de tiempo importante, una tranquilidad, para poder escribir. Y esto para mi es importante.

Francisco Cenamor

 

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Emilio Ruiz Barrachina galardonado con el Premio de Poesía Rubén Darío 2007

 

Reunido el jurado del III Premio Internacional de Poesía Rubén Darío, organizado por el PEN Club de España, compuesto por Miguel Ortega Isla, Luis Alberto de Cuenca, José Manuel Lucía Megías, Eduardo Calvo, Jaime Alejandre, Fernando Martínez Laínez, José Ramón Trujillo y Basilio Rodríguez Cañada, decidió conceder el premio por unanimidad al libro presentado bajo el título Arroyo que, una vez abierta la plica, resultó corresponder a Emilio Ruiz Barrachina. También se concedieron dos accésits a las obras Ella… la madre Eva, de la escritora colombiana Dora Castellanos, y A las cosas que odié, de la también poeta colombiana Andrea Cote Botero, sugiriendo el jurado la posibilidad de publicar ambos libros por su gran calidad y originalidad, aunque de estilos y estéticas muy distintas.

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Emilio Ruiz Barrachina (Madrid, 1963). En 1997 regresa a España después de pasar diez años en Latinoamérica, especialmente en Colombia, como periodista, desempeñando cargos como el de reportero del Servicio para América Latina de la BBC. Su primera novela, Calamarí (Editorial Auryn, 1998), ha conocido varias ediciones y supuso la revelación de un mundo literario, al mismo tiempo histórico y mítico. A ella siguieron A la sombra de los sueños (Brand Editorial, 2000), cuya adaptación al cine dirigió él mismo en 2004; El arco de la luna (Ediciones Algaida, 2001), merecedora del X Premio Internacional de Novela Luis Berenguer; el ensayo Brujos, reyes e inquisidores (Editorial Balacqua, 2003); la novela No te olvides de matarme (Apóstrofe Ediciones, 2003), de la que en 2005 se estrenó la adaptación teatral; el ensayo literario Tinta y Piedra. Calaceite, el pueblo donde convivieron los autores del Boom (Imagine Ediciones, 2005); el ensayo Le ordeno a usted que me quiera (Lumen, 2006). Su más reciente publicación es la novela La venta del Paraíso (Bruguera, 2006). Ha dirigido documentales para cine y televisión como Luz, espacio y creación, Tinta y Piedra o Lorca. El mar deja de moverse.

 

Arroyo es un libro de un solo poema, del cual el jurado ha destacado la fortaleza de su contenido, que soporta una poesía de corte narrativo exquisitamente trazada, innovadora, donde lo social y lo espiritual se entremezclan en una espiral que parece no tener fin. Sorprende el ritmo interno del poema, que pretende asemejar un jadeo o una respiración entrecortada. Las vivencias personales del autor se funden con un claro homenaje a poetas como Félix Grande, Francisca Aguirre, Luis Rosales o Federico García Lorca.

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Reseña del documental “Lorca. El mar deja de moverse” de Emilio Ruiz Barrachina, por Eva María Medina Moreno

Empieza la película. Música, sonido de olas rompiendo en el mar, nubes bajas, y una voz femenina recita el poema “Asesinato”.

¿Cómo fue? Una grieta en la mejilla.
¡Eso es todo!
Una uña que aprieta el tallo.
Un alfiler que bucea
hasta encontrar las raicillas del grito.
Y el mar deja de moverse.
¿Cómo? ¿Cómo fue?
Así.
¡Déjame! ¿De esa manera?
Sí.
El corazón salió solo. ¡Ay, ay de mí!

(Federico García Lorca: Poeta en Nueva York)

Después, Lorca me saluda sonriendo desde un fotograma del pasado.
Barrachina me ha cogido por el cuello, y sigo el recorrido; unas veces disfrutando, otras con rabia, otras riéndome, algunos momentos apenada, otros sintiendo asco, impotencia…

El documental está compuesto por distintas voces, veinticinco personas, que aportan riqueza y objetividad al guión; y en el que se analiza, 70 años después, las causas de la muerte del poeta, las disputas familiares entre los García Rodríguez, los Roldán y los Alba, sus intereses, odios y venganzas; así como la época convulsa que vivieron. Al final, Barrachina nos relata las últimas horas de la vida del poeta y el posterior devenir de la familia Lorca y la familia Rosales.

El director trabaja dos años y medio basándose en las indagaciones del hispanista Ian Gibson (a través de testimonios orales de personas presentes o cercanas a los hechos) y en la investigaciones de los historiadores Miguel Caballero y Pilar Góngora (a raíz de documentos de archivo que habían sido inaccesibles durante muchos años) hasta desvelarnos el autor material de la muerte del poeta, Juan Luis Trescastro Medina, casado con una prima lejana del padre de Federico.

En lo referente a las distintas teorías sobre las causas del asesinato de Lorca, hay puntos comunes. Según Ian Gibson hay tres factores esenciales: el haber sido “rojo”, enemigo del nuevo régimen; su condición de homosexual y la envidia del pueblo español. El escritor Félix Grande coincide en estos factores, resaltando que al ser el granadino más universal −“una de las cabezas más visibles de la creación y la genialidad del mundo cultural español”−crea odio y en la Granada del 36 se mataban a todos los notables.

Con respecto a la trama familiar y política, Barrachina va deshaciendo un intrincado nudo hasta llegar a la verdad más dolorosa. Don Federico, el padre del poeta, era una figura importante en la ciudad− hombre progresista que hizo fortuna y que ayudaba a los campesinos−, por lo que había mucho odio hacia él. A principios del siglo XX, los García Rodríguez, los Roldán y los Alba son las tres grandes familias adineradas de la Vega granadina. Este hecho desata una rivalidad económica y social. Otra razón de estos roces de familia fue la venganza literaria de Lorca hacia los Roldán y los Alba al escribir La casa de Bernarda Alba y describir a sus familiares, sin cambiar sus nombres, con bastante ironía.

Federico pasó sus últimos días escondido en casa de un familiar de su amigo Luis Rosales. La orden de matarle fue una orden del ejército español en la zona durante la Guerra Civil, del general Queipo de Llano, por petición del gobernador Valdés. Ramón Ruiz Alonso detuvo a Lorca y Trescastro condujo al poeta hasta las proximidades del barranco de Víznar para su ejecución.

En 1940 la familia del poeta emigra a América. Luis Rosales nos cuenta que a partir de la muerte de su amigo, “no he creído ni volveré a creer, ni en la política ni en la sociedad, sólo en las amistades que quedan”. Federico llega a Granada el 13 de julio de 1936, y es asesinado en la madrugada del 19 de agosto de ese mismo año junto con otras víctimas de la guerra.

Termina la película. Música, olas rompiendo en el mar, atardecer, y una voz masculina recita:

Como el náufrago metódico que contase las olas
que faltan para morir,
y las contase, y las volviese a contar, para evitar
errores, hasta la última,
hasta aquella que tiene la estatura de un niño
y le besa y le cubre la frente,
así he vivido yo con una vaga prudencia de
caballo de cartón en el baño,
sabiendo que jamás me he equivocado en nada,
sino en las cosas que yo más quería.

(Luis Rosales: “Autobiografía”)

No sólo en el contenido sino también en la estructura, Barrachina hace un trabajo excelente. Utiliza un gran número de materiales, tanto gráficos (periódicos, documentos inéditos, cartas…) como visuales (fotografías, imágenes de archivo de la época…); además de incluir fragmentos de la película de Juan Antonio Bardem, “Muerte de un poeta”. Todos estos elementos los ensambla sin que quede ninguna grieta, por pequeña que sea. Se recitan poesías de Lorca y de Luis Rosales que encajan en los fotogramas siguientes. Las entrevistas de los que conocieron o estudiaron al poeta se van aunando sin que cansen, incluso en algunos momentos uno de los entrevistados sigue el discurso del anterior, como es el caso de Félix Grande hablando de la popularidad de Lorca en el 36 y ese “sí, porque había estrenado algunas obras” del compañero de Federico en la residencia de estudiantes, José Bello. El documental tiene continuidad en la línea narrativa. Las localizaciones de las entrevistas son muy apropiadas, alternado interiores y exteriores de gran belleza. Entretanto, el pintor Luis Torroba nos pinta, a lo largo del documental, la imagen de Federico; en su mirada van a conjugarse el terror de la muerte y la fortaleza de su poesía. La música utiliza algunas de las canciones populares que había recogido y armonizado Lorca, como “Anda jaleo” y “Los cuatro muleros”. El engranaje es perfecto. Recomiendo que vean este documental, no les dejará indiferentes.

Eva María Medina Moreno

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