‘Francisco Cenamor, voz intensa en la asamblea poética’, un artículo del Lic. Miguel Fajardo Korea

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La poesía sigue siendo una ventana para mirar al mundo desde todas las fronteras. La creación es un compromiso ético y estético de hondo significado para hacer dable el milagro de la concienciación, en aras del mejoramiento. La poesía es un oficio del alma, mediante el cual es posible crear mundos para agrandar la perspectiva holista del universo humano. Es por medio del arte que el ser se rehumaniza, en busca de nuevos derroteros que posibiliten otros ojos para entender la cotidianeidad desde la aldea global que nos ha correspondido vivir.

He leído tres libros del poeta Francisco Cenamor (Leganés, España, 1965). Cenamor, quien ha dado a conocer sus textos en Talasa Ediciones y Ediciones Vitruvio, ha publicado: Amando nubes, 1999; Ángeles sin cielo, 2003 y Asamblea de palabras, 2007. En proceso El libro de Raquel, que publicará Ediciones Amargord. Es uno de los difusores culturales referentes de España. Coeditor del Blog escritores, uno de los sitios electrónicos más visitados en español. Junto con el poeta Luis Luna, coordina las labores de jóvenes poetas en Madrid.

Expondré un acercamiento sobre sus tres poemarios, como una visión de conjunto, a partir de la asamblea abierta que conforma su palabra poética. La poesía de Cenamor apunta una relación con las coordenadas del fuego, porque “hoy se ha cerrado otra puerta”. Asimismo, hay una apuesta para enfrentar los dolores de la cotidianeidad “qué largas/ son las escaleras del sufrimiento”. Sabemos que, cada instante, el dolor es un habitante del ser humano en diversos estadios y condiciones.

Muchas veces, la lucha es denodada, sin embargo, el hablante expresa “cómo apostamos en la vida todo/ cómo a veces sentimos que nos queda nada” (…) “nosotros más que nadie/perdimos esa batalla/ y murió la esperanza/ lo demás es solo fe”. Es importante, en un mundo de descreídos con máscaras de cínicos, que exista la fe, una especie de mástil desde donde podemos aferrarnos contra la maledicencia que se incrusta en las más intensas fibras del ser humano, pues “siempre hay alguien/ al otro lado/ que sabe del mundo”.

En otro ámbito endiña “nos salvamos tantas veces/ de la soledad de nuestro propio destino”. Cada quien debe forjar su propio sino, pero no siempre podemos alcanzarlo, a causa de los disvalores que increpan con saña los mejores comportamientos del ser. Por ello, con gran categoría y mérito aduce: “hoy voy a salir sin armas/sólo con mi pecho y mi esperanza”. La desnudez como signo de pureza se enquista con gran propiedad en este acento lírico del poeta madrileño.

Cenamor increpa y denuncia los sitios arrinconados contra el ser humano “le golpeaban duro eternamente/mientras le tenían atado de impotencia”. Es increíble como asedian al factor humanidad, por ello, cuando estalla, “con la rebeldía se aprende a vivir”. La rebeldía puede convertirse en una salida, pero debe haber razones de mejoramiento tanto individual como social. No es ser rebelde como un pasatiempo, sino con un fuerte compromiso y conciencia social.

Junto con esa condición de encerramiento, la pobreza emerge como otro golpe bajo a la condición de nuestra especie, la cual “está cubierta del polvo que da la pobreza/ de la suciedad de un tiempo que no le pertenece”. El gran problema de hoy es que la pobreza solo se ha convertido en una fría estadística de informes globales, vacíos y deshumanizados, donde únicamente falta que se asevere otra sentencia: “el sediento sea culpable de su sed”. La pobreza es una condición de millones de seres que apuestan a sobrevivir, porque eso ya es precaria ganancia cada día de la tierra.

La vida y la muerte, como temas eternos, precisan un juego de ser o no ser. Se preanuncia lo ineludible. Es una verdad irrefutable “nuestra muerte/ está prevista en una encuesta/ donde vivo”. Por ello, a pesar de lo inescrutable, hay una aceptación de la cotidianeidad “me conformo con comer a la misma mesa que vosotros/ y aún así/ millones de personas seguirán muriendo de hambre”. O bien, “no veis que si almuerzo yo cada mañana/ otro ha soñado por la noche un pan”. Se refleja una especie de nivelación, a partir de elementos que deberían ser esenciales, como el derecho a la alimentación cotidiana. El mundo tiene hambre; la padece, pero no la sacia con plenitud. “Me canso tanto aquí dentro últimamente/ que ya solo tengo una esperanza”. Este sustantivo es vital en el espacio lírico de Francisco Cenamor. Es una apuesta hacia la reivindicación humana. Tiene convicción de equilibrio en su palabra-poema.

Es importante que los poetas expresen las preocupaciones geopolíticas y socioideológicas en un mundo desangelado, frío e inconcluso: “qué extraño/ nunca publican fotos de hijos abrazando madres muertas/ las madres también mueren en las guerras”. El ser humano contabiliza más de 14.000 guerras y aún no aprendemos la insania de sus efectos sinfín. ”Tanto conducir un pueblo a la desesperación siempre ocasiona una trayectoria de efecto bumerán”, a pesar de ello, hay optimismo dentro de la imagen global, porque “mi amor piensa que la solidaridad es la ternura de los pueblos”.

El yo lírico expresa su más fino sentimiento en la corporalidad “la libertad de tu pecho (…) / me dicen que caer contigo será volar”. Su registro es radiante “hoy es el día de vivir sin que el mañana nos añore”, es decir, fija un espacio tempo-espacial con la finalidad de su defensa “Vivo la soledad/ déjate invadir por las palabras/ por las palabras que dejan huella”. Es claro, entonces, que para el hablante, la palabra es un vector semiótico de salvación, de respuesta ante los trazos oscuros de la vida.

En síntesis, las voces poéticas triádicas de Francisco Cenamor (España, 1965) refuerzan la importancia de la palabra en un orbe desangelado. Cenamor precisa un acento de gran denuncia contra las vicisitudes de los seres humanos, en cualquier parte del mundo. Acercarnos a su poesía ha sido un encuentro con una voz intensa en la asamblea poética de su universo, personal y de conciencia, en aras de proponer cambios sustantivos a favor del ser, sin distingos de nacionalidades, porque los pasaportes son inventos en las fronteras mentales y políticas que han establecido los países, pero el ser humano es universal, desde las más frías estadísticas hasta las más iluminadas palabras que Francisco Cenamor ha revalidado, en busca de aliento espiritual para todos.

Lic. Miguel Fajardo Korea. Premio Nacional de Promoción y Difusión Cultural de Costa Rica (miguelfajardokorea@hotmail.com).

Puedes descargarte gratuitamente los dos primeros libros de Francisco Cenamor en los siguientes enlaces: Amando nubes, Ángeles sin cielo.

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Comentario de Francisco Cenamor sobre la novela ‘Fabulosas narraciones por historias’, de Antonio Orejudo

fabulosas.jpg Antonio Orejudo (Madrid, 1963), novelista, hace algo más de doce años, empachado de lecturas sobre la Generación del 27 y la Residencia de Estudiantes, en pleno Doctorado de Filología Hispánica, decidió vomitar todo lo que había leído y le salió la novela Fabulosas narraciones por historias (Editorial Lengua de trapo, Madrid, 1996. Tusquets Editores, Barcelona, 2007). Con treinta y pocos años, un viejo casi en pleno boom de la edición de jovencitos, una editorial desconocida por entonces, tanto como él, Lengua de trapo, decide publicarle, siempre y cuando en la solapa del libro diga que todo es pura ficción. Se temían lo peor. Aunque terminaron creyendo que una querella de algún familiar de los implicados en la novela no hubiese venido mal para aumentar las ventas.

Y es que esta novela, que es la historia de amistad masculina entre tres internos de la madrileña Residencia de Estudiantes, se acabó convirtiendo en una novela histórica por la que se pasean personajes como José Ortega y Gasset, Juan Ramón Jiménez, José Antonio Primo de Rivera, Ramón Gómez de la Serna, Federico García Lorca, José Moreno Villa…, y no salen muy bien parados.

Los tres amigos son Santos, Martiniano (‘Martini’) y Patricio (‘Pátric’) y la novela trata de sus encuentro y su evolución, que les hace terminar irremediablemente separados. Empeñados en conseguir la publicación de la primera novela de Patricio, una novela realista, terminan interponiéndose en los planes de un grupo de intelectuales bien conocidos, con Ortega y Gasset a la cabeza, que quieren terminar con el realismo e imponer sus criterios estéticos a los jóvenes artistas a través de la Residencia de Estudiantes: Federico García Lorca sería el prototipo de joven intelectual que tratan de generar.

La novela está escrita como en un permanente zaping, con retazos de muchas fuentes. Lo que parece real un tiempo se desvanece con la intervención de otra visión de la realidad. Hay un discurso narrativo aparentemente real y continuo que cuenta la historia de estos tres personajes, pero, casi al mismo tiempo, otros personajes secundarios van contando su parte de realidad, unas cartas del futuro al escritor que escribe hoy sobre el pasado también lo harán; y comentarios en una revista pornográfica, y textos reales de Ortega, y textos aparentemente reales de artículos periodísticos de la época o de biografías del futuro, reales o tal vez no, en las que se cuentan cosas de ese pasado, presente en la novela.

Eso sí, las personas sensibles no deben leer esta novela. O sí, para combatir su mojigatería. En sus páginas leeremos pornografía explícita y dura por momentos, crímenes bestiales, crueldades, humillaciones… Seguramente tan reales como la sociedad misma en aquel momento…, o tal vez no.

fabulosas2.jpg Lo mejor de la novela para mí, sin dudarlo, es ese irse enterando de las cosas por distintas fuentes, lo que genera una realidad que no termina de fijarse y que puede ser o no real. Y como no se tienen todos los datos de los personajes reales y de la realidad de la época (quien los tenga que no lea la novela, o sí, para reírse de ellos), la forma en la que está escrita lo acaba convenciendo a uno de que la Generación del 27 fue una operación de diseño absolutamente maquiavélica, promovida por una mafia cultural que no dudaba en usar el crimen para conseguir sus propósitos.

La forma en que los personajes se funden con los acontecimientos históricos que les toca vivir es magnífica: son los años en los que en España se mezcla el auge del fascismo, con el auge de las organizaciones obreras anarquistas y comunistas, el intento de la República por modernizar social y culturalmente un país sumamente atrasado y dotarlo de una democracia europea… Pero las fuerzas más radicales son las que tienen más aceptación en los distintos ambientes sociales y todo termina como ya sabemos. Un ejemplo de ello: los gamberros de la Residencia de Estudiantes lo mismo se sienten atraídos por los anarquistas que por los falangistas.

La novela, aparecida en los 90, en pleno éxito de lo políticamente correcto, era un atrevimiento, una sana gamberrada, pero fue un fracaso comercial. Hoy, Tusquets Editores la ha rescatado y somos cada vez más quienes disfrutamos de ella. Una vez leída no echaremos en falta saber cuanto hay de verdad en ella, cuanto de visión actual de su autor con respecto a esa época…, simplemente nos conmoveremos con la historia de tres amigos que, forzados por los hechos, dejan de serlo sin remedio.

Francisco Cenamor

Escucha una entrevista al autor en la web literaria El Boomeran(g) pinchando aquí.

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