A casi 4 años de la desaparición de Roberto Bolaño, hemos asistido a la confirmación radical del espacio ganado por su obra en cualquiera de los accidentes geográficos de la lengua castellana. Opiniones sobre su obra y lo que genera en muchos lectores hemos escuchado reiteradamente. Ahora es en Estados Unidos donde comienza a escucharse una estridencia barroca que sacude las publicaciones y suplementos más destacados del país del norte. Ahora sí que hay Bolaño para rato, lo que se decía en Francia, Italia y Alemania se está diciendo allí. Un país que dedica el 0,5% de lo que publica a literaturas de habla no inglesa… (Leer más)
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El mejor escritor latinoamericano vivo
Bolaño es el mejor escritor latinoamericano vivo.
Aunque eso no es cierto, porque Bolaño se murió no hace mucho. Lo peor de su muerte, para mí, al menos, su lectora, y posiblemente para su editores, todos egoístas, no es el sufrimiento de la enfermedad, o del abandono de dos hijos pequeños y de una mujer a la que, estoy segura, amaba. Lo peor de su muerte es que ocurrió cuando apenas lo estaba descubriendo. He leído todo lo que de él encontré publicado.
Mi primer afirmación seguiría siendo válida si tan sólo hubiera escrito Los detectives salvajes. Afortunadamente escribió mucho más que eso.
Es probable que ya se hayan organizado seminarios críticos acerca de su obra y que haya grupos de críticos y especialistas estudiándola -casi como una imitación de algunos de los personajes de 2666-, lo cual, seguramente, a él le haría gracia.
Leo a Pauls y a Bayly sólo porque Bolaño los recomienda.
Bolaño seguramente ocupará cada vez más páginas de suplementos literarios, más homenajes y más conversaciones que lectores, aunque yo tengo la fantasía que existen, dispersos por todo el mundo, grupos secretos de lectores de Bolaño que no confiesan que lo leen ni hablan de él, ni intentan clasificar su obra, ni se consideran a sí mismos eruditos, ni muy inteligentes. Me imagino que hay un público de Bolaño que niega conocerlo incluso, que parece confundirse cuando alguien lo nombra y pregunta, con fingida inocencia: ¿Bolaños, el mexicano? ¿O es Bolaño, el chileno, sin la “ese”?
Un grupo de lectores que lo ha descubierto por uno de los cuentos de Llamadas telefónicas, sólo porque se puso de moda hace un par de años, o que simplemente decide ir más allá de ciertas dificultades que puede implicar pasar de la primera parte de Los detectives salvajes para un lector cómodo o desprevenido.
Un grupo que goza confidencialmente de sus ironías, de su generosa piedad mundana sostenida a pesar de su astucia y su sagacidad, un grupo que se rinde y cae de rodillas y agradece a la Providencia que existan esa clase de escritores geniales, que ven todo, que han leído casi todo, que han vivido y sufrido muchas experiencias extremas, que son valientes, que no se dejan tentar por los atajos, que tienen paciencia, que eluden la cobardía, que saben lo que quieren.
A Bolaño me lo imagino ahora mismo caminando por la orilla del mar, en las playas de Blanes, con los pantalones arremangados, el pelo despeinado, los anteojos algo torcidos hacia un lado, deteniéndose a observar, con disimulo, a una pareja de turistas suecos de edad madura que leen el mismo libro, sentados sobre una lona azul. Y lo veo y me siento una privilegiada porque estoy viendo al mejor escritor latinoamericano vivo. Roberto Bolaño.
Publicado por cromaticas en 16:33
Vaya, ¿alguien está montando una religión en torno a un Bolaño muerto? Hoy he oído otra vez hablar de él, precisamente sobre “Los inspectores salvajes”, pero fue para decirme que dejó de leer el libro porque no soporta el estilo diario.