
Toda poesía, cuando es verdadera, supone la verbalización, de un modo hermoso y conseguido, de una vibración del espíritu que se produce en el interior del ser. Esto es justamente lo que ocurre en Cuaderno del guardabosque, de Luis Luna (Ediciones Amargord, 2007).
Hay en este libro, articulado en ocho secciones, un entretejido poético a partir de varios hilos, que configuran un territorio en el que el ser y el mundo se manifiestan. El momento de la manifestación, a través de la palabra, crea un espacio intermedio, como aquí ocurre, necesario para que lo poético tenga lugar. Pues cuando algo se manifiesta, sólo entonces se revela o ilumina alguna zona del espíritu que a todos importa, porque nos dignifica y nos humaniza a través de la belleza de la palabra y lo que ella alberga.
Uno de los hilos que advertimos en Cuaderno del guardabosque es un diálogo con toda una tradición, central en la lírica contemporánea, que asume el despojamiento y la esencialidad como manera de decir, como modo de entonar el canto. El propio poeta nos cita algunos nombres de la constelación a la que su obra pertenece, una constelación que va de la mística a Valente o a Edmond Jabès y que pasa por otros nombres no menos significativos de nuestra contemporaneidad poética.
Esta poética de la esencialidad, a la que Luis Luna en esta obra se adscribe, se advierte en la brevedad de los poemas, en la utilización de un lenguaje en voz baja y que nos llega como susurrado, así como en el desarrollo de un arte de la sugerencia, en el que tan importante es lo que la palabra nos dice, como lo que calla, o lo que hemos de adivinar en ella.
Otro de los aspectos altamente llamativos de esta obra es su poder simbolizador, que podemos advertir, por ejemplo, en símbolos e imágenes como: el itinerario al centro del bosque (¿no es el poeta el guardabosque aquí?), el vuelo del pájaro, la caza (que, si de amor, es de altanería), la nieve, o incluso el viento y la piedra.
Varios son los signos en este poemario que nos llevan también a la tradición mística, que advertimos cuando se nos habla de la condición del pájaro (incertidumbre, ligereza, exilio, errancia), cuando aparece la imagen de la caza, o, en fin, en ese hermoso oxímoron de “la dulce quemadura”, que nos evoca el Cántico espiritual. Elementos todos ellos que nos sugieren la búsqueda y el encuentro con lo que más amamos.
En esta búsqueda de la plenitud que es Cuaderno del guardabosque, no falta sin embargo la conciencia de la herida, que podemos descubrir en la utilización de términos y conceptos como: verdugo, miedo, herida, derrota, daño, refugio, caída, despojo…, que nos están hablando asimismo de la presencia de un tono moral en este libro; un tono moral que busca siempre un territorio de purificación y de salvación para el ser, a través de la memoria y de esa fusión o comunión entre el cazador y la presa (nos vamos, de nuevo, al territorio místico).
Hay también un diálogo entre el movimiento (viento) y la quietud (piedra), entre la permanencia y la fugacidad, entre el cierzo y el espino; así como un hilo meditativo sobre el temblor de la hoja, la sed y el temor a saciarse, los árboles desnudos, el tiempo y la espera, la piedra y el centro…
Y es que Cuaderno del guardabosque es un libro de búsquedas, que, a través de la superación de algunos de los dualismos que expresa (cazador / presa, viento /piedra, cierzo / espino…) y de una palabra hermosa y como susurrada, aspira a que nos sea dulce la herida, la quemadura del existir.
José Luis Puerto.
Luis Luna nace en Madrid, en 1975. Licenciado en Filología Hispánica, actualmente realiza el Doctorado en esta especialidad. Está en posesión del Diploma de Estudios Avanzados (DEA). Ha sido galardonado con algunos premios literarios y es colaborador habitual de diversas publicaciones periódicas nacionales e internacionales. Ha participado en encuentros de poesía nacionales e internacionales (Siria, París…) Es miembro de la Red de Arte Joven de la Comunidad de Madrid y delegado en Madrid de AEN (Asociación de Escritores Noveles). Ha trabajado para la Universidad Complutense de Madrid y otras entidades en la organización de eventos culturales. Pertenece al consejo de redacción de la revista de pensamiento y creación ‘silencios‘ y al de Y Latina.

Su obra se desarrolla tanto en gallego como en castellano, y algunos de sus textos han sido traducidos al árabe, al alemán y al inglés. Ha publicado Cuaderno del guardabosque (Amargord, 2007) y junto a Óscar Curieses los poemarios Hidroemas (2000) e Ignicións (2002) en la editorial Acef. Aparece en el libro colectivo Muller de doce sal, y en diversas antologías entre las que destacan Lévedos. Antoloxia de poesía galega en Madrid. ’salida de emergencia’ y Todo es poesía menos la poesía. Actualmente se encuentra preparando la edición de su libro Territorio en penumbra para la editorial Amargord.
Como artista visual ha presentado sus trabajos en espacios como la I Bienal de Arte Contemporáneo Cabo de Gata, Níjar (Almería). Ha organizado más de cincuenta espectáculos escénicos y participado en otros tantos eventos (junto a Concha Jerez, Guadalupe Luceño, Aleksandra Mir, Carlos de Gredos…). Realiza asiduamente performances, videocreación, instalaciones sonoras, etc… Coordina, junto a Francisco Cenamor, los recitales “Solo para locos” en el Bar Dudas.
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