Gonzalo Escarpa ha escrito un libro. Esa es ya una razón para la alegría. Ha escrito un libro para poder leernos sus poemas, para invitarnos a su formar parte de su clan, para dejarnos entrar en su juego. Porque Gonzalo se dedica a jugar con las palabras, a extrañarse con ellas, a insertarlas en una espiral que las mantiene en danza.
Fatiga de materiales es una fiesta a la que no es necesario acudir vestido de etiqueta, más bien resulta imprescindible entrar sin ropa alguna, sin nada que te oprima. Escarpa ha encontrado en Ediciones Trashumantes la colección perfecta para él, la que le permite restar tanta importancia a los poemas que los convierte en desechables, otorgándoles así el principal valor de las palabras, el de ser entregadas, el de ser compartidas.
Porque Gonzalo Escarpa es un poeta generoso, un poeta de manos abiertas, de abrazos en verso. Por eso en su presentación en el Ateneo de Comisiones Obreras, el pasado jueves, supo acercarse tanto como cabía esperar.
Él dice la poesía como lo dice todo, con la poca vergüenza con la que nos permite conocerle en los tres descansillos de su libro. Hay que escucharle para poder leerle, para que así su voz resuene en los poemas y los explique, para ver al poeta dentro de la primera acepción del artificio.
Con tan poco respeto a la poesía, nos hace este regalo inesperado que merece todo nuestro respeto, se merece un paseo descalzo por sus letras que nos van rodeando. Rodéanos. Y nos rodea. Se merece que hagamos aviones de papel con sus páginas para clavarlas en otros corazones.
Él sueña con encontrar un nuevo signo. No sabe todavía que ya lo tiene, que ya lo es.
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Inma Luna
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